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Sopla el ciclón, vuelan los cuervos, cantan los santos Corría el año 1908 cuando un grupo de muchachos porteños, miembros de una liga de fútbol fundada por los ingleses (la AFA no existía todavía), se acercaron a un cura de nombre Lorenzo Mazza pidiéndole permiso para usar el campo de la iglesia como cancha. El padre accedió, con la condición de que los muchachos asistieran a misa. Hubo acuerdo y “Los Forzosos de Almagro”, como se hacían llamar, tuvieron un mentor. Camisetas, botines, pelotas, cosas casi inaccesibles para la juventud de esa época y un consejero espiritual.
El primero de abril del mismo año, el grupo anunció que el club se llamaría San Lorenzo de Almagro; el cura se opuso, pero perdió. El club se llamó San Lorenzo no por el santo que está en los libros de la Iglesia, sino por el padre Lorenzo. Ese día los reos de Boedo canonizaron al padre Mazza sin esperar la aprobación del Vaticano. El apodo “El ciclón” fue el primero de los tres y se debió a que el San Lorenzo de entonces era pura garra, bajo el mando de “doble ancho” Monti. Poco después comenzaron a dedicarse al juego fino con la compra de dos hermanos brasileños que la gastaban: Waldemar y Petronilo Do Britos. En 1942 apareció en el firmamento del fútbol argentino una constelación sensacional: “La Máquina” de River, con una delantera formada por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau; ese año River fue campeón absoluto, con una sola mancha. San Lorenzo acababa de comprar en España a dos vascos llamados Angel Zubieta e Isidro Lángara y debutaron en el Gasómetro frente a la invencible “Máquina” de River. Ganó San Lorenzo 4 a 2 con cuatro goles de Isidro Lángara. Inmediatamente, muchos españoles de Argentina se hicieron socios de San Lorenzo. Mientras la máquina envejecía, San Lorenzo compró en 1945 a dos grandes delanteros: Farro, de Banfield y Rinaldo “Mamucho” Martino, de Belgrano de Rosario. Poco antes de comenzar la temporada ’46, las tapas de los periódicos anunciaban la compra más alta en la historia del fútbol: San Lorenzo pagó $100 mil por la transferencia de Rene Pontoni, de Newels Old Boys. Fue la apoteosis para el club. El paraíso del fútbol, donde el gol no vale si no se hace de taquito, de rabona o de caño. Estos tipos parecían burlarse del adversario. Si en ese tiempo se hubiera usado el “ole”, lo hubieran gastado. A raíz de la belleza de su juego, este equipo fue invitado a jugar en Europa, en donde barrió con todos, perdiendo un solo partido, contra el Real Madrid, por 4 a 3. De allí cruzaron la frontera con Portugal y le ganaron 10 a 0 al seleccionado nacional lusitano, que se estaba preparando para el mundial del 50. Sin embargo, no les faltaron sus detractores. Los diarios decían: “Juegan lindo pero no hacen goles”. Pontoni respondía que: “Nosotros no jugamos para hacer goles, jugamos para jugar, el gol cae como una pera madura”. ¡Que linda filosofía! En los 60 se produjo la huelga de agremiados y San Lorenzo subió a toda su tercera con los famosos “Carasucias”, de la mano del veterano “Coco” Ross. Los pibes “Araña” Telch, “Nano” Arean, “El loco” Doval, “El bambino” Veira y Casa, nos reconciliaron con el fútbol de salón. Casa tenía una zurda de velcro, aunque con un defecto: era un “morfón”. Sin embargo, verlo gambetear valía el precio de la entrada. Recientemente, San Lorenzo tuvo varias temporadas exitosas, entre las que se destaca aquella con el técnico chileno Manuel Pellegrini al mando, con quien ganó el campeonato local y dos copas internacionales. Hace días apenas, el Ciclón de Ramón Díaz fue eliminado de la Copa Libertadores, la que pretendía ganar para celebrar un Centenario “redondo”.© |