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8 Extractos de: La(s) Entrevista(s) del Mes Imprimir E-Mail
Escrito por Carlos Bracuto   
martes, 01 de julio de 2008

León Gieco
Hace ya casi tres años El Suplemento comenzó a publicar una sección que implica un gran esfuerzo editorial, y que cada mes nos acerca a algunos de los personajes argentinos más influyentes en sus diferentes ámbitos de acción. La Entrevista del Mes es una de esas secciones que “da que hablar”, no sólo entre los lectores locales, sino además entre los miles de lectores que desde distintos puntos del planeta entran a nuestra página de Internet cada mes.

Decenas de hombres y mujeres argentinas hablaron extensamente y en exclusiva para nosotros: un sacerdote desde el Círculo Polar Ártico y otro, “tercermundista”, desde las villas de San Francisco Solano. Un médico argentino aportando su conocimiento en un importante hospital de Los Angeles. Una madre que se sobrepuso a su dolor para que la demencia del tránsito en Argentina no siga cobrando víctimas inocentes. Uno de los científicos más brillantes de nuestro país explicando por qué, después de todo, los simios y los hombres no son tan diferentes como se creía...
Periodistas, políticos, artistas, funcionarios públicos, activistas sociales, científicos, sacerdotes y hasta “piantaos piantaos”. Estos son pequeños extractos de algunos de los reportajes realizados con los personajes argentinos que hablaron en exclusiva para El Suplemento en los últimos meses.

León Gieco
Hecho en Argentina de Baguala, Internet y Tango Viejo
Hace ya más de 30 años que llegó a Buenos Aires, pero aún tiene impregnado el “olor” del campo y esa personalidad, a la vez mansa e indómita -de acuerdo a las circunstancias- que se le atribuye al hombre de pueblo. El suyo es un caso extraño: se trata de uno de los popes del llamado Rock Nacional, que, a diferencia del resto, a sus 56 años parece encontrarse en una etapa de esplendor creativo. De hecho, sus últimos discos, particularmente “Bandidos Rurales” y “Por Favor, Perdón y Gracias”, se cuentan entre los mejores de su carrera. Sus caballos se cansarán en otro momento, tal vez. Por ahora, piensa llegar hasta los 82 y seguir tocando, como Don Atahualpa.
¿Cuál fue tu primera impresión de Buenos Aires, cuando con apenas 18 años bajaste de un tren en Retiro?
Mirá, viajé con mi amigo Horacio Fumero, que era además el bajista de Los Moscos, la banda de rock en la que tocaba en Cañada, y llegamos un día de marzo del año 1969. Ahí mismo, apenas al salir de la estación, entendí el verdadero significado de la palabra “rascacielos”: era un día de niebla, y los pisos más altos de los edificios de enfrente se perdían sobre las nubes. Después caminamos hasta llegar a la Plaza de Mayo, en donde nos sentamos, todavía bastante desorientados. Eso que está a la izquierda, decíamos, debe ser el Cabildo, al que habíamos visto en las fotos de la Revista Billiken; y eso de la derecha tiene que ser la Casa Rosada. Pero no lo sabíamos con certeza. Paramos ahí porque esperábamos a que salieran los chicos del Nacional Buenos Aires, quienes nos iban a decir adonde había una pensión en la zona en donde nos pudiésemos quedar.
¿Es verdad entonces, como decís en “Ídolo de los Quemados”, que te instalaste “directamente adonde están los Presidentes”?
Así es; paramos en una pensión de la calle Moreno y Defensa, a un par de cuadras de la Casa de Gobierno. Es que mi viejo, que era alcohólico pero muy sabio, me había dicho un día que yo no tenía que ir a vivir a Ituzaingó: tenía que estar ahí, adonde están los Presidentes. En ese entonces yo no entendía qué me quería decir con eso de que no fuera a vivir a Ituzaingó o a Haedo...
Algunos dicen que el arte, la cultura, la intelectualidad, el debate de ideas existen sólo en las grandes ciudades, o al menos allí se expresan. ¿Estás de acuerdo con esta visión?
No, yo no estoy de acuerdo con eso. Acostumbrado como estoy a viajar por el interior, veo que en cada pueblo al que llego se arma una conferencia de prensa y después un debate, en donde se habla de cultura, de derechos humanos... Lo que sucede es que en Buenos Aires, los principales diarios y los canales de TV sólo le dan importancia a lo que pasa en la Capital, como si lo demás no existiera.
Entrevista publicada en septiembre y octubre 2007

