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Un pueblo fantástico colgado en la montaña Entre los muchos rincones de gran valor histórico e incomparable belleza que se encuentran en la provincia de Salta, quizás el más impactante, por su ubicación y geografía, es el pueblo de Iruya. En esta pequeña población de montaña, la cultura aborigen se ha mezclado armoniosamente con la hispana, generando un interesante proceso de “interculturalidad”.
El nombre de Iruya tiene dos interpretaciones fundamentales: IRUYA: Voz quechua o aymara, proveniente de la palabra IRUYOC “Iru” = paja y “yoc” = abundancia, iruya = abundancia de paja. IRUYA: voz aymara o quechua, palabra del dialecto quechua, hablado por los primeros habitantes de este lugar. Historia Iruya fue fundada en 1753, aunque su origen remonta a un siglo anterior a su fecha de fundación. Actas de nacimiento encontrados en la parroquia de Humahuaca en la provincia de Jujuy, testifican que un siglo antes de su fundación ya había habitantes asentados en el lugar. Dichos asentamientos eran principalmente indígenas, cuyos antecedentes más remotos son los ocloyas, un pueblo perteneciente a la etnia kolla, quienes a su vez, derivan del kollasuyo, una de las cuatro regiones del antiguo Tahuantinsuyo (imperio incaico). Numerosas ruinas dispersas por los alrededores prueban la existencia de una etnia más o menos homogénea antes de la llegada de los españoles; un claro ejemplo son la ruinas de Titicónte, ubicadas unos 8 Km. al este de Iruya. Los primeros habitantes practicaban la agricultura y la ganadería, ambas en muy baja escala, ya que sólo les permitía la subsistencia de sus pobladores, cultivaban maíz, papas, ocas y otros productos agrícolas; al mismo tiempo, criaban ovejas, cabras y llamas, aunque esta última en menor medida. En nuestros días ha disminuido la cría de ovejas y cabras; sin embargo, se ha extinguido la de llamas. Iruya se encuentra a 2750 metros sobre el nivel del mar y puede ser recorrida en un día, aunque el visitante querrá aprovechar el largo viaje para gozar del silencio de las noches y la amabilidad de su gente. La construcción símbolo del pueblo es la Iglesia que se encuentra a la entrada, construida en el siglo XVIII, y cuyo mirador es uno de los puntos desde donde es posible admirar casi todo Iruya y buena parte de sus agrestes alrededores. Una caminata –o mejor aún, cabalgata- guiada por las cercanías permiten encontrarse con solitarias ofrendas a la Pachamama y antiguos santuarios construidos por los pobladores de la zona durante el período incaico. En materia de alojamiento, existen en el pueblo varios hospedajes modestos y a buen precio en la zona central, además de un importante hotel con todas las comodidades y vista privilegiada. Iruya hoy Para los Pueblos Aborígenes del Imperio incaico, el trueque fue una de las formas económicas más significantes para la supervivencia humana. Para que esto se fomentara, los incas organizaron todo su territorio en comunidades. Una comunidad producía papa, otras fruta, ganados y así sucesivamente; esta organización les permitía un cambio recíproco de productos y de esta manera estas etnias podían abastecerse y solventar las demandas de productos agrícolas y así lograr la subsistencia. Tal como ocurrió en la antigüedad, el trueque en Iruya es una de las actividades comerciales más tradicionales que se realizan en la actualidad para solventar las necesidades de vida de la población. Aquí, los habitantes, vestimentas, costumbres y viviendas han mantenido su tradición a lo largo de 250 años. El poblado conserva sus calles angostas y empedradas, con casa de adobes, piedras y paja. Cómo llegar: Para acceder a Iruya, se debe pasar por la provincia de Jujuy, recorriendo la ruta Nacional Nº 9; a 26 km. de la capital de Humahuaca está el cruce de rutas, donde se lee "Iruya 54 Km". Siguiendo el camino indicado, se llega a la estación Iturbe (F.C.N.G.B.), Provincia de Jujuy. Desde allí, siempre por camino de tierra, se llega al paraje denominado “Abra del Cóndor” a 4000 m. sobre el nivel del mar, y que marca el límite entre las provincias de Salta y Jujuy. En el Abra del Cóndor comienza el descenso de 1220 m. A lo largo de estos 19 Km. que separan Abra de Iruya, el visitante se sumerge en la variedad más insólita de colores, que van del verde agreste al morado o violeta, pasando por el amarillo y el azul metálico. La montaña, en conjunto con las quebradas, ofrece a la vista caprichosas y curiosas formas que se desdibujan en el lecho del río Colanzulí, a cuya vera corre el camino. Al llegar a Iruya, la primera impresión es de un pueblo “colgado en la montaña”, o más bien, de una isla, ya que está rodeado por los ríos Coranzulí -o Iruya- y Milmahuasi. Se destaca su edificación colonial con callejuelas estrechas y sus paisajes de imponentes vistas panorámicas. En sus proximidades se encuentran las ruinas del pucara de Titiconte. El camino para el tránsito automotor termina, y solamente a lomo de mula es posible realizar un viaje al interior del departamento, donde se presenta el paisaje montañoso en toda su agresividad y magnitud. Siguiendo el lecho de los que surcan el interior, se aprecian quebradas de diferentes formas y colores. ® Agradecemos la colaboración del Portal Turístico de la Provincia de Salta para la realización de esta nota. |