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Acuerdos y negociaciones más complejos Los conflictos entre las personas son casi imposibles de evitar. Lo que sí podemos hacer es reflexionar acerca de ellos y tener a mano estrategias para salir sin mayores daños. De lo contrario, cuando un conflicto se hace crónico y no hay posibilidad de verlo como una oportunidad de crecimiento, las diferencias insalvables acaban con la relación y hasta con la salud mental y física de quienes intervienen en la confrontación.
Las crisis de pareja aparecen en cualquier momento y lugar. Los que superan el trance salen fortalecidos. Pero los que están posicionados fuertemente y no logran sanas negociaciones con el otro o consigo mismo, arrastran inevitablemente a la ruptura del vínculo. Si la pareja se termina, la separación traerá aire fresco a ambos. Cada uno deberá resolver su vida de una manera diferente a como lo venía haciendo. Esto lleva a una “liberación” ante tanta pelea y discusiones insoportables, o ante tanta indiferencia. Se corta por lo sano y a otra cosa mariposa. Pero la fantasía de la separación de la pareja no es el único recurso al que se debe apelar. Muchas veces ocurre que las circunstancias están poniendo gran parte de elementos separatistas. Es interesante tenerlos en cuenta. Las crisis de pareja y la alternativa de pegar la vuelta Ocurre a menudo que el entorno, la nueva vida en un país extraño, el abatimiento, los bajones, los miedos o las presiones, forman un marco donde las personas se ven diferentes. Ya no es tan fácil acordar con el otro. Aparecen las culpas, los reproches. En suma, es como si ya no se conocieran, hasta que el odio ocupa el lugar que antes tenía la ternura. El clima no es muy saludable para nadie. Ante una crisis matrimonial hay elementos que cuentan para acelerar y definir el proceso. Las redes de contención (familia, amigos) están lejos. Las presiones por conseguir y mantener un buen trabajo son altísimas. Los esfuerzos para neutralizar las diferencias culturales se llevan buena parte de la energía disponible. ¿Hasta dónde se puede decir que es un conflicto puramente de pareja cuando están jugando factores tan estresantes? Comenzar otro futuro lejos de casa es un proceso largo y casi siempre doloroso, aunque luego nos llegue la calma, la adaptación y la felicidad. Hasta que eso ocurre, hay un tiempo de nuestra vida que nos encuentra más vulnerables. Son muchos los exámenes que hay que rendir. No todos los sufren o afrontan de igual manera. Hay dos personalidades en juego (o más, cuando hay hijos) que tendrán que vivir experiencias nuevas. ¿Cómo afrontarán las dificultades y cómo las convertirán en oportunidades? Sabemos de muchos argentinos felizmente adaptados y con vida social, familiar y laboral muy florecientes. Para llegar a eso no hay recetas. ¿Emigrar o huir? En el pasado reciente, muchos han decidido que países como España o Estado Unidos son una muy buena opción para organizar una vida nueva. La inseguridad para algunos, la falta de oportunidades laborales para otros, los deseos de aventura y muchas motivaciones más, nos sumaron a las largas listas de emigrantes. Algunos partieron con esperanzas, otros con resignación. Diversas son las razones que nos impulsaron a ese viaje. El que se ve forzado a emigrar padece una crónica melancolía por lo que no pudo lograr en su tierra. Sufre en mayor o menor medida un sentimiento de pérdida. Se abandonan muchas cosas valiosas. Hay quienes superan rápidamente esas ausencias y las reemplazan por nuevas metas, nuevos amigos, nuevos trabajos... en fin, logran adaptarse, asimilarse a lo nuevo. Los que sufren más el desarraigo suelen ser los que no tienen capacidad de elección: las mujeres que siguen a sus maridos (a veces es al revés), ya que se van haciendo a un costado, la socialización se les dificulta y tienen mayores trabas en la adaptación, por ejemplo. Quien se siente frustrado en sus deseos y no logra hacer las rectificaciones adecuadas, tendrá probablemente graves diferencias con su pareja, más aún si ésta ha logrado alcanzar sus propósitos en lo personal o laboral. Volver o quedarse La soledad y otras emociones negativas pueden aparecer y llevar al quiebre de la pareja. Cuando uno de los miembros de la pareja no logra integrarse, no desarrolla actividades sociales ni laborales, requerirá mayor atención, comprensión y sostén afectivo de su compañero/a. Pero éste, que sí tiene trabajo, nuevos amigos y mucha ocupación, ¿podrá ponerse en el lugar adecuado y ayudar? Si uno desea regresar y el otro no, muestra que la brecha ya está instalada. Habrá que trabajar mucho para que los deseos de ambos vuelvan a coincidir. Habrá que conectarse muy profundamente y negociar. Si hay un buen vínculo afectivo, si no se ha cortado el diálogo, si la confianza en el otro está presente, si se cuidan mutuamente, aparecerán ideas creativas para salir a flote. Acá o allá, el deseo de permanecer juntos será lo que defina el desenlace. © |