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Atención psicológica para el paciente oncológico La esperanza se basa en el conocimiento En el tercer Congreso Nacional de Psico-oncología celebrado recientemente en Bilbao, España, se expresó la necesidad de que la Administración Sanitaria preste un mejor servicio de atención psicológica en la terapia contra el cáncer. Actualmente, en España, la participación de los psicólogos en los equipos que tratan a pacientes oncológicos, es puntual y limitada. En cancerología se deberá tomar muy en cuenta al enfermo, su entorno y la circunstancia en la que se encuentra. El paciente con cáncer es, por principio, un individuo normal, sometido a una circunstancia profundamente perturbadora y estresante. Responderá a su enfermedad de acuerdo a su biografía personal y a su estructura psico-socio-cultural. Ante un diagnóstico de cáncer hay una presunción de riesgos reales. La enfermedad se asocia con pérdidas, sufrimientos, o la imagen de una muerte probable. Se está ante un impacto emocional agudo que se caracteriza por la presencia de ansiedad y, eventualmente, depresión, pero que si se atiende adecuadamente se recupera en un plazo de una a tres semanas. Hay síntomas que se observan y varían de acuerdo a la personalidad del paciente, pero podemos mencionar los más comunes: pánico inicial, pensamientos negativos sobre el futuro, revisión negativa persistente de su vida, y culpas. También tensión y respuestas explosivas como de pérdida de autocontrol, poca posibilidad de concentrarse y de descansar, retracción social, agitación, etc. Una posibilidad frecuente es la negación; es decir, tomar una postura de omnipotencia, como si no conectando con la realidad ésta pudiera cambiar mágicamente. Ignorar síntomas, no acudir a la consulta, negarse a hacer revisiones. En el trasfondo de estas actitudes está el miedo, sentimiento que paraliza y, muchas veces hace perder tiempo, impidiendo detecciones precoces y mayores posibilidades de curación. El manejo de este cuadro de estrés agudo se orienta a una psicoterapia de apoyo, de continencia del paciente y su familia. Esto hará que se sientan protegidos y comprendidos. La salida o mejoramiento del cuadro emocional agudo, permite conductas de adaptación que contribuirán al éxito de los tratamientos. “El enfermo espera de su médico, como de un padre omnipotente, comprensión y una mano que lo acompañe a cruzar una habitación oscura” (Schávelzon, J.) Los profesionales que integran el equipo tratante procurarán que el paciente pueda sentir que es escuchado, que conocen su situación emocional y que muestre confianza en la recuperación. El médico debe comprender los sentimientos del paciente y, si es necesario, derivarlo a un psicoterapeuta para que colabore con el tratamiento, pero esto no significará que se desentenderá de los aspectos emocionales del mismo. Hay que saber como paciente que no se estará solo, que la familia y el entorno deben participar en los procesos de diagnóstico y tratamiento, que el grupo asistencial donde participa un psico-oncólogo, le dará todo lo que la ciencia y tecnología modernas tienen a su disposición para llevar adelante con éxito los tratamientos. Cómo manejar la información Este es un tema de gran importancia que se deberá tratar con el mayor cuidado. Hay diferentes modos de dar o mantener la esperanza. El enfermo deberá expresar qué lo angustia. En general hay temas más sensibles como que no será abandonado, que se controlará su dolor y sus molestias y que se apuntará a que se transforme en un padecimiento crónico o se cure definitivamente. Mucho se ha escrito acerca de las ventajas psicológicas de una buena comunicación entre el equipo de salud y el paciente, pero más aún, depende de ella el bienestar físico. El problema de la comunicación en el cuidado del paciente con enfermedad en fase terminal no es el de decirle o no la verdad de su condición; es el de establecer una buena o mala comunicación con él. Es aprender a brindarle soporte, lo cual de por sí, es una tarea exigente y fatigante pero a la vez una de las labores más enriquecedoras que cualquier ser