|
“Algunos accidentes de tránsito son en realidad asesinatos” Por si hiciera falta confirmar que Argentina vive una emergencia vial sin precedentes, los datos sobre los accidentes fatales en calles y rutas del país durante el pasado fin de semana largo de Pascuas resultaron escalofriantes: por lo menos 74 personas perdieron la vida y decenas quedaron heridas. En lo que va del 2008, las víctimas fatales superan las 480. Las cifras durante el resto de año no son mucho más livianas: un promedio de 19 personas mueren cada día en “accidentes” de tránsito; como alguna vez dijeran desde el grupo “Luchemos por la Vida”, es como si un avión cayera cada semana matando a sus 130 pasajeros. Dado que esta es la principal causa de muerte en menores de 35 años, y considerando que desde los entes oficiales se hace poco y nada para revertir la situación, no es raro que alguien haya tomado la iniciativa de juntarse para crear consciencia y promover justicia desde el ámbito privado. Pero esta locura de muerte y violencia unió también a otras madres: a las del gatillo fácil de la policía, a las de las chicas violadas, a las de los secuestrados, a las de las víctimas de la violencia social... Así nacen las Madres del Dolor, un grupo de madres sin ninguna militancia política o social previa, señoras de distintos orígenes que tuvieron que aprender a caminar las calles y subir las escaleras de los Tribunales a partir de una tragedia familiar.
Así como a las Madres de Plaza de Mayo las une la búsqueda de justicia por la desaparición y asesinato de sus hijos por parte de la última dictadura militar ¿Qué las une a las Madres del Dolor? Lo que nos une es el hecho de haber perdido a nuestros hijos de una manera violenta; un día los tuvimos en casa al lado nuestro, y en un instante, por un hecho violento, ya no los teníamos más: algunos por un secuestro, otras por una violación, otros por gatillo fácil o violencia institucional, otros por hechos de tránsito... eso es lo que nos fue uniendo. ¿Desde cuándo trabajan juntas? Estamos organizadas en esta asociación civil desde hace tres años, pero desde hace unos cuatro años que nos fuimos conociendo, encontrándonos en los Tribunales, acompañándonos en marchas que hacíamos por nuestros hijos, y ahí nos fuimos dando cuenta de que nos teníamos que organizar, por nosotras y por otros familiares, para compartir con otras personas la experiencia que nosotras hemos vivido. Cada una de nosotras en la Asociación nos vamos dedicando a algo distinto: yo en todo lo que respecta a seguridad vial, Isabel Yaconis a todo lo que es violaciones y abusos sexuales, porque su hija fue muerta en un intento de violación, otras madres en todo lo que es gatillo fácil, y así con todas. ¿Cuál es la dinámica de trabajo de las Madres del Dolor? ¿Qué hacen? Las Madres corremos muchísimo, porque lamentablemente en nuestro país cada vez es más lo que hay que hacer. Por un lado, tenemos una oficina a la que vienen familiares de otras víctimas a contarnos sus casos; aquí una vez por semana viene también el abogado Claudio Mazaira a asesorar en forma totalmente gratuita. Nosotras también acompañamos en los juicios orales, marchas, y también, cuando empezamos esta búsqueda de justicia por nuestros hijos, nos dimos cuenta de los baches que existen en el sistema judicial, y por eso estuvimos preparando junto al Dr. Mazaira o a distintos diputados algunos proyectos de ley. Hace días, por ejemplo, en la Cámara de Senadores, se convirtió en ley un proyecto nuestro, que preparamos junto a la diputada Paola Spátola, que convierte a las picadas automovilísticas en un delito penal. Hasta ahora, a los que corren picadas sólo se les podía hacer una multa por exceso de velocidad; a partir de esta ley, ya pueden recibir una sentencia penal. ¿Nos puede contar el caso del asesinato de su hijo? Sí; Kevin tenía 14 años cuando el 1 de mayo del 2002 fue atropellado y abandonado por un conductor que se llama Eduardo Sukiassian. De acuerdo a los testigos, Sukiassian venía conduciendo a exceso de velocidad, pasa a un auto por la derecha y fue ahí cuando atropella a mi hijo. Sukiassian se detiene una cuadra más allá, nunca baja de su auto, él estaba con dos amigos, uno de ellos baja del auto y cuando ve a mi hijo agonizando vuelve a subirse y se escapan. Gracias a un testigo que anotó la patente, supe quién le había quitado la vida. Kevin agonizó por una semana y luego falleció. Y como suele suceder en estos casos, a partir de allí, además de comenzar el duelo comienza la odisea en la Justicia. Claro; unos tres o cuatro