|
“¿Por qué me ha ocurrido a mí?” Nadie responderá. Por lo menos con algo que calme la pena del que sufre... Pedir aceptación de algo muy doloroso puede parecer lógico para quien no lo padece. Quedar atrapado en el sufrimiento es una tendencia frecuente, sobre todo en la época cercana al acontecimiento traumático. Pero hay otros caminos. Dejar de sufrir es una elección, una actitud frente a la vida. Es entender que hay más oportunidades de las que estamos dispuestos a ver. La actitud ante un hecho traumático y la aceptación de la realidad, son el comienzo para el proceso de superación de un duelo. El dolor El dolor es un sentimiento que se asocia con un hecho significativo que altera la vida: la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, el fin de un matrimonio, etc., hacen que la persona se enfrente a algo que no estaba previsto, algo no deseado. Cada uno le da un valor particular, en relación a su sensibilidad y a los recursos de afrontamiento de que dispone, por lo que las personas transitan el duelo de diferentes maneras. El sufrimiento tiene que ver con una postura interna ante los acontecimientos de la vida. Puede implicar vivir como terribles algunas situaciones que en realidad son apenas difíciles o desagradables, y a sentirse víctima de las circunstancias, o de los demás. La capacidad de adaptación al cambio permitirá, entre otras cosas, elaborar un duelo, superar una pérdida, sin que se caiga en una depresión grave. Se aprende que, venga lo que venga, se lo podrá afrontar. La pena, la tristeza, son normales. Sería anormal que alguien que sufrió la muerte de alguien querido, o que recibe un diagnóstico de una enfermedad grave, no esté triste. Quien consuela a alguien que atraviesa estas penas, no sabe qué decir. Todo es inútil. El dolor no se puede transferir, aunque compartir con alguien que entiende ese dolor, sirve de alivio. Es necesario, para la salud mental de quien está triste, no pretender ocultarlo. Cuando no se produce la elaboración adecuada del duelo, la herida perdurará abierta por mucho más tiempo. Reaparece el hecho en la memoria con gran angustia, como si no se pudiera superar la pérdida. En el caso de una muerte súbita, como el caso del joven deportista ocurrido recientemente, la carga emocional es dramáticamente superior. No hubo una preparación psicológica para la despedida. La sorpresa se agrega al dolor y se convierte en una situación traumática, lo que puede derivar en un estrés post traumático, que causa grandes desequilibrios en toda la persona. Acá el proceso de duelo suele requerir atención psicológica y psicofármacos. El duelo, a pesar de que trae consigo desviaciones de la conducta normal, no se considera algo patológico, y no corresponde perturbarlo. Es un fenómeno psíquico consciente. Hay pena, tristeza, dolor. En la depresión, la reacción psíquica se asocia con un notable fenómeno de inhibición física, orgánica y psíquica. Hay abatimiento, pesadumbre y angustia. Las etapas que atraviesa una persona ante una pérdida suelen ser: 1) Etapa de shock: es al principio, cuando aparece una sensación de vértigo, de caos, todo parece un mal sueño. 2) Etapa de ira: hay enfado, rabia contra el mundo. Buscará culpables y se preguntará “¿por qué a mí?” 3) Etapa de tristeza: la rabia deja paso a la tristeza, el miedo, llanto, apatía y a la certeza de que la pérdida es irrecuperable. Es el momento de la soledad, de encerrarse en uno mismo, del retraimiento y la depresión. 4) Etapa de aceptación: lentamente asumirá la ausencia y volverá a las actividades cotidianas. 5) Etapa de la superación, resignación o aceptación: volverá a hacer planes y a interesarse por la vida y por los demás. Esto dará paso a continuar la vida sin culpas ni remordimientos. Actitudes que ayudan a superar el trance: - Expresar el dolor: no reprima sus sentimientos, ya que guardarse el dolor sólo prolongará su pena y se puede transformar en malestar físico. No dude en llorar, gritar y expresar su dolor. - Buscar un hombro amigo: hablar con alguien que comparta o entienda su dolor. - Estar solo/a: las personas que le quieren le ofrecerán una salida, una distracción. No se fuerce, es bueno estar solo/a por lo menos una parte del día. - No abandonarse: no quedarse en bata y tirado sobre la cama todo el día. Bañarse, arreglarse, ayuda a sentirse mejor. - Mantenerse ocupado: eso da descanso a la mente. - Compartir: los grupos de autoayuda o terapias de grupo, dan una mano. Permite hablar de temas con quienes pasan por experiencia parecidas: “La palabra sutura la herida”, decía Sigmund Freud. El tiempo y el apoyo ayudan a superar y elaborar el duelo. Pueden pasar años sin lograr aliviar un dolor si no hubo un duelo adecuado; si no se expresó, lloró y habló lo suficiente en el lugar y con las personas adecuadas. No olvidemos lo espiritual, gran campo donde se suele encontrar alivio a las heridas del alma. Como todo lo que ocurre en nuestra vida afectiva-emocional, no hay fórmulas precisas, pero hay lineamientos orientadores para dar ayuda al que sufre. ®
|