Tapa noviembre 2007
Ricardo Darín
“Prefiero perder jugando bien antes que ganar jugando mal”
Con más de 20 películas en su haber, Ricardo Darín es hoy la referencia obligada del cine argentino, sobre todo luego de sus trabajos en Nueve Reinas, El Hijo de la Novia, Luna de Avellaneda, El Aura y las más recientes XXY y La Señal.
Hoy, el imaginario popular lo ha erigido como emblema de la argentinidad al “no palo”; es decir, todo lo contrario al argentino creído, embustero, frívolo, charlatán y facho.
Hoy que sos un tipo consagrado dentro del cine ¿cómo valorás esos trabajos en novelas de TV en tus épocas de “galancito”?
Lo valoro siempre desde el punto de vista de no arrepentirme de nada de lo que hice; a cada paso que fui dando le adjudico una importancia muy grande, más allá de que el trabajo es algo de lo que uno tiene que estar agradecido siempre, sobre todo en esta profesión, en la que no es fácil tener una continuidad laboral. Pero además, en lo que se refiere al aspecto técnico, la televisión te da un ejercicio del oficio muy grande, muy elevado, y eso te hace perderle miedo a lo que se presente. El actor que se foguea en televisión está acostumbrado a tener muy poco tiempo para resolver; eso, trasladado a otros géneros, te hace perderle miedo a la resolución inmediata, en un espacio reducido. Me parece que como taller, como aprendizaje, la televisión puede ser de gran ayuda, y yo tengo mucho para agradecerle porque en la televisión he tenido muchas experiencias inolvidables.
Se me ocurre que Corbalán, el protagonista de La Señal, y Román, el remisero de Luna de Avellaneda, comparten, cada uno en su época y desde sus muy diferentes ocupaciones, esa resistencia a acomodarse en la mugre que los rodea, a entregarse al pragmatismo que parece llevar el mundo hacia otro lado, un lado que no es el que ellos quisieran ir ¿no es así?
Bueno, es cierto lo que decís, porque en realidad son dos personajes que están muy ajados, decepcionados con la vida que les toca vivir, pero a pesar de eso no bajan los brazos. Nunca lo había pensado, pero ahora que lo mencionás me parece que es así.
¿Podría pensarse el club “Luna de Avellaneda” como una alegoría de la Argentina de los últimos años?
¡Sí, definitivamente! No sólo de Argentina, sino también de muchos otros países de Latinoamérica, que se construyeron a partir de una gran inmigración, y que construyeron sus bases sociales a partir de un núcleo que muchas veces fue un club o una institución artística, por ejemplo. Viajando por Latinoamérica, noté que la repercusión de Luna de Avellaneda estaba directamente relacionada con lo que ha ocurrido en cada uno de esos países a nivel social. En Brasil, por ejemplo, que tiene una construcción social similar a la nuestra, Luna de Avellaneda tuvo un enorme impacto por esto mismo que te digo.
Entrevista publicada en noviembre 2007