meses después del fallecimiento de mi hijo, yo comencé a preguntarme por qué no se estaba haciendo nada en la causa, y ahí me di cuenta de que se habían perdido pruebas, había un video de una estación de servicio que desapareció, no se había tomado la huella de frenado del auto, nunca se detuvo a Sukiassian ni se le hizo un control de alcoholemia, y me di cuenta de que acá en Argentina es lo mismo detenerse y hacerse cargo, que escaparse. Y ese es otro proyecto de ley que tenemos, que convierte al abandono de persona en un agravante. Se podría decir que el asesino de su hijo no fue un militar, un policía bonaerense o un torturador, sino un joven aparentemente como tantos otros. Sin embargo algo diferente tenía, porque fue beneficiado con una pena ínfima y la prisión domiciliaria... Sí, después de cinco años recién llegamos a juicio, pero por tanto insistir y tanto estar entrando y saliendo de los Tribunales, porque sino, ni siquiera íbamos a llegar a juicio oral. En el juicio oral se demostró todo lo que yo estoy diciendo, hasta se acusó de falso testimonio a los dos amigos de Sukiassian, y a él se lo sentenció a tres años de prisión efectiva. Muchos me decían que era muy poco, pero yo pensaba en que es un chico de un nivel social muy alto, y no es lo mismo para él dormir en su casa que dormir en una prisión, y quizás con eso iba a aprender una lección de vida. No sé qué ocurrió en el medio, pero a los dos meses, dos de los tres jueces, la Dra. Mónica Tisato y la Dra. María Cohello, lo beneficiaron con la libertad condicional, o sea que a los dos meses quedó en libertad nuevamente. Hoy está en libertad condicional, esperando para ver si tiene que cumplir la sentencia en libertad o estando preso. Pero sé que en el verano estuvo bailando en Punta del Este y va a bailar a otros lugares de Buenos Aires, lo que agrega más dolor al que uno ya siente. Antes de la muerte de su hijo ¿Era consciente usted de la situación de emergencia vial que sufría y sufre Argentina? Antes de la muerte de mi hijo, yo tenía miedo de que le pase algo en la calle, pero por los robos. Le decía que tuviera cuidado, que si le querían robar que entregara todo, que no los mirara a la cara... pero nunca me imaginé que pudiera ocurrir algo con los autos. Yo soy sobrina de un corredor muy famoso, Oscar Gálvez, así que todo lo que es automovilismo lo viví desde que nací, y mis hijos también, y me parecía que ellos tenían mucha seguridad en la calle. Lo que nunca pensé es en “el otro”. Días después de lo de mi hijo, sucedieron unas cuantas muertes más, así que ahí me enteré de que en la zona de Avenida del Libertador se corren picadas, que van a muy alta velocidad... pensaba que esa era una de las zonas más seguras de Buenos Aires, y al final resultó siendo tan peligrosa como todas las demás. ¿Cuáles son las causas determinantes que ubican a la Argentina en este podio de inseguridad vial: falta de estructura, de controles, de educación, de penas más severas contra los infractores, el creciente consumo de drogas y alcohol...? Yo creo que hay dos puntos que son muy importantes: uno es el control. Pero no el control de los destacamentos fijos que tenemos acá, ya que todos saben adonde está el puesto de control, y antes de llegar bajan la velocidad, y una vez que lo pasan vuelven a acelerar. Tendría que haber motos circulando por rutas y avenidas, controlando a los autos y también a los peatones. Y por otro lado, tiene que haber jueces que utilicen el sentido común, porque por más boletas que se hagan, acá la gente va, paga y ya está. Pero si realmente reciben sentencias como la que vimos este verano en Uruguay, contra una persona famosa que todavía está detenida por atropellar y matar a alguien, no sólo el conductor sino el que iba al lado... eso en la Argentina no lo vimos jamás. Si los jueces aplicaran la sentencia y que la pena se cumpla hasta el último día, quizás podría servir de algo. Yo soy profesora de adolescentes, y lo que dicen los chicos hoy es “acá no pasa nada”, y la verdad es que tienen razón. Así que por más que haya controles y cambios de leyes, si no tenemos jueces que apliquen la sentencia como corresponde, de nada va a servir. Le iba a preguntar algo acerca de los “accidentes” de tránsito, pero me puse a pensar en que “accidentes” puede llegar a ser una palabra demasiado inocente en algunos casos, ¿no? Nosotras hablamos de “hechos de tránsito”; una vez que se estudia el caso y se hacen todas las pericias, decimos que puede haber un accidente, como nos puede pasar a cualquiera, y también hay