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ARGENTINA 2010: PROBLEMAS COMPLEJOS Imprimir E-Mail
Escrito por Walter Kaderabek   
miércoles, 30 de abril de 2008
De pronto, el campo encendió las ganas de protestar otra vez con la modalidad del cacerolazo. Habitantes de los barrios más acomodados de la ciudad se expresaron con el ruido característico, encontrándose en Plaza de Mayo o algunas intersecciones de avenidas importantes de la Ciudad de Buenos Aires. Alarma en el gobierno nacional y una oportunidad para aprovechar la movida seudo espontánea, por parte de los grupos más reaccionarios de la derecha y la izquierda, esos mismos que suelen perder en las elecciones y ganar en las desestabilizaciones. Seguramente, muchos de los ciudadanos que sumaron su apoyo a los reclamos del campo, lo hicieron desde un estado de disconformidad (entendible) con otros aspectos que no son las retenciones, menos aún la concentración de la tierra, ni la rentabilidad de los grandes o pequeños productores.
Los medios audiovisuales son los que habitualmente marcan el termómetro del ánimo de la gente. Pero no es cualquier gente. Se trata de aquellas personas susceptibles de ser televisadas por las cadenas de noticias durante las 24 horas. La “realidad” aparece sólo hasta donde las cámaras lleguen. Así pudo verse a porteños y bonaerenses de distritos limítrofes con la Capital, aunque poco se supo de las reacciones en La Matanza, Quilmes, Escobar, Mercedes, Merlo, Esteban Echeverría o Moreno.
En el siguiente capítulo, la expectativa generada previo al discurso de Cristina Fernández de Kirchner era grande. El ámbito, la tribuna partidaria de Parque Norte, hacía pensar que un tono conciliador sería difícil de sostener, entre tanto militante, piquetero y grupos afines al gobierno. Sin embargo, la Presidenta pidió calma varias veces, explicó diferencias entre producción sojera y producción de trigo, maíz, lechera o de carne e invitó a dialogar sin que ello signifique condicionamientos a la administración. Luego vino el acto de apoyo en la Plaza de Mayo, hoy día tan peronista como kirchnerista.
Nuestro país no conoció muchos presidentes que reconozcan públicamente sus excesos o errores. Tampoco se vio gobiernos débiles que produzcan cambios trascendentes en la vida nacional. Entonces, conviene ser realistas al respecto.
Cristina Fernández de Kirchner y sus colaboradores deben advertir rápido que una parte importante de la población exige y exigirá más en todos los ámbitos. Por ello se hace notar toda vez que se presentan ocasiones como las del 25 de marzo pasado. Nada tiene que ver eso con el conflicto del campo.
Al mismo tiempo, los analistas poco dicen de la dirigencia empresaria frente a los desafíos como el conflicto agrícola ganadero, pero lo cierto es que la extensión de la protesta de pequeños productores en muchos pueblos del país mostró que, en cierta manera, la crisis de representatividad alcanza a las entidades rurales también. Encendieron el fuego del orgullo del campo y en muchos casos no tienen llegada suficiente para apagarlo. No lo manejan.
¿Cómo se llega a un comité ejecutivo de una entidad empresaria? ¿Quiénes y cómo deciden qué es un buen acuerdo y qué es insuficiente para su sector en cada negociación?
Generalmente, las cúpulas de varias entidades están constituidas por criterios territoriales, sectoriales y de peso económico o volumen de producción. Pero las decisiones de la mesa chica están fuertemente controladas por los grupos corporativos más grandes. También los gobiernos de turno aprueban o desaprueban la permanencia de dirigentes en cada comité ejecutivo.
Pero esta administración ha tenido un incipiente vínculo con el sector industrial y muy poca fluidez en el diálogo con el campo. No hay antinomia. Lo que hay es desafíos entre los propios empresarios cuya segmentación pasa más por la escala de producción, su capacidad financiera, exportadora, tecnificación e innovación productiva que por los sectores de cada rama productiva. El porcentaje de retención que puede resultar aceptable para un grupo de determinada solidez financiera (léase: grandes jugadores de la producción sojera o frigoríficos de origen extranjero) no lo es para otros grupos como pequeños productores o cooperativas lecheras. Tampoco todos los campos valen lo mismo, claro.