Colifatos
Los Colifatos del Borda
“¡Transmite LT 22, Radio La Colifata!”
Daniel López tiene 73 años y vive en el barrio del Abasto de la Ciudad de Buenos Aires. Hugo López no sólo comparte con él su apellido, sino también su misma edad (“somos los dos jovatos de la radio”, dice con entusiasmo), aunque este López es de Avellaneda. Julio Díaz tiene 40 años, alquila un departamento en Caballito y teme que en cualquier momento se corte el subsidio que le otorga el Gobierno de la Ciudad y se quede sin barrio y sin casa.
A los tres los une la psicosis, el sentimiento de desamparo que sufren los “piantaos” como ellos, y la pasión por los sábados a la tarde, cuando se juntan con unos cuantos otros pacientes del Borda para transmitir un nuevo programa de La Colifata.
¿Cómo es la vida adentro del Hospital?
D: Como se puede vivir en un neuropsiquiátrico: a puertas cerradas, con un sistema que te permite salir a visitar a la familia y esas cosas. Los fines de semana yo podía salir, no era una prisión total, y ahora todavía sigo yendo, pero ya no me pesa, porque me curé.
J: Yo te diría que nunca antes había conocido el Borda, pero nunca me imaginé que yo iba a terminar en un infierno así. El problema es que yo sufro de depresión y tuve nueve tentativas de suicidio después de que mi mamá adoptiva falleció en mis brazos. Como que se me juntaron un montón de cosas que en ese momento no podía superar...
¿Y de qué manera los ayuda La Colifata a superar las crisis, los malos momentos?
H: Cuando uno está mal mentalmente, pierde la coordinación, no puede coordinar entre las órdenes que manda el cerebro y los movimientos, los actos de uno. Entonces en La Colifata aprendí a hablar a través de un micrófono, volví a hablar nuevamente, empecé a cantar... y todo eso es muy curativo. La Colifata nos ayuda a sobrellevar esta crisis. Marisa Wagner, una poetisa que estuvo internada en un neuropsiquiátrico, en uno de sus libros dice: “El manicomio estatal está lleno de locos pobres y de pobres locos. La pobreza enloquece y la locura empobrece...”
Difícil escaparle a las dos, ¿no?
H: Es que a veces de la locura se sale, pero después tenés que ver cómo salir de la pobreza...
Entrevista publicada en marzo 2008

Jorge Lanata
Jorge Lanata
“Si fuera por la gente, hoy cerrarían el Congreso y pondrían un Mc Donalds”
Jorge Lanata se desempeñó como director periodístico de Página 12 hasta comienzos del 2004. Antes había trabajado ya en diversos programas de radio; poco después del regreso de la Democracia, se desempeñó como jefe de redacción del mensuario El Porteño y fue colaborador de revistas como El Periodista y Humor.
Escribió libros, volvió a la radio y se largó a la televisión, allí donde “la importancia de la forma, a veces supera el contenido” y en donde incorporó “elementos de show a lo periodístico”.
¿Quiénes fueron tus modelos de periodista?
Mirá, yo por una cuestión generacional no pude trabajar con quienes tendrían que haber sido mis maestros, porque durante la dictadura ellos no estaban acá o estaban muertos. Yo tuve la suerte de montar un diario siendo muy chico –tenía 26 años cuando hice Página/12- y me pude dar el lujo de trabajar con gente que yo admiraba y leía de chico: el Gordo Soriano, Galeano, Gelman... un montón. Hay toda una generación y media que no ha tenido maestros directos.
Había en ese momento de la “Primavera Democrática” un nicho con un potencial muy importante que nadie estaba ocupando, al menos desde un periódico, que era el espacio “progresista”, el de presentar la noticia de una manera diferente, con mucha opinión, títulos originales... ¿Se inspiraron en algún modelo de periódico en particular?
Sí, algunas cosas, como el layout, eso de jugarnos con una foto grande, un título grande y coloquial, las sacamos de Libération, el diario francés. Nosotros le agregamos el humor, esa complicidad con el lector que Libération no tenía. Después, del italiano Il Manifesto sacamos lo de los números de tapa, el índice... y lo demás lo inventamos nosotros.
¿Qué queda hoy de la esencia del Página/12 que vos desarrollaste?
Nada. Muy poco. Me da bastante tristeza ver a Página hoy, porque nosotros cuando salimos en el año 87 vendíamos entre 26 y 32 mil diarios, y llegamos en el quinto año a vender 100 mil ejemplares -102 mil, un domingo, cuando regalamos el primer libro. Hoy el diario vende menos de 10 mil ejemplares. Lo que pasa es que quedó muy pegado al Gobierno, y se ha transformado en una especie de boletín oficial medio patético y eso también tiene un costo.
Entrevista publicada en agosto 2007