humano pueda hacer por otro. El vivir en sociedades poco afectas a hablar de la muerte como algo natural y parte inherente en el proceso de la vida, al no estar preparados para afrontar la muerte, los individuos en general, erigimos una de las primeras barreras de actitud y por ende, de comunicación entre los sanos y el enfermo terminal. La consecuencia natural de esto es el aislamiento del paciente. Hablar del sufrimiento ayuda a aliviarlo porque satisface el deseo de ser escuchado y el alivio simplemente aparece, en la mayoría de los casos, cuando el médico aprende a escuchar. Dar malas noticias Al dar una mala noticia se derrumba la expectativa de que las cosas no son tan malas… Se cambia abruptamente la realidad. Nadie, mientras la vida transcurre normalmente, piensa cuándo o cómo va a morir, sabemos que inexorablemente nos ocurrirá, pero no hay fecha ni confirmación de su inminencia. Pero, cuando hay un diagnóstico que nos acerca abruptamente a estos temas, las cosas cambian… ¡y mucho! A pesar de que no se hable claramente de este tema, un paciente va observando y sacando conclusiones: que no lo diga es otra cosa. Ocurre con frecuencia que el enfermo oculta a los suyos que sabe la verdad de su estado “para que no sufran por su culpa”. La intervención del psicólogo está, entre otras funciones, dedicada a escuchar al paciente quien, en ocasiones no desea abrumar a su familia y logra así desahogar su angustia. Esto hará que se produzca una relajación en las tensiones emocionales y físicas. El negar información al paciente impone una de las cargas más difíciles y duras de soportar para su psiquis: la incertidumbre. Trastornos severos de ansiedad y depresión se ven más frecuentemente en pacientes que han sido “protegidos” de saber la verdad, negándoles su propia percepción y la evidencia de un deterioro físico. Esta falta de control sobre su propia vida es la que produce mayor daño en su tranquilidad interior y en su autoestima. Cuando al paciente se le priva de saber la verdad, no sólo se le ocultan el diagnóstico y el pronóstico; se le oculta que sus sentimientos son comprendidos, que será ayudado y que se hará todo lo posible por mantenerlo confortable. La esperanza se basa en el conocimiento y no en la ignorancia. Diciendo la verdad se pone una base realista para planear y seguir los pasos del cuidado integral futuro, una mejor comprensión de los sucesos relativos a la enfermedad y su progresión, y un mejor estado de bienestar mental y espiritual. También se sientan las bases para tomar decisiones respecto a sí mismo, para terminar asuntos pendientes o planear el futuro de la familia. Es decir, se le permite al paciente cumplir con los compromisos inherentes a su condición de terminalidad. Cuidados paliativos Los cuidados paliativos no son sólo para pacientes oncológicos, ya que abarcan otras enfermedades crónicas. Es un programa que se aplica cuando las instancias de tratamiento están agotadas. El equipo que lo integra está dotado de especialistas en varias disciplinas como médicos, enfermeros, anestesistas, psicólogos, asistentes sociales, etc. Paliativo no es sinónimo de muerte inminente. Se puede alcanzar una sobrevida mayor ligado a la cronicidad de la enfermedad. La filosofía de los C.P. es diferente y opuesta al fundamento filosófico de la eutanasia. El cuidado paliativo es el cuidado total y activo del paciente y su familia por medio de un equipo interdisciplinario y tiende a mejorar la calidad de vida. El C.P. responde a demandas físicas, psicológicas, sociales y espirituales. Se extiende si es necesario, para dar sostén en el duelo. El lugar donde se imparten los cuidados paliativos, puede ser en el hogar o el hospital. Incluye la rehabilitación para lograr el máximo potencial en todas las áreas a pesar del progreso de la enfermedad. Se orienta a hacer que la vida que queda sea tan cómoda, confortable y significativa como sea posible. Los síntomas estresantes y molestos son paliados con tratamientos cuyo objetivo único es el confort del paciente. La finalidad es acompañar, cuidar, calmar al paciente. ©
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