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Cuento popular: El Zorro Sabe Más por Viejo que por Zorro |
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Escrito por Oscar I. Márquez
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jueves, 19 de julio de 2007 |
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En el campo y cerca de un monte, vivía un matrimonio de ancianos muy pobres. Uno de esos días en que él salía a buscar leña hacha al hombro, encontró junto a un añoso árbol, una gran cantidad de lingotes de plata cargadas en una carretilla. El hombre se olvidó del hacha y de buscar leña, y enfiló hacia la casa con la rica carga para darle la buena nueva a su esposa. -¡Vieja! ¡Vieja! ¡Mira el regalo que nos ha hecho Dios, somos ricos! La mujer observó y le respondió al viejo: -¡Cállese hombre! no será el primero que encuentre plata. Deje de gritar El marido quedó ciertamente desorientado, pero sin tiempo a reaccionar, su mujer hizo ocultar la plata a su marido, continuando como si nada con las tareas habituales. Llegada la noche se fueron a dormir. Al despuntar el nuevo día la mujer despertó al marido ordenando: -¡Vamos, arriba! Péinese y vaya a la escuela. -¿Pero mujer que dices? Si ni de niño fui a la escuela, contestó el hombre totalmente desorientado. -Usted haga lo que le digo y nada de rezongos. El hombre, cada vez mas desorientado pero sin querer contrariarla, se fue a la escuela. Cuando la mujer quedó sola en el rancho, comenzó a freir buñuelos. Cuando él volvió de la escuela, ella no le contó nada de la tarea que había tenido. Cuando llegó la noche y estando el viejo profundamente dormido, ella se levantó sin hacer el menor ruido y desparramó los buñuelos por el patio. Al llegar el amanecer, despertó a su marido pidiéndole que fuese a buscar leña. Al salir, aún con sueño, se frotó los ojos pues no creía lo que estaba viendo y se puso a gritar: -¡Vieja vení, mirá!, -¡han llovido buñuelos! - Pero hombre, no haga tanto alboroto, no es la primera vez que llueven buñuelos! No grite y ayúdeme a juntar tanta comida. El hombre callado y cada vez más desorientado, hizo caso a su mujer. Esa mañana todo transcurrió normalmente. Pero al ir a tomar la siesta, dos elegantes señores llegaron hasta la humilde vivienda, preguntando si no habían visto una carretilla llena de lingotes de plata... Antes de que el viejo abriera la boca, su esposa dijo: Señores, nosotros no encontramos nada. El esposo, ante tantas cosas raras que habían sucedido, decidió hablar: -Sí señores, yo encontré la carretilla que ustedes buscan... La mujer, rápidamente lo interrumpió: -¡Pero no mienta hombre, usted nada encontró! -Pero sí, insistió el marido, -recuerde, el día antes de ir a la escuela. -No sea tan embustero, -respondió ella. -Pero sí, recuerde, dos días antes de que llovieran buñuelos... Ante esto, los señores, después de escuchar este absurdo diálogo, dieron media vuelta diciendo: -Vamos, este hombre no anda bien de la cabeza. -¡Cuanto hará que fue a la escuela...! -¿Y desde cuándo llueven buñuelos? respondió el otro. Y mientras los elegantes señores se alejaban conduciendo un lujoso automóvil, la astuta mujer tomó del brazo a su marido y, guiñando su pícaro ojo, comentó: -Vió mi viejo, ahora sí vamos a disfrutar lo que nos quede de vida, sin penurias ni necesidades. ¿Entendió el plan?, -¿Le recuerda algún refrán? Y el viejo, abrazándola, le dijo al oído: “El zorro sabe más por viejo que por zorro”. ®
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