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Uno de los grandes “mariscales” del fútbol argentino, Roberto Alfredo Perfumo, nació el 3 de octubre de 1942 en Sarandí, Provincia de Buenos Aires. Perfumo comenzó a tener contacto con el fútbol amateur en 1957 en el equipo "Pulqui" de su barrio. Luego se fue a probar a River Plate, donde comenzó en la quinta división. Sin embargo, Renato Cesarini, que en ese entonces conduce a las inferiores de River, no lo ve, no le hace caso, deja que se vaya a Racing, seguramente porque no le gusta el físico de ese joven, cerca de 1,80m de estatura, pero en ese momento muy delgado, hasta con piernas combadas. En Racing, Duchini, quien era el técnico de inferiores, lo integra a la tercera del club. Ahí están ya Alfio Basile y Agustín Cejas.
Comienza a jugar de titular, en una gira que Racing realiza en el verano de 1964 por varios países del Pacifico; el técnico Néstor Rossi lo ubica de segundo zaguero central. De regreso a Buenos Aires, sigue en primera y juega en el campeonato oficial. Allí convive con su ídolo, Sacchi, además de Menotti, Pastoriza y Sánchez. Pero el crack todavía no aparece. Hasta que a fines de 1965, Juan José Pizzuti llega a Racing y le da forma a un nuevo equipo. Entre otras variantes, intenta una que será decisiva en el futuro de Perfumo: lo coloca de numero 2. El técnico le dice: “Usted va a ser el mejor 2 de la Argentina”. Perfumo contesta: “No es posible, no me gusta la posición”. Pero ahí se queda, de 2. Ese 1966, le da la razón al técnico. Con la consagración de Racing como el mejor equipo del año, llega otra ratificación del parecer de Pizzuti: Perfumo es convocado a la Selección Argentina que va a concurrir al Mundial de Inglaterra. En la carrera de Perfumo hay varias páginas de gloria; entre ellas, los campeonatos internacionales con Racing y su paso por River Plate. Estadio Nacional de Santiago de Chile: Racing y Nacional juegan el desempate de la copa Libertadores de 1967. Los argentinos están ganando 2-1, pero los uruguayos tienen a Racing en un arco. Ataque tras ataque, cada uno de ellos más y más profundo, más fuerte. Los argentinos hacen tiempo, pero no hay argucias que valgan; ahí están los jugadores orientales, con toda la tremenda carga de la historia detrás suyo, jugándose a muerte por ese empate que está al caer, porque Racing ya no da más. Entonces, la figura de Roberto Perfumo se agranda. Una, dos, tres, cien veces frena la ofensiva de Nacional. De abajo, de arriba, cruzándose a las puntas, saliendo a enfrentar en un 2-1 en contra. Poniendo las piernas, el cuerpo, la cabeza, el pecho. Ya es Perfumo contra todo Nacional. Y cuando termina el partido y Racing se consagra campeón de América, en el abrazo a Perfumo, todos sus compañeros sintetizan su reconocimiento. Después viene la final del mundo contra el Celtic de Glasgow, en octubre de 1967, en Escocia. Racing pierde 1-0 y Perfumo, otra vez columna impasable, convierte en derrota digna lo que pudo ser goleada. El reto continúa en Avellaneda (victoria de Racing por 2-1 que obliga a un desempate y culmina en Montevideo), donde un impresionante zurdazo de Cárdenas pone el 1-0 que es definitivo, porque Perfumo, otra vez, saca, juega, manda, grita, ordena, impone presencia, aplasta con su personalidad, irradia esa fe enorme. Con la Selección Nacional de Argentina disputó los Juegos Olímpicos de Tokio 64 y estuvo presente en dos ediciones de la fase final de la Copa del Mundo (Inglaterra 66 y Alemania 74), pero coincidió con una de las mayores crisis en la historia del combinado argentino, por lo que sus logros como internacional fueron escasos. Pero para Perfumo, Inglaterra 1966 fue la consagración absoluta. Con 23 años se plantó frente a españoles de la talla de De Sol, Luis Suárez y Francisco Gento; alemanes como Haller, Seler, Beckenbauer; ingleses de la estatura de Bobby Charlton, Alan Ball, Hurst, Hunt. Pasó el examen sin mengua alguna. Volvió a Buenos Aires, ya convertido en crack sin discusiones. En 1970, aunque idolatrado por la hinchada de Racing y ganador del respeto de todos los rivales, Perfumo tiene un conflicto con el club, que pretende rebajarle el sueldo, y deja de jugar. La entidad lo suspende. En 1971 River y Boca se interesan por su pase, pero es el Cruzeiro de Brasil quien compra su pase por una cifra descomunal para la época. Son dos años de triunfos durante los cuales uno de sus mayores orgullos fueron los enfrentamientos con el Santos, su duelo personal con Pelé. Nunca perdió con “la perla negra”. Muchas veces se repartieron méritos; otras, Pelé debió rendirse ante la valla infranqueable de Perfumo. Tenía deseos de regresar al país, y River (conducido por Ángel Labruna) estaba armando el equipo que le daría el titulo que buscaba desde hacía 18 años. En 1975 Perfumo vuelve al club que lo vio dar sus primeros pasos. Allí no sólo consiguió el título, sino que fue bicampeón. Con el tiempo conformaría junto a Daniel Passarella una de las duplas centrales más importantes de la historia del fútbol argentino y, sin dudas, la mejor en la historia del club millonario. Su retiro definitivo se produce en 1978, cerrando así una exitosa carrera de la cual el fútbol argentino está orgulloso. “El Mariscal” fue uno de los defensores más dotados del fútbol argentino. Gran capacidad técnica, anticipo perfecto, sentido de la distancia, quite exacto. Mandando en la cancha con sabiduría, con gran panorama para proyectarse, potente remate de derecha, espíritu de lucha sin claudicación, sereno, decidido, con temperamento y fe ganadora. Hoy Roberto Perfumo es Director General de las escuelas de Directores Técnicos, además de periodista. También fue director técnico de Sarmiento de Junín, Racing, Gimnasia y Esgrima de la Plata y Olimpia de Paraguay. En 1997 publicó el libro “Jugar al Fútbol”, en colaboración con el periodista Eduardo Rafael. En él cuenta su invalorable experiencia.© |