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Escrito por Lorna Silva
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lunes, 24 de septiembre de 2007 |
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Existe un concepto denominado La Paradoja Hispana, según el cual, si bien muchos de los inmigrantes de origen latino sufren la carencia de recursos básicos, al llegar a este país tienen mejor salud que los nacidos en los Estados Unidos. Los científicos continúan estudiando esta llamada paradoja para determinar si se trata simplemente de un fenómeno estadístico o si es prueba veraz de hechos.
Hasta ahora, los estudios respaldan un poco ambas cosas. Por un lado, la genética de las personas de ascendencia hispana presenta una predisposición a enfermedades como la diabetes. No obstante, hay otras tantas afecciones, como el cáncer, que no parecen afectarnos tanto como a los anglos y a otros grupos étnicos. The California Endowment y otras instituciones similares han tomado la iniciativa de estudiar el estado de salud de los inmigrantes a ambos lados de la frontera y aunque muchos aún están en ciernes, ya han comenzando a arrojar resultados prometedores. Algunos de las interrogantes que buscan resolver, entre otros, son: ¿cuál es verdaderamente el estado de salud de los que deciden cruzar la frontera? Y ¿qué ocurre con la salud de los que se quedan atrás? ¿Cuál es la realidad del acceso a los servicios de salud, sobre todo de salud mental? Siguiendo el ejemplo de Massachusetts, que efectivizó la cobertura de seguro médico obligatoria para todos los residentes, se habla mucho en la actualidad de una reforma al sistema de salud a nivel estatal en California, e incluso a nivel nacional en Washington con la propuesta de Hillary Clinton. Hay tantos entes gubernamentales y grupos de interés de por medio, que sabemos que si se logra algo, al final será a medias y es poco probable que ayude a quienes más lo necesiten. La reforma al servicio de Medicare de la que tanto se habló y promocionó en los medios de habla hispana en el 2006, al final no resultó tan fácil como en un principio la presentaron y los mayores beneficiarios fueron las grandes compañías farmacéuticas. En todo este debate se habla muy poco, o prácticamente nada de las necesidades de salud de las comunidades de inmigrantes. Se pinta a los inmigrantes como una carga, un grupo cuyo principal objetivo es explotar el sistema y las aportaciones de los contribuyentes. Sin embargo, no se ha estudiado a fondo la relación causa y efecto entre el flujo de inmigrantes a este país y el costo siempre ascendente de cuidados de salud. De modo que podemos estar seguros de que una vez más los inmigrantes y su efecto en la economía y en la sociedad serán ignorados en este debate de reforma de salud. Por lo pronto no hay nada concluyente, pero podemos hacer algunas observaciones de manera empírica. En general, para cruzar la frontera de la manera que sea, hay que contar con cierta fortaleza física, pero sobre todo emocional, para soportar los cambios y la jornada. Se trabajan largas horas y el tiempo de vacaciones es casi inexistente. No se puede negar que a pesar de todo, en nuestros países buena parte de la población goza de cierta calidad de vida que incluso aquí se extraña. Por lo general, se mantiene una dieta un tanto más balanceada, se depende menos del auto para movilizarse y en general se es menos sedentario, además de que uno no es tan esclavo del trabajo. Cuando los inmigrantes llegan aquí, cambian muchos de los buenos hábitos por los más perniciosos, la dieta en particular. Así que poco a poco van perdiendo las ventajas con las que contaban al llegar y al deteriorarse su salud, se encuentran con un sistema que es un sálvese quien pueda. Esperemos que el experimento de Massachusetts dé resultado y habrá que seguir de cerca las medidas que el gobernador Arnold Schwarzenegger y la legislatura californiana decidan tomar. Si se aplica un sistema que sólo favorece a las aseguradoras, los que salimos perdiendo somos todos, pero sobre todo las personas para quienes el acceso a cobertura de salud es prácticamente imposible. ® |