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El momento óptimo ¿Cuándo es el momento óptimo para iniciar la escolaridad? No hay reglas respecto a la edad ideal para comenzar la escolaridad. Depende, a veces, de las necesidades familiares y de las diferencias entre los mismos chicos. Suele suceder que a partir de los 2 años, muchos pequeños manifiestan su necesidad de estar con otros chicos, y la plaza ya no alcanza. Otras veces los chicos son muy dependientes, pero la familia sabe que están “en edad de merecer”, que justamente están necesitando un estímulo para madurar emocionalmente y separarse de los papis. Así es como, decisión tomada, comienza el trabajo paciente de la adaptación.
En la adaptación están comprometidas las dos partes: la institución y la familia. Antes del comienzo de las clases, seguramente ustedes habrán tenido una entrevista, una oportunidad para relatar la historia vital de su hijo. La maestra y la directora, al recibirlos, ya saben algo acerca de su pequeño/a. Es importante que los padres acompañen y que los niños no falten a clases durante este proceso, porque se perdería continuidad y se vuelve a empezar este periodo tan difícil para algunos niños (y padres) de cero, porque la adaptación es también conflictiva para los padres, especialmente para las mamás. Ella quiere y no quiere esa separación. Su hijo/a se irá dejando conquistar por otra mujer (la maestra) que a la vez desplegará toda su simpatía y profesionalismo para ganar su afecto. Mamá tendrá que ir comprendiendo que ella y sólo ella seguirá siendo la mamá, pero que es bueno que su hijo se deje cuidar y querer por otros, porque el mundo se ensancha, porque aprende a relacionarse, y porque esto le aporta variados modelos de vínculos. Poder confiar en otros adultos, no competir con ellos, respetar la autoridad de la maestra, serán aspectos esenciales para que un chico transite exitosamente esa etapa. Cada escuela tiene su estilo y su propuesta. Será bueno escucharlas y reconocer que los años de experiencia no son en vano. Claro que si el estilo de adaptación que le proponen no coincide en absoluto con sus criterios, habrá que repensar la elección. Durante la adaptación, los chicos hacen marchas y contramarchas. No es extraño escuchar: “Al tercer día ya se quedó sola lo más contenta” y luego un desilusionado “Al día siguiente lloró como una loca”. Esto se debe a que los chicos se van dando cuenta de a poco de qué se trata. Al principio deslumbra la novedad de una sala repleta de juguetes, sillas a medida y actividad constante. Después, cuando comprueban que esto es todos los días y sin mamá, que además hay que soportar que otros te arrebaten las cosas y además hay que ayudar a guardarlas, ya la cosa es para pensar. Durante esos días mantengan una misma rutina: levántelo a la misma hora cada día y haga algo especial cuando lo levante (por ejemplo, cántele la misma canción para despertarse), mantenga una rutina para el desayuno y en su auto, llegue a horario a la escuela, acuerde con su niño/a una manera de despedirse. No haga despedidas largas, ya que las mismas son muy dolorosas, tanto para los niños como para usted. Dígale que se va a ir. No se esconda o se vaya cuando su hijo/a no lo ven. Pensará que lo está abandonando. Asegúrele que lo ama y que volverá por el/ella. Eso le dará confianza para quedarse. Cumpla sus promesas y llegue a horario a buscarlo/a. Mantenga su palabra en lo que diga tanto con los “premios” como con los “castigos”. El período de adaptación se hace más fácil cuando los niños pueden prever lo que pasará. “Mi mami se irá después de que me dé un abrazo” o “Papi me vendrá a buscar después de la merienda”. De esa manera la ansiedad de la espera disminuirá y el proceso será menos doloroso para todos. De todas maneras, como dicen los cuentos, al final de todo suele “triunfar el bien”, y la mayoría de los chicos en una, dos o como máximo tres semanas, optan por las ventajas y se asumen como escolares. Aun así, la adaptación es un proceso que dura todo el año. No se trata simplemente de aceptar asistir a la escuela y quedarse sin mamá. Adaptado quiere decir participativo, activo, emprendedor, independiente. Habrá que darle tiempo. Tiempo a todo. Porque es posible que los primeros días usted lo acorrale con preguntas: “¿Qué hiciste?, ¿Cómo te fue? ¿Con quién jugaste?” Y él, nada. Mudo, parco, reservado. Espere. Todavía su mundo es nuevo y lo está ordenando dentro de sí mismo. El día menos esperado irán saliendo los relatos. Desordenados, condensados en una sola palabra, o en un dibujo. Y en el medio de ellos una canción, un clásico del jardín: “A guardar a guardar cada cosa en su lugar” o “Clean up, clean up, everybody clean up”... Ese día usted sentirá que tiene un nene grande, que pudo separarse de usted porque se sabe amado y respetado. © |