Tapa marzo 2006
Fileteadores Porteños
“Cambio Suegra por Yarará: Pago la diferencia”
En nuestro número especial dedicado al Fileteado Porteño, La(s) Entrevista(s) del Mes se las realizamos a tres artistas que hemos seleccionado por ser de distinta extracción y enfocar su trabajo en diferentes áreas. Esto nos ha permitido recoger distintas visiones e indagar con ellos en el espectro más amplio posible en el pasado y presente del fileteado.

Ricardo Gómez
El gran “Troesma”

Gloria viviente del fileteado porteño, Ricardo Gómez es uno de los últimos grandes maestros fileteadores de carros y camiones. Desde su humilde taller en Mataderos, Don Ricardo sigue dándole al pincel y formando a los jóvenes estudiantes en el estilo más puro de lo que él llama “Tango, Mate y Filete”.
¿Cómo se trabajaba con el carro cuando usted comenzó a filetear?
En esa época se podía estacionar el carro en la calle, ponía la Spika –vos no la conociste, pero era una radio a transistores que se usaba en esa época- y ahí me ponía a filetear. Una vez que se prohibió la tracción a sangre en la ciudad, nos fuimos a las fábricas de carrocerías, y luego a las de colectivos.
Me imagino que debe haber sido un cambio importante de un medio a otro, no sólo por el sustrato sino porque debe haber cambiado también la forma de trabajar, ya que el colectivo estaba la mayor parte del tiempo en la calle y uno no contaba con mucho tiempo como para agarrarlo en el taller...
Claro, eso es lo que no entienden los fileteadores modernos. Uno no puede hacer un filete de carro en un colectivo, hay que transformarlo. Porque además el carro tiene una calidez que ni el colectivo ni el camión tienen.
¿Cuál es la relación del filete con el tango?
El tango y el filete nacieron juntos. Tango, mate y filete. La pintura de carros empezó en la zona del Bajo, en donde el tango estaba siempre presente. El tango es como el filete, una pasión.

Alfredo Genovese
Porque la ciudad necesitaba fileteado
Alfredo Genovese, renovador del género en cuanto a su utilización en ámbitos hasta aquí inexplorados por este tipo de artistas, es, como dijimos, uno de los impulsores de este renacer del fileteado porteño en Buenos Aires. También es fundamental su aporte como autor de los libros Tratado de Fileteado Porteño (2003) y Fileteado Porteño (2005). Además de enseñar el arte y oficio del filete en su estudio de La Paternal, Genovese es docente en el Centro Cultural Ricardo Rojas, de Buenos Aires.
Vos abriste una veta incorporando el arte del fileteado a la publicidad y espacios en los que el filete nunca había penetrado, como marcas de ropa, de electrónica como aquel famoso mega-cartel de Aiwa (“Porque la ciudad necesitaba música”) que se exhibió frente al obelisco, e incluso la pintura corporal...
Yo tuve suerte de tener una formación un poco más teórica, más allá de pintar. Cuando me di cuenta de que no había nada hecho en esto con el fileteado me puse a investigar el tema, me fascinó todo lo que fui encontrando, y me fascinó después dedicarme a la docencia, que era algo que antes mucho no se hacía. Lo de la publicidad no se había planteado y me tocó a mí hacerlo.
Me resulta curioso que el filete, como arte manual, es lo opuesto a lo que es el arte computarizado, serial, que había llegado como lo nuevo, la modernidad, el futuro...
Es interesante, porque yo empecé como letrista, y me encontré con que tenía dos caminos: comprarme un “plotter” para producir más letras o dar un paso atrás y dedicarme al filete, que en ese entonces estaba un poco en pañales. Así que decidí lanzarme al fileteado y realmente me fue muy bien. No aposté a lo seguro y se me abrieron un montón de puertas, porque todavía era un terreno bastante virgen.

