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Ya en los Nidos de Antaño No Hay Pájaros Hogaño: El Refrán 26° parte Imprimir E-Mail
Escrito por Miguel Eduardo Garriga   
martes, 29 de noviembre de 2005
El título corresponde a unas de las últimas palabras de Don Quijote, ese popular manchego que sabía tener respeto hacia todas las instituciones. Sobre todo a la religión, la nobleza y la monarquía. Al mismo tiempo quería ser libre y consideraba importante reconocer la libertad de los demás.
Son tremendos los infinitos palos, porrazos y puñadas que recibió el héroe en sus aventuras, lo que se ha criticado a Cervantes. Todo esto cambia en la segunda parte, en la que el caballero de la triste figura no recibe ninguna paliza. Sin embargo al final, después de haber sido derrotado por el caballero de la Blanca Luna, que lo hace desistir para siempre al manchego del ejercicio de caballero andante, lo vemos que es abatido y humillado por una piara de puercos.
Y si bien esto se le criticó también a Cervantes, tal desventura revela un hondo sentimiento: siempre los Quijotes serán pisoteados y casi siempre en su final. Ese es y será el tributo que los idealistas han de pagar al instinto grosero de la masa ignorante que no los entienden y que se quedan indiferentes. Después de esa bofetada ellos pueden irse tranquilos, la eternidad se abre ante sus ojos.
Hamlet y Don Quijote, que aparecieron el mismo año, mueren de un modo patético. Las últimas palabras de Hamlet son hermosas, se humilla, se tranquiliza y pide a su fiel amigo Horacio que viva y sea partidario de Fortimbrás. “Todo lo demás es silencio” dice y calla para siempre.
El final de Don Quijote nos inunda de tiernos sentimientos, mostrándonos la grandeza de su alma. Cuando Sancho Panza para consolarlo, le dice que se ponga bueno, para volver a ir los dos en busca de aventuras, recibe la siguiente respuesta: “Vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño; yo fui loco y ya soy cuerdo; fui Don Quijote de la Mancha y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el bueno”. Quedamos sorprendidos porque este nombre es citado por primera y única vez
En sus cabalgatas, yendo Don Quijote a ver a su señora Dulcinea, ante lo que le dice Sancho Panza sobre ella, le incrimina: “Todos los vicios Sancho, traen un no se qué de deleite consigo; pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias.”
Sobre el hecho de que Don Quijote enviara a Sancho Panza al Toboso, ordenándole que no volviese a su presencia sin primero haber hablado de su parte a la señora; escribió su historia sin añadir ni quitar nada, porque: “La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua”.
“Yo iré y volveré presto” aclara Sancho Panza: “y ensanche usted su corazoncillo pues como suele decirse: “Buen corazón quebranta mala ventura” y que “Donde no hay tocinos, no hay estacas” y “Donde no piensan salta la liebre”.
En el capítulo donde se cuenta la aventura de un pastor enamorado, Don Quijote se encuentra con dos clérigos, estudiantes y labradores, y por llevar el mismo camino les ofreció compañía. Los estudiantes, que eran los que entendían de la flaqueza del cerebro de Don Quijote, lo invitan para que vea una de las mejores bodas y que los acompañe al pueblo de la novia, una labradora llamada Quiteria, la hermosa que se casará con un labrador llamado Camacho. Y si bien de acuerdo a algunos curiosos que tienen de memoria los linajes de todo el mundo, el de Quiteria aventaja al de Camacho, ya no se mira en esto, porque “las riquezas son poderosas de saldar muchas quiebras”.
Además le cuentan a Don Quijote que un zagal llamado Basilio que tenía a su casa pared y media de la de los padres de Quiteria, con el correr del tiempo se enamoró de ella. El padre de Quiteria decidió estorbar a Basilio, ordenándole a su hija que se casara con el rico Camacho. Le cuentan también las múltiples cualidades de Basilio y sobre todo que juega una espada como el mas pintado. “Por esa sola gracia le dice Don Quijote merecería ese mancebo casarse con Quiteria”.
Sancho Panza que venía escuchando, explota diciendo: “a mi mujer con esas, la cual no quiere sino que cada uno se case con su igual ateniéndose al refrán que dice: “cada oveja con su pareja.”
Un estudiante termina diciendo que después de saberlo Basilio, nunca más lo han visto reir ni hablar razón concertada, siempre pensativo y triste. Entonces Sancho Panza declama: “Dios que da la llaga, da la medicina”; “que nadie sabe lo que ha de venir” y que “de aquí a mañana muchas horas hay, y en una, y aún en un momento se cae la casa” y “entre el sí y el no de la mujer no me atrevería yo a poner una punta de alfiler porque no cabría”. Y por último agregó: “el amor mira con unos anteojos que hacen parecer oro al cobre; a la pobreza, riqueza y a las lagañas perlas”
En la aventura de la cueva de Montesinos, al despertar Don Quijote nos dice: “todos los contentos de esta vida pasan como sombra y sueño y se marchitan como la flor del campo”.
Con referencia a los ermitaños, Don Quijote saca la conclusión siguiente: “cuando todo corre turbio, menos mal hace el hipócrita que se finge bueno que el público pecador”.
En la aventura del rebuzno y la graciosa del titiritero Don Quijote cree que éste (Maese Pedro) debe haber hecho pacto con el diablo. De ahí Sancho Panza expresará: “si el patio es espeso y del demonio, sin duda debe ser muy sucio patio”. Y sobre la disconformidad de Don Quijote por las habilidades del mono con sus adivinanzas, Sancho Panza le recuerda: “sólo a Dios está reservado conocer los tiempos y los momentos y para El no hay pasado ni porvenir que todo es presente”.
Con respecto al refrán en latín vaya este: “nitis praelatus facit ignavos famulatus”. Desde esta nota y a pedido de algunos lectores los traduciremos: “El amo complaciente hace al servidor negligente.” Ø
 
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