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Psicología de las relaciones: Las fiestas y la pareja |
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Escrito por Susana Fernández
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domingo, 16 de diciembre de 2007 |
Según anuncian las estadísticas, en este período posterior a las Fiestas habrá muchas separaciones de parejas; más que las que se producen después de las vacaciones. Esto es una predicción en función de una tendencia que se observa cada año.
Si se analiza el tema con profundidad, en la consulta aparecen las mismas razones de siempre: la falta de los ingredientes seguros para que una pareja produzca un final feliz y duradero. No son muchos, pero no siempre se los conoce. Las Fiestas, donde el protagonista es (o debería ser) el amor, generan conflictos nuevos, o complican desacuerdos antiguos. Las relaciones con las familias políticas, cuando vienen siendo tirantes, abonan aún más el conflicto, ya que muchas personas suelen agregar intolerancia, o directamente odio. Esto es muy frecuente, aunque tal vez no sea lo mejor, pero cuando se produce una pelea, hay alguien muy cercano que se asigna el rol de confesor del ofendido… Pero luego, cuando se recupera el entendimiento en la alcoba, no se sale a publicitarlo. Y, obviamente, la información es defectuosa. Si una pareja ya trae una situación delicada, debería tomarse un respiro en las peleas y enfriar toda la relación para lograr meditar con calma y retomar luego las negociaciones. El vínculo del matrimonio incluye un contrato entre dos partes; si las condiciones han cambiado, o lo pactado se ha desvirtuado, habrá que dialogar, habrá que comunicarse de la mejor manera posible. Replantear condiciones, tratos, pautas, acuerdos. Lógicamente, es casi una utopía pedir calma y enfriar los ánimos, cuando lo emocional está absolutamente decidiendo sobre temas tan importantes como qué hacer con los hijos, dónde vivir, etc. La fractura en la relación no hace más que mostrar un profundo quiebre en el vínculo, y esto no se produce de un día para otro. Ingredientes fundamentales para que la pareja logre sobrevivir: Pasión, compromiso, intimidad. Además hay una estrategia casi infalible: cada uno se preocupa y ocupa de que el otro sea feliz. Si esto lo hacen los dos, al mismo tiempo, si cada uno mira más por el otro que por sí mismo, si cuida de su amado o amada, ambos experimentarán esa maravillosa sensación de que alguien nos está protegiendo. Esto aumenta la seguridad, la autoestima, la confianza en sí mismo, y aleja la desconfianza, los celos, el egoísmo. Pensar si nuevamente elegiríamos a esta persona suele recordarnos qué nos llevó a formar pareja con ella. Pensar, ya no por qué se está con ella, sino” para qué”, genera respuestas muy curiosas e interesantes. De ellas se puede sacar abundante material para trabajar cuando se está haciendo una terapia destinada a reconfirmar el vínculo. Yo recomiendo abandonar la lupa y tomar el espejo a la hora de analizar las conductas. Es muy probable reconocer en el otro los pecados, pero, ¿y los propios? Es necesario ser muy fiel a sí mismo y aceptar que nos hemos equivocado, o que hemos cometido un error. De hecho, la condición humana nos habilita para eso. Pero lo que hay que evitar es la entrada de la culpa, ya que esa indeseable suele colarse en nuestro yo, sólo para hacer daño. Poder dialogar, esto es escuchar lo que el otro dice… ¡No lo que creemos escuchar! Para ello es muy útil hacerse esta pregunta: “Lo que tú has dicho ¿es lo que yo escuché?” O lo que es lo mismo: “Lo que yo he dicho ¿te ha llegado tal cual, o tu percepción lo ha distorsionado?” Hay que facilitar el diálogo afectivo, si es posible, con algo de humor incluido. Ese es mi deseo para estos días. ¡Y que el pronóstico de las estadísticas se equivoque! © |
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