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El más carismático y quizás popular boxeador que dio la Argentina, Oscar Natalio “Ringo” Bonavena, nació el 25 de septiembre de 1942 y fue el séptimo hijo de los nueve que tuvieron Vicente Bonavena (conductor de tranvía) y Dominga Grillo (lavandera).
Durante su época escolar, Ringo pasaba gran parte del día vagueando por las calles de Parque Patricios (Capital Federal), a la buena de Dios. “De tanto repetir, casi me caso con la maestra”, solía bromear, ya de grande, Bonavena. Finalmente, Ringo (apodo que nació cuando estaba en Estados Unidos por su parecido -lejano- al baterista Beatle, Ringo Starr) le dijo basta a la escuela y abandonó en 6to. grado. De allí en adelante fue repartidor de pizza, empleado de carnicería y picapedrero. Su madre acostumbraba a disfrazarlo de boxeador cuando era niño, el disfraz más fácil y barato de los carnavales. Él ponía la cara y el cuerpo: todo un boxeador. Los guantes y el pantaloncito eran de otro. A los once años se quebró una pierna - pesaba ya sesenta kilos- y su mamá lo alzó y llevó en brazos al hospital, que no quedaba justamente a la vuelta. Jamás se olvidaría de eso. “Vos vas a ser boxeador”, le decían los vecinos. Y así fue. Cuando lo echaron del club San Lorenzo de Almagro, se fue a Huracán y allí comenzó todo... Ringo fue, sin duda alguna, el boxeador más carismático de la Argentina. Su desmañada forma de pelear y su excepcional personalidad lo convirtieron en una de las figuras más populares de la década del 70. Fue uno de los primeros en comprender la importancia de los medios masivos de comunicación, supo mezclarse con la farándula con absoluto desparpajo, hasta llegó a grabar un disco con el tema titulado “Pio, Pio”. Inició su carrera como boxeador en el club Huracán en el año 1958; en 1959 fue campeón amateur y, en los dos años siguientes, consiguió dos coronas en los torneos sudamericanos. En 1963, Ringo enfrentó a Lee Carr, en San Pablo, pero fue descalificado debido a que le mordió una tetilla a Carr, víctima de su impotencia por el castigo que estaba recibiendo. Sancionado por la FAB (Federación Argentina de Boxeo) decide emigrar a Estados Unidos en busca de nuevos horizontes deportivos. El 3 de enero de 1964 debutó como preliminarista en el Madison Square Garden logrando vencer por KO a Ron Hicks en el primer minuto del primer round. Después de varios rivales de segunda línea, fue derrotado por Zora Folley, lo que lo convenció a regresar a la Argentina, aprovechando que la sanción de la FAB había terminado. El regreso de Ringo al pugilato argentino estuvo coronado por incidentes generados por él mismo con afán de promoción. El 4 de septiembre de 1965 peleó contra Goyo Peralta, en el Luna Park, por el título argentino de peso pesado. Ringo subió a la lona, donde recibió la silbatina más fuerte que se recuerde en la historia del box nacional; en contraste; Goyo fue vivado y ovacionado desde las cuatro puntas del estadio. A casi 2 minutos del comienzo del 5° round, Bonavena definió la pelea por knock out. El 7 de diciembre de 1970 se enfrentó a Cassius Clay (Muhammad Alí) en el Madison Square Garden, perdiendo en el último round después de haber caído en tres oportunidades y de haberlo tirado una vez, decretándose el KO automático. Ringo tenía 68 peleas a cuestas con 58 triunfos, 9 derrotas y un empate. Curiosamente, esa derrota ante Cassius Clay fue la que más fama le dio. Aunque no tenía una instrucción formal, dejaba ideas y frases contundentes cuando quería decir algo sincero. Era sagaz y astuto. En un programa de la televisión de los '70, le preguntaron una vez: -¿Pero para usted todo se reduce a dinero, a comprar y vender? (en referencia al despilfarro que venía haciendo en compras de coches, ropa y juego) -A ver si no, esperá un cachito, y a ver si no me vas a cortar para pasar las propagandas -respondió sin perfidia. Durante la pelea tampoco dejaba de lado su humor: una vez Ringo estaba enfrentando al legendario Joe Frazier. Durante el primer round, el norteamericano castigó con dureza al argentino. Al volver a su esquina, el coach le dijo a nuestro boxeador: -"Va todo bien. Sólo tenés que levantar un poquitito la guardia. Y listo. Es tuyo". Ringo, lo escuchó un poco sorprendido, y partió al medio del ring. Terminado el segundo asalto, en el cual el negro volvió a matar a trompadas al argentino, el consejo del entrenador, apenas varió: "Está todo bien, Ringo. Sólo poné el jab un poco más en punta. ¡Pero está muy bien!". Bonavena, volvió a escuchar el consejo con atención, aunque sin dejar de advertir, que la pelea que "veía" su coach, parecía no condecirse con la suya. En el tercer round, la paliza que Frazier le propinó a Bonavena fue memorable. Ringo, medio desecho, fue para su esquina, y resignadamente escuchó las palabras de su coach: "Bien, Ringo, bien. Ponele garra que está golpeado. Ya lo tenés. Dale..." Ringo, se puso de pie, y antes de ir al centro del ring, se dio vuelta, miró a su entrenador y le dijo: "Observálo al referi, y fijate si es él el que me está pegando. Porque hay alguien que me está matando a trompadas..." Su obsesión fue su madre, a quien le dio todo y le decía, para recordarle cuánto la quería: “Reíte vieja, que ya sufriste mucho lavando ropa pa' afuera”. Su trágica muerte De vuelta en los Estados Unidos, Ringo, que tenía 68 peleas a cuestas con 58 triunfos, 9 derrotas y un empate, quería dejar de ser cobarde para cierto sector de la sociedad y fue en busca del desquite, su revancha, ante Cassius Clay. Quería demostrar que tenía pasta de campeón y, también, alzarse con la generosa bolsa del combate. El 22 de mayo, Ringo fue a “Mustang Ranch”, el cabaret de Joe Conforte, quien había sido durante un período su manager. Vale aclarar que Ringo vivía en una casa rodante muy cerca del prostíbulo, y que, entonces, pasaba gran parte de sus días en el mismo. Esa trágica noche, Willard Ross Brymer, custodio de Conforte, le disparó a Bonavena con un poderoso rifle. Ringo habría discutido con un hombre encargado de la seguridad del lugar, Joe Coletti, apodado Billy The Kidd, y aparentemente todo estaba premeditado y planeado por Joe Conforte, al enterarse de un supuesto romance del boxeador con su esposa, Sally Conforte, una mujer 26 años mayor que Ringo. Muy lejos de allí, en Johannesburgo, Sudáfrica, ese mismo día, Víctor Emilio Galíndez, íntimo amigo de Bonavena, hacía historia, como se dice comúnmente. En un combate heroico, defendió su corona en una contienda inolvidable. Un cabezazo de Richie Kates en la tercera vuelta, le abrió un profundo corte al argentino que totalmente ensangrentado luchó y en el decimoquinto round volteó al norteamericano. Fue la victoria más grandiosa de Galíndez, que, paradójicamente, se produjo en el día en que mataron a Bonavena. © |