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Escrito por Lorna Silva
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jueves, 20 de diciembre de 2007 |
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Se habla tanto en la actualidad sobre la urgencia de salvaguardar la seguridad del país logrando que la porosa frontera sur sea inexpugnable, que a este fin se está construyendo el famoso e infame muro. Desde ciertos sectores se lanza toda una serie de alertas para expresar distintos niveles de emergencia, y se ha llegado incluso a restringir cada vez más la emisión de todo tipo de visas, sobre todo a los estudiantes.
Se sabe de sobra que los autores de los ataques terroristas más tristemente célebres llegaron al país legalmente con visa de estudiante, no cruzando la frontera ilegalmente. Si bien es cierto que todo país tiene derecho a defenderse y dejar fuera a quienes considera indeseables, ¿Cuántos presidentes, ministros y multimillonarios de todo el mundo son egresados de universidades estadounidenses? El punto principal, sin embargo es determinar ¿Qué tan efectivo es sellar la frontera? ¿Es factible construir un muro indestructible de 3.000 kilómetros? ¿Están siquiera los límites claramente definidos? ¿Se ha pensado en el impacto ambiental y demás repercusiones? Parece que el propio gobierno estadounidense olvida que el Río Bravo determina una gran parte de la frontera… y el cauce de este río cambia constantemente. Esto no es nada nuevo y desde hace más de 100 años existe un ente gubernamental dedicado precisamente a eso: la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA). El hecho de que este ente gubernamental, tan crucial para la delimitación fronteriza sea desconocido, incluso dentro del propio gobierno, no da buenos augurios a un proyecto ya de por sí polémico y de futuro incierto. Basta con ir a ciudades fronterizas y alejarse de los puntos de cruce para ver que las vallas no brindan más que una seguridad simbólica: alguien siempre se tomará el trabajo de cavar un túnel, hacer un hoyo o buscar un punto libre de vigilancia sin importar el peligro. La necesidad es la madre del ingenio y mientras haya necesidad siempre se encontrará la manera de cruzar. Mientras tanto las personas que tratan de entrar al país legalmente para estudiar o trabajar cada vez la tienen más difícil. Sería interesante ver estadísticas para saber exactamente cuánto ha aumentado el número de denegaciones de visa. Por observaciones y conversaciones informales, todos hemos escuchado las historias de horror que cuentan quienes tratan de obtener visas de estudiante tras el 9/11. Estados Unidos parece no darse cuenta –o no importarle- que la brecha con el exterior, sobre todo los vecinos del sur, se hará mucho más amplia. Las relaciones son cada vez más hostiles con muchos países, lo que ha permitido que figuras como el presidente venezolano Hugo Chávez sean cada vez más populares. Si Estados Unidos empieza a dejar por fuera a las clases pudientes, a aquellos que pueden acceder al poder en sus países de origen ¿como podrá mantener su esfera de influencia en el resto del mundo? El dominio económico no se desplomará de la noche a la mañana, pero en estas circunstancias no es difícil imaginar el día en que los principales ministros, empresarios y académicos de América Latina no sean egresados de universidades estadounidenses. ¿Qué países formarán a los líderes del futuro? Tal vez, a la larga no sea del todo malo para el resto del continente que este país se cierre en sí mismo en nombre de salvaguardar su seguridad. Tal vez eso empuje a nuestro ingenio a ser creativos y crear soluciones que no incluyan la necesidad de emigrar al norte, o en todo caso a buscar otros destinos hoy ignorados o tomados como segunda opción. © |