asesinatos de tránsito como el que ocurrió hace unos días, cuando el chofer de una línea de colectivos se pasó una barrera baja, lo atropelló el tren y mató a 19 personas. Eso no es un accidente: es un asesinato. ¿La de la muerte por causas de tránsito es una epidemia uniforme que afecta a todo el país, o existen zonas particularmente problemáticas? Bueno, sabemos que en donde se producen más muertes por causas de tránsito es en las provincias más grandes: Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe... pero también en las provincias chicas. Nosotras estuvimos en provincias como Corrientes y San Luis, y allí nos decían que como todos se conocen no se le hacen boletas por infracciones de tránsito a nadie, no se controla nada, y en muchas ciudades chicas se corren picadas, como sucedió hace poco en 9 de Julio, en donde rompen todas las luces de las calles y corren picadas a oscuras y hasta en sentido contrario. Se dice que la gente de estos pueblos lo sabe, y lo que les piden a los chicos es que se vayan a correr en las afueras para no molestar. Un par de días antes del feriado de Pascuas ustedes nos enviaron una gacetilla en la que adelantaban que estarían presentes en las rutas para verificar si se cumplían los controles de tránsito y para repartir volantes informativos. Después me enteré de que regresaron antes de tiempo y bastante decepcionadas... Sí; el día jueves vimos que faltaba mucha organización en las rutas, vimos que estaban sólo los destacamentos fijos, no había motos circulando porque les faltaba nafta, que a los policías no les habían llegado los talonarios para registrar las infracciones, así que lo único que podían hacer era detener a los vehículos y hablar con los conductores... A mí realmente me pareció que fue una falta de respeto, porque nosotras cumplimos con nuestra palabra, estuvimos en la Ruta 2 entregando las gacetillas, pero nos fuimos porque creemos que esto tiene que ser un esfuerzo de todos y el Estado tiene que cumplir con su parte. Es una pena, pero entre el miércoles y el viernes fallecieron 40 personas mientras iban a sus lugares de vacaciones, y sabemos que esas cifras no son precisas, porque no hay un registro que controle los accidentes y además sólo se cuenta a la gente que pierde su vida en el momento del accidente, pero los que fallecen después no quedan registrados. El domingo hablé con policías encargados de la seguridad en el tránsito y me dijeron que ya se había duplicado el número de agentes en las rutas... hasta salió la gendarmería a custodiar las rutas, pero por los piquetes de la gente del campo, así que fue una mezcla de todo... ¿Cómo califica en general el trabajo del actual gobierno en relación a la respuesta a sus demandas y al compromiso con la seguridad? Por un lado, me parece que están con los oídos abiertos; nos reciben, nos escuchan, reciben los proyectos de ley, acompañan... Pero me parece que, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires, falta un plan para tratar el tema de tanta inseguridad. Hay una corriente que no quiere que tanta gente vaya presa, porque dicen que ni las cárceles ni los institutos de minoridad sirven, y yo en parte estoy de acuerdo con eso. Pero me parece que la solución no es dejar libre a esta gente, sino ver qué se puede hacer en las cárceles, qué se puede hacer con estos chicos que tienen 14 años y ya cometieron dos o tres homicidios. Se los devuelven a sus padres, y sus padres no pueden con ellos, porque no pueden encargarse de sus propias vidas, o no pueden controlar a los chicos por el flagelo de la droga. Hay que ver cómo hacer para que las cárceles sirvan para luego reinsertar a estas personas en la sociedad, y qué se va a hacer con tanta violencia y tantas muertes. Me preguntaba si como organización, las Madres del Dolor mantienen algún tipo de relación con dos entidades que, a pesar de estar en veredas opuestas a nivel político, se relacionan a partir del dolor por la muerte de sus hijos: me refiero a las Madres de Plaza de Mayo y a la Fundación Axel de Juan Carlos Blumberg. Nosotras mantenemos relaciones con todas las ONGs; la nuestra es la única ONG que está formada por distintos familiares. Yo estuve acompañando a Juan Carlos Blumberg durante el juicio de su hijo, y él me acompañó a mí durante el juicio de Kevin. Mi marido falleció de un infarto quince días antes del juicio; estaba perfectamente bien de salud, pero me decía: “No sé si voy a poder mirar cara a cara al asesino de nuestro hijo...” Y no pudo, y Blumberg vino al velatorio de mi marido. Hay cosas en las que