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Juan Pablo II: el desafío del día después |
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Escrito por Walter Kaderabek
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martes, 29 de noviembre de 2005 |
¿Quién habrá querido que sea el 2 de abril? Justo el día del aniversario del desembarco argentino en las Islas Malvinas (otra de las tantas injusticias que el mundo se acostumbró a mirar con una aterradora naturalidad). Muere Juan Pablo II y los católicos y no católicos “de buena fe” en todo el planeta ven el final de una vida cuyo valor será resaltado por los tiempos de los tiempos. Juan Pablo II fue el primer Papa no italiano en 455 años y llevó a cabo un pontificado récord en viajes alrededor del globo. Prolífico en documentos (encíclicas y cartas apostólicas), fue además un protagonista decisivo en los cambios que atravesó Europa oriental a fines de la década de 1980. Una historia que lo muestra en su juventud como un individuo de talentos varios (deporte, literatura, política, etc.) y con un notable compromiso civil. Karol Wojtyla deja, en el inicio del tercer milenio, un legado que obliga a quien venga detrás suyo a ser partícipe activo de los sucesos políticos y sociales de toda la humanidad. Hoy, tan sólo 20 minutos de furia de un gobierno con capacidad militar nuclear pueden ser fatales para millones de personas. La falta de agua potable y alimentos tiene a una importante porción de la población de América, Asia y Africa sumidos en el caos y la miseria. Los líderes políticos discuten cuándo y cómo desarrollar maniobras militares a gran escala. La profilaxis y el aborto exigen una visión moderna para evitar padecimientos y muertes cotidianas por omisión o negligencia. La elección del nuevo pontífice, Joseph Ratzinger, determinará el papel de la Iglesia Católica en un mundo que necesita cambios, flexibilidad doctrinaria y mayor tolerancia. A menos de 24 horas de la muerte de Karol Wojtyla, el cardenal brasileño Claudio Hummes declaró ante la prensa que urge una renovación en la Iglesia para “adaptarse al mundo moderno”, ya que actualmente “la Iglesia no puede dar respuestas antiguas a preguntas nuevas”. Hummes afirmó también que “El próximo pontificado debe responder al progreso de las ciencias, especialmente las biológicas. Y además tendrá que enfrentar la creciente pobreza”. Por su parte (en sintonía con Hummes), el Cardenal Geraldo Majella Agnello, arzobispo de Salvador (Capital de Bahía) y Presidente de la Conferencia nacional de obispos de Brasil, declaró ante periodistas argentinos que “la Iglesia debe ser un ejemplo de encuentro. Debe mostrarse como clara promotora del entendimiento. Si no defendemos a los que sufren injusticias, la propia iglesia será castigada”. En la lista para suceder a Juan Pablo II se encontraban el propio cardenal brasileño Claudio Hummes; el patriarca de Venecia, cardenal Angelo Scola; el arzobispo de Milán, cardenal Dionigi Tettamanzi y algunos latinoamericanos como el venezolano Alfonso Lopez Trujillo y el cubano Jaime Lucas Ortega, entre otros. Esta vez no hubo sorpresas: el cