Artista multifacético en cualquier lugar del mundo Estaba haciéndome el color en el salón de mi estilista argentino, cuando entra muy serio un señor también argentino. Casi sin decir palabra se sienta y después de un rato, en lugar del tradicional corte, veo que lo estaban maquillando. Una hora mas tarde, el espejo me devuelve una imagen conocida… era Paquita la del Barrio… El protagonista de tan inesperado encuentro resultó ser Fernando Ventura, una de esas personas que conviven con el arte de una manera total, porque para Fernando el arte es parte de su vida, es su compañía constante, su razón, su energía, su amor.
¿Cómo empezaste este romance con el arte? Yo siempre fui artista, siempre viví con y del arte. En mi adolescencia tuve la fortuna de conocer a Rafael D'Alesio. Rafael fue mi padrino artístico, y Norberto Lob me apadrinó en la pintura, fue mi maestro. Con una mezcla de respeto, orgullo y naturalidad, me cuenta que estuvo en el taller de Ludueña, en el de Quinquela Martín... que les cocinaba, les preparaba empanadas y mate con tal de estar allí. Esa fue la primera semilla que germinó en lo que hoy es este multifacético artista. La primera exposición en la que participó fue en el '76, una muestra impresionante que se llamó “20 maestros de la pintura y un poeta”. Fernando tenía en ese momento apenas 17 años, y me cuenta que haber estado exponiendo allí, con esos 'grandes' del arte le parecía -y todavía hoy le parece-, algo extraordinario. “En el '78, gracias a la dictadura, me tuve que ir de la Argentina, porque ser artista resultaba ser 'peligroso'. Me fui a Brasil, donde estuve 4 años estudiando arte sacro en el Museo de Arte de Sao Paulo, alimentando mi parte mística. Volví a Argentina, en el '82, de visita… y me quedé. Ahí armé el taller de arte sacro, del que viví casi 15 años hasta que me contratan de la Basílica de San Francisco en Buenos Aires (Defensa y Alsina) para restaurar la capilla del Santísimo, que había sido quemada en el '55 en la Revolución Libertadora. A partir de esa obra me contacta el arquitecto Mora, director de Arquitectura de la Nación, para la restauración del palacio San Martín, ganándole la licitación nada menos que a Calcaterra. En restauración, mis trabajos más importantes son las tres fachadas de la Legislatura, los interiores del Palacio La Prensa, e intervine en todo el proyecto de restauración de la Catedral con el Arq. Poli, restauración que finalmente no se realizó”. Años más tarde --en el 98--, abrió su propia galería, la Galería Arte de Buenos Aires, hasta que cuatro años más tarde decidió venir a los Estados Unidos. ¿Por qué aquí y no Europa? Me llamaron para restaurar un teatro de New Jersey y aproveché para exponer en Nueva York. Estando aquí me propusieron restaurar un castillo en Toulouse (Francia). Luego me ofrecieron volver aquí para hacer una exposición en Los Angeles y terminé quedándome, porque esta ciudad es un lugar mágico, es una Babilonia, tiene 'algo' muy especial en el aire. Los Angeles tiene mucho misticismo, hay tanto artista aquí que se vuelve una adicción, esta ciudad se retroalimenta de lo que da y recibe. Los Angeles es mi lugar en el mundo, aun con el dolor permanente de ser un inmigrante, pero con la conciencia de no tener raíces, cosa que por un lado duele y por otro da una gran libertad. Quien no tiene raíces vuela muy tranquilo. En Los Angeles, presentó dos exposiciones en la NoHo Gallery: 'Feminine Mystic' y 'Latin Fusion'. Trabaja básicamente con el cuerpo humano, con el desnudo femenino. Su estudio es una galería, un derroche visual. Nos cuenta que aunque la mujer protagoniza su obra, algunas veces también pinta desnudos masculinos e incluso ambos, para plasmarlos en la combinación inigualable del erotismo. “Creo que el cuerpo femenino es belleza. Mi trabajo viene a partir de las emociones, no desde lo netamente visual. Me gusta buscar ese hilo conductor entre lo femenino y lo masculino y que mis pinturas hablen sin palabras. La presencia humana siempre estuvo en mi pintura… mi inicio fue un período primitivo picassiano, el africanismo, mucho color…” Y entonces vuelve al tema de los límites y nos cuenta de su último affaire con el arte. Nos dice que comprobó lo que es romper ese límite cuando a los 50 se hizo actor, una veta artística que no había sentido ni vivido anteriormente. “Fue el encuentro de un grupo humano sensacional, la Bilingual Foundation of the Arts, el Teatro Carmen Zapata, en donde estoy bajo la genial y estricta dirección de Margarita Galbán, con quien en este momento estamos a punto de estrenar La Jaula de las Locas, más precisamente el próximo 18 de abril. Mi papel es de comedia, en la obra interpreto a un travesti, que personifica a Paquita la del Barrio. La parte de la comedia es la cosa mágica de cada uno de los personajes, la enseñanza que transmiten. Le pregunto cómo y dónde se ve de aquí a 10 años… Toma un sorbo de vino y en esa ensoñación propia de quienes conviven con el arte contesta… “Artista en cualquier lugar del mundo. Y joven, siempre muy joven”. © |