Freddy Fernández
Un militante del Pincel

Freddy Fernández es uno de los fileteadores más jóvenes y por lejos el más activo a nivel social, habiendo llevado este arte a las fábricas recuperadas, gremios alternativos, escuelas, y centros culturales. Autor además de varios murales y fundador del grupo Los fileteadores del conurbano, Freddy es uno de los que trabajan duro por “recuperar el oficio”. Enseña fileteado –por supuesto, a precios populares- en su taller de San Telmo.
A pesar de que al filete se lo presenta como un arte u oficio típico de la ciudad de Buenos Aires -de hecho el título oficial es Fileteado Porteño- vos creaste el grupo “Los Fileteadores del Conurbano”...
Claro, porque cuando uno lo llama fileteado porteño lo encasilla como algo propio de la ciudad, y el fileteado nació con las carrocerías, y las carrocerías no se hacían sólo en Capital, se hacían también en la provincia, en lugares como San Fernando, en Carupá, en Quilmes, aunque quizás no hayan quedado demasiados registros de todo eso. Incluso se hizo también en el interior, porque cuando aquí se prohibió la tracción a sangre, el filete trascendió en el interior y por eso nace el filete gauchesco. En septiembre se hace una peregrinación de gauchos a Luján y todos los carros van fileteados.
¿Qué camino tendría que abrir el nuevo fileteador para evolucionar con el género?
Habría que buscar nuevos soportes. Creo que el desafío de los nuevos fileteadores es crear nuevos ambientes para que el filete trascienda, así como Jorge Muscia o Martiniano Arce trascendieron en los salones y galerías de arte, también habría que buscar soportes nuevos, como podrían ser los puestos de diarios, que tienen esa personalidad ciudadana y uso cotidiano. Me parece un lindo espacio en donde plasmar toda la mitología del filete.
Entrevistas publicadas en marzo 2006

Fernando Pino Solanas
Fernando Pino Solanas
“Un cine que golpea y emociona e incita a la reflexión”
Desde el comienzo mismo de su carrera, Pino Solanas edificó su fama de “rompe moldes”; a lo largo de sus más de cuatro décadas de trabajo, este director nacido en la ciudad de Olivos, Buenos Aires, se dedicó a fusionar géneros, a rescatar la identidad nacional del cine, a incursionar en lo testimonial sin perder de vista la belleza de la imagen. Con la sensibilidad de un poeta, ha sabido como pocos penetrar en la sordidez de las miserias sociales para rescatar valores humanos en donde otros ni siquiera se han vuelto a mirar.
Con casi cuatro décadas de distancia entre unos y otros, ¿qué conexión encontrás hoy entre los protagonistas de la resistencia social de “La Hora de los Hornos” y los de “La Dignidad de los Nadies”?
Bueno, los hechos que se sucedieron durante la crisis de 2001 y 2002 me sacaron a la calle para filmar todo lo que estaba pasando, y así tomé conciencia que era bueno hacer memoria contra el olvido y dar respuestas sobre lo que sucedía. Mucha gente, sobre todo los jóvenes, no entendían lo que estaba pasando, cómo un país tan rico podía estar sufriendo una crisis de desnutrición y de hambre como la que se estaba dando. Todo eso me llevó a darme cuenta de que era el momento de retomar lo que había iniciado 35 años antes con “La hora de los hornos”. Entonces retomé aquel modelo de cine-ensayo, dividido en capítulos, un cine que golpea y emociona e incita a la reflexión. Esa dialéctica entre la emoción, el drama y la reflexión me llevó a montar unas cinco o seis veces a “Memoria del saqueo”, no sólo para hacer una síntesis sino también para encontrarle el equilibrio. “La Dignidad de los nadies” es una película distinta, son cuentos, ya no es un análisis aunque hay tres crónicas que van relatando los acontecimientos históricos, es una sucesión de cuentos, historias reales contadas por sus protagonistas. En esos cuentos utilizo todo tipo de procedimientos: no se puede hablar de documental, sino de cine de fusión. No sabés adonde comienza la ficción y adonde el cuento, la puesta en escena.
¿Tenías idea en su momento que “La Hora...” iba a resultar un film tan emblemático del cine de la liberación, tan simbólico de lo que terminó siendo “el Tercer Cine”?
No, La Hora de los Hornos fue un ensayo, un cine de investigación que tenía como objetivo exponer un tema, como lo hace un ensayo sociológico, económico o político, que plantea un tema y lo analiza.
Hace unos años fundaste el MORENO con la intención de propulsar la recuperación de los recursos energéticos nacionales y alertar sobre el vaciamiento que en este caso se viene dando en Argentina. ¿Por qué, en un país saqueado por todos los rincones, vos elegiste enfocarte particularmente en los recursos naturales?
Porque los recursos genuinos con que cuentan los pueblos para fomentar su independencia, su desarrollo, su bienestar, son los recursos minerales, petroleros, sus mares y sus tierras. Y fijate vos que en la Argentina los recursos petroleros y mineros han sido concesionados y el país recibe poco y nada. En toda América Latina es el país que recibe menos regalías por petróleo, y como si fuera poco, todo esto se realiza con métodos de saqueo por parte de los privados y de abandono por parte del Estado. El Estado no controla la extracción, o sea que no sabe cuántos recursos extraen las compañías petroleras y mineras. Estas corporaciones hacen una declaración jurada cada mes en las que declaran cuánto se llevaron. ¡Esto es un escándalo inadmisible! ¡Cómo si vos dejaras entrar a la gente a retirar dinero de los bancos públicos y a fin de mes les pidas una declaración jurada para que te digan cuánto se llevaron!
Entrevista publicada en noviembre 2006