la Asociación está de acuerdo con él, y hay otras en las que no. En las que estamos de acuerdo acompañamos, y en las otras no. Con las Madres de Plaza de Mayo nos une el mismo dolor, sólo que nuestros hijos no estaban militando políticamente porque la mayoría eran chicos muy jóvenes, como Kevin, que tenía 14 años y no tenía ni idea de lo que era la política. Pero hemos acompañado a las Madres de Plaza de Mayo en algunas marchas, como en la de la desaparición de Jorge López, pero nuestra Asociación no se identifica con ningún partido político y por eso no acompaña en esos casos. Más allá de la violencia vial ¿en qué otras áreas en particular están trabajando por estos días? Me gustaría mencionar otro proyecto relacionado con las violaciones. Es un proyecto para que quede registrado el ADN de los violadores; en Argentina eso no lo tenemos, y cada vez que se produce una violación, el fiscal tiene que pedir la autorización para hacerles la prueba de ADN a distintos violadores. Por ejemplo, en el caso de Lucila (Yaconis) ya se llevan hechos más de 60 pruebas de ADN a distintos violadores y todavía no pudieron dar con el asesino. Sabemos que muchos violadores vuelven a violar una vez que quedan en libertad, y contar con un registro así sería un instrumento con el que podrían trabajar los fiscales para ubicar a estas personas y hacer un mapa del delito. Si bien trabajan para informar a la gente e impulsar leyes que garanticen la seguridad ciudadana contra casos de violencia como los que describía al principio, parece ser que los cañones de la organización apuntan más que nada al Poder Judicial. Nosotras trabajamos mucho con el ministro Aníbal Fernández; antes cuando era ministro del Interior, y ahora como ministro de Justicia. Es una de las pocas personas de las que uno recibe una respuesta: por sí o por no, pero le responden. Pero es tanto lo que hay que hacer dentro del Poder Judicial... La primera vez que yo entré al Tribunal de Casación me puse a llorar, por el estado del edificio, por ver a las causas apiladas, por ver cómo algunos tratan de trabajar pero se ven sobrepasados por el trabajo... El Poder Judicial en la Argentina está totalmente colapsado, y hay jueces que se deberían dedicar a otra cosa. Días pasados estaba examinando algunos fallos en casos como los de la adolescente Carolina Aló (asesinada por su novio despechado), el de Luciano Di Santo (atropellado y abandonado) y otros tantos, y es difícil encontrarles una explicación desde el análisis que puede hacer uno que carece del conocimiento judicial, del tecnicismo legal que a veces justifican fallos a primera vista escandalosos... ¿Qué está pasando en esos casos? ¿Las leyes son deficientes? ¿Hay complicidad judicial para con acusados que gozan de ciertos privilegios como el poder, el dinero o las influencias políticas...? Cuando a uno le matan a un ser querido tiene dos caminos: o se deja morir de dolor en una cama, o tiene que dedicar el resto de su vida a que se haga justicia. Después de toda esta falta de tecnología, de fiscales que no les interesa nada... una vez que sale el juicio, uno tiene que estar detrás constantemente de la causa. El padre de Carolina Aló, por ejemplo, está constantemente vigilando que al asesino de su hija, quien la mató de 117 puñaladas, no le den el beneficio de la libertad. Los que están detenidos tienen el tiempo para estudiar y algunos hasta se reciben de abogados, y se convierten en sus propios defensores, y van buscando todas las estrategias posibles para quedar en libertad. Uno que está afuera, con el dolor terrible que siente, tiene que seguir trabajando y encima aprendiendo qué significa “fiscalía”, qué significa “apelar”, y un montón de cosas. En la Argentina hay un sector que propone ideas “garantistas”, aunque yo digo que son mal llamadas garantistas, porque todos tenemos que tener el derecho a contar con garantías, y los delincuentes también. Yo estoy de acuerdo con que estén en cárceles limpias, que se les de bien de comer, que se les enseñe a reinsertarse en la sociedad... pero una vez que la víctima pierde la vida, hay muchos jueces que sólo se fijan en el que cometió el delito. ©
“Tenemos muchas ganas de ponernos en contacto con otras ONGs de distintas partes del mundo para ver cómo trabajan, cómo se ayuda a los familiares de las víctimas; por eso nos encantaría si ustedes pueden servir de nexo con todas las ONGs de Estados Unidos que se quieran comunicar con nosotras” Teléfono: 4953-3412/3482
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
www.madresdeldolor.org.ar |