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Crisis de pareja: ¡Bailar podría ser la solución! Imprimir E-Mail
Escrito por Susana Fernández   
martes, 01 de julio de 2008

Tapa Agosto 2007
El estrés y la rutina pueden desgastar hasta a la pareja más estable. Por eso, una nueva tendencia viene ganando terreno: tomar juntos clases de baile.
Cansados de la rutina matrimonial, sentimos un profundo deseo de hacer algo nuevo. Algo distinto que vaya más allá de ir a comer afuera, al cine o reunirnos en casa de amigos. Con el tiempo, estos programas –que al comienzo se vivían con gozo– pasan a ser “un plomo”, y no por el programa en sí, sino por la falta de ideas creativas a la hora de armar propuestas de a dos. Para revertir esta situación, aparece una nueva tendencia que viene ganando adeptos: baile en parejas, una propuesta que abre nuevos espacios en la relación.

Bebe Labougle, bailarina y directora del estudio que lleva su nombre –una suerte de precursora del baile de parejas amateur en la Argentina– nos cuenta que cuando un matrimonio comienza clases de baile, llega con muchos prejuicios. Por lo general, es la mujer la que insiste en empezar y el marido suele ir como espectador, no sabiendo muy bien para qué está ahí y con ganas de salir corriendo. Suele ocurrir que cuando suena la música, casi de manera incontrolable, los cuerpos empiezan a moverse. Y es ahí cuando surgen las primeras situaciones graciosas, esas que llevan a romper el hielo y a generar un clima distendido. Se pisan entre sí, se enganchan el reloj en el pelo del otro, les cuesta seguir los pasos… Todo esto reflejado en el espejo los lleva a desternillarse de risa.
Entonces todos los alumnos se dan cuenta de que, en realidad, están en la misma y en igualdad de condiciones que el resto. Por lo tanto, se dejan de lado los prejuicios, y aparece el humor y la diversión.

Entrega absoluta
Así, de a poco, la pareja “empieza a jugar a que baila”: se ríen, se divierten, pero en el fondo ya están bailando, porque el baile sublima el juego. Aparece lo estético, surgen las ganas de bailar “bien” siguiendo la música, ya sea rock, vals, salsa o disco. La música, que es el elemento esencial y la que nos vincula con el cuerpo, cumple un papel importantísimo como motor del alma y vehículo de expresión. Hay un trabajo de a dos, tanto el hombre como la mujer deben hacer una entrega mutua.
Por un lado, el varón tiene que romper el prejuicio de que “no está bien visto que el hombre baile”. Si bien se sabe que esta disciplina no es exclusiva de las mujeres, el hombre tiene miedo a quedar en ridículo. El baile genera ese pudor de poner el cuerpo, porque se expone, queda en evidencia y eso, para el común de las personas, abruma. Otro factor importante es que en una clase se ve reflejada nuestra imagen en el espejo, hay una devolución instantánea, y eso inhibe en la mayoría de los casos.
De todas formas, para el hombre, hay un punto a favor muy importante y es que aparece la fuerza y la destreza. Es un enganche interesante, ya que surge algo natural en el varón, que es su rol protector.
El hombre debe cuidar a la mujer. Por ejemplo, cuando se hace un truco (en la jerga de baile se llama trucos a las levantadas) el varón está atento a que su pareja no se caiga y se lastime. Para que salga bien un truco, debe haber, sobre todo, confianza. No importa el peso de la mujer, es cuestión de entrega; de dejar hacer al varón.

Dialogar en movimiento
El baile trae a la pareja frescura y un diálogo nuevo, ya que hay un contacto con el cuerpo desde otro lugar. Uno se centra en la mirada del otro, hay que mirarse y comunicarse para poder bailar, hay que sentir la fuerza del compañero.
Como pareja se vuelve a la magia de las primeras citas, a la seducción mutua.
Lamentablemente, con los años se ha ido perdiendo la costumbre de bailar en pareja, producto de una sociedad globalizada. Se fue dejando de lado el valor del encuentro personal y del intercambio cara a cara. La comunicación, en general, entró en crisis y el baile no hizo más que reflejarlo.
Los varones terminaron bailando por un lado y las mujeres por otro, y la música en vez de ser un medio de comunicación terminó siendo una barrera para no escucharse.
Pero, a pesar de esto, hoy hay una vuelta a lo esencial, al encuentro con uno mismo y con los otros para restablecer el diálogo perdido.©

 
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