Silvio Velo, Oscar Moreno y Eduardo Díaz
Los Murciélagos
(Selección Nacional de Fútbol para Ciegos)
“La pelota no se ve, pero se siente”
Desde una punta del enorme predio del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) se escuchan los pelotazos. Tres de los mejores jugadores del mundo terminan la práctica y caminan hacia el bar en donde se encuentran con nosotros para hablar de fútbol. No son Riquelme, Sorín y Crespo: éstos son campeones del mundo. Y son ciegos.
Silvio Velo, Oscar Moreno y Eduardo Díaz juegan en Los Murciélagos, la Selección Nacional de fútbol para ciegos. El equipo que hoy dirige Gonzalo Vilariño trajo la medalla de plata de los Paralímpicos Atenas 2004 y ganó el Mundial Brasil 2002, superando en la final al equipo anfitrión.
Muy lejos de aquellos tristes, sonámbulos ciegos de Baudelaire que “acuchillan el aire con miradas de sombra”, estos chicos argentinos, expertos en la ecolocación de balones de fútbol, te dan vuelta con una broma tras otra, como burlándose de tus torpes cuidados por no sonar cruel o irrespetuoso con alguna de tus preguntas. “¿Qué buscan en el aire esos ciegos?”, se pregunta Baudelaire. Aquellos no sé, don Charles, pero éstos buscan esa redonda de cuero que al caer bajan con el pecho como si la estuvieran viendo, la pisan, la cambian de punta a punta con un chanfle experto y en cuanto el rival se descuida, la clavan en un ángulo del arco contrario con una imposible volea de derecha que nos deja mudos a todos.
¿Cuándo comienzan a identificarse con el nombre “Los Murciélagos”?
OM- Desde el 2002. Estábamos de viaje por San Pablo, en Brasil, justo en el momento en el que se promocionaba a Las Leonas, Las Panteras, etc., y nos dijimos: ¿nosotros que hacemos sin nombre en este zoológico? Y ahí se le prendió la lamparita a Silvio...
SV- Una de las pocas veces... Tampoco nos vamos a agrandar.
A uno le resulta difícil entender cómo es que pueden patear una pelota que no ven; sin embargo, el nombre del equipo aporta ya algunas pistas...
SV- Sí, es que la primera variante que se incluyó en este fútbol sala para ciegos con respecto al convencional es la pelota: la que usamos nosotros cuenta con cuatro cápsulas con municiones que están ubicadas entre el cuero y la cámara; al rodar produce el sonido y así la podemos seguir.
Una vez con la pelota en los pies, ¿cómo ubican a sus compañeros de equipo para hacer un pase?
OM- Por el oído, también; éste es un fútbol totalmente auditivo en el que estás en contacto permanente con tus compañeros.
SV- Así como te escuchamos a vos haciendo las preguntas, ubicamos a nuestros compañeros para pasarles la pelota.
OM- Además, el arquero es el único que ve, así que él va guiándonos sobre como está parado cada uno en la cancha. Nos ha tocado jugar contra un equipo de La Plata en el que había un chico que tenía problemas auditivos; él jugaba porque le encantaba el fútbol, pero por ahí le pasaba la pelota por al lado y él no la escuchaba, así que se le complicaba mucho.
Veo que tienen que estar absolutamente concentrados, porque al mismo tiempo que escuchan los movimientos de la pelota, tienen que escuchar los pasos de sus compañeros, al arquero dando indicaciones y al guía detrás del arco contrario...
SV- Claro, pero para nosotros es algo natural, ya que todo el tiempo tenemos que estar atentos.
OM- Fijate que acá, cuando entrenamos en el CENARD, tenemos todo tipo de ruidos: pasan los aviones (NdelA: el CENARD está ubicado en las cercanías del Aeroparque Jorge Newbery, detrás del Estadio Monumental), tenés el polígono de tiro acá atrás, tenés esos tractores trabajando acá enfrente, la avenida Lugones... y nosotros lo único que escuchamos es lo que tiene que ver con el fútbol.
Entrevista publicada en septiembre 2006