Lo que ya no tiene discusión es que, como nunca en la Argentina, durante más de 5 años crecieron todos; desde los sectores productivos de la agroindustria pasando por textiles, plásticos, software, automotriz y de metalmecánica. Entonces, hablar del conflicto entre el campo y el gobierno nacional requiere un equilibrio que ponga en contexto las deficiencias de todas las partes.
Veamos el ejemplo cercano: Los reclamos de pequeños chacareros de algunas provincias en las que hubo cortes de rutas, no están lejos del problema de muchos vecinos de Caballito. ¿Por qué? Porque tanto el gobierno de Mauricio Macri en Capital como el de CFK en la Nación carecieron de una debida segmentación. Los primeros con la valuación de los impuestos (ABL) cobrados a vecinos de ingresos bajos como si fueran propietarios de semipisos de categoría. Un error, por generalizar medidas que las autoridades tuvieron que rectificar posteriormente. Los segundos, con las retenciones sin diferenciación respecto de la escala de producción y el valor de arrendamiento de cada campo. Un error, por haber querido aplicar medidas generales cuando se precisaba de análisis específicos en varios niveles. A mayor segmentación, mayor justicia en la aplicación de las políticas públicas. Sobre todo cuando son de carácter fiscal.
Así las cosas, muchos actores económicos y sociales quedan en el medio de una fuerte puja distributiva que mantienen los ganadores (coyunturales) del comercio internacional y el Gobierno. Como nuestra sociedad, el campo tiene dueños, empresarios, productores, inversores, trabajadores, explotadores, explotados y saqueadores. Hoy más del 60% de las explotaciones del campo son arrendadas. Cada vez hay que entregar más parte de la producción para pagar el arrendamiento. Si un pool de siembra visita a un tambero y le dice “le pago por el alquiler de su tierra, tantos quintales de cereal” y el tambero hace cálculos sobre lo que le rinde tener vacas lecheras, verá que le conviene más enviar las vacas derecho al matadero, alquilar y así ganar más. Se convierte en un rentista.
El precio que tiene la tierra sale de la renta potencial, es decir, del valor que se puede sacar por la mercadería que se explota de esa tierra. En nuestro país hay campos que hoy valen diez veces más de lo que valían hace una década. Eso es una acumulación de patrimonio, sin generación de mano de obra ni de valor agregado alguno.
Mucho se habla entre los economistas sobre la necesidad de mejorar la distribución del ingreso. Lo que no explican es del ingreso de quién o quiénes están hablando. En economía, distribuir es sacarles a unos para darles a otros. Eso genera grandes fricciones. Las estamos viendo. Por cuestiones de espacio, entre otras cosas, la opinión pública y los medios de comunicación basan sus contenidos en meras generalidades. Pero esta Argentina (rumbo al Bicentenario) requiere especificidades.
Ni la dirigencia, ni la opinión pública, como así tampoco los medios de comunicación, están preparados y acostumbrados a tratar problemas complejos. Todo se simplifica, con lo cual se pierde capacidad de identificar el núcleo de cada problema. Simplificar, por ejemplo, implica preguntarle a un ciudadano si apoya al campo o al gobierno. Burda falacia en la comunicación y (en consecuencia) grosera mentira en la respuesta, más allá de la inclinación que tenga el interrogado. Porque la bronca del hombre urbano y suburbano está centrada en aspectos que llevará muchos años de gestión encaminar: la falta de seguridad en las calles, el aumento de precios de productos básicos de la canasta familiar, la lentitud del sistema judicial, la incoherencia de sueldos desproporcionados entre profesionales calificados mal pagos y sectores de trabajadores beneficiados por sindicatos fuertes de la política actual... El listado sigue y es el detalle fino de lo que dejó la crisis de 2001 y sus previos 30 años de incubación.
Salimos del infierno pero aún sentimos su calor. Ahora el crecimiento demanda desarrollo y el desarrollo, resolver problemas complejos. ®
 
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