Tapa Agosto 2005
Cristina Fernández de Kirchner
Argentina, ¿Paraíso para inversores?
“Lo que te pido es que no hablemos de política, porque de la política ya estoy hasta acá…” dice Cristina tocándose la frente y levantando los párpados cargadísimos de pintura. Pienso que esta debe ser su no tan sutil manera de dejar en claro que ante la menor referencia a cierto tema prohibido nos quedamos sin entrevista.
Quien asegura estar harta de la política era por entonces senadora nacional, candidata en campaña y esposa del presidente de la Nación. ¿De qué otra cosa podríamos hablar? Acosada entre nuestro micrófono y decenas de compatriotas que acaban de participar del tradicional besamanos e intentan ahora acercarse para escuchar lo que dice “la senadora más linda del mundo” tal como la describió el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, comienza dejando en claro que su visita a Los Angeles no se debe a razones políticas:
“Vine acá porque el año pasado, cuando fui a la Universidad de Berkeley para dar una conferencia en San Francisco, Luis (Kreckler, cónsul argentino en Los Angeles) me adelantó que iban a hacer esta muestra sobre Evita y me pidió que viniese, porque mi presencia le daría más peso, más entidad y, además, tratándose de Evita, ni lo dudé.
Después se extenderá sobre los logros del actual gobierno en materia de derechos humanos y renegociación de la deuda, y no dejará pasar la oportunidad para diferenciarse del menemismo, al que acusa de hundir el país durante la década de los '90.
Ahora el gran desafío, asegura, es construir éxitos colectivos para volver a sentirnos orgullosos de ser argentinos. “Los argentinos somos muy talentosos, pero nos pasa algo: funcionamos muy bien individualmente, pero parece que todavía no hemos aprendido a funcionar colectivamente”.
El Cónsul espera paciente a un costado, pero el círculo de admiradores se va cerrando a nuestro alrededor.
“¿Viste?” dice Cristina dando unos pasos hacia atrás mientras se apresta a posar para la enésima foto, esta vez junto a un señor mayor de impecable traje gris. “Al final terminamos hablando de política”. El señor no sabe bien a qué se refiere, pero lo mismo le festeja la ocurrencia con una carcajada forzada.
Entrevista publicada en agosto 2005 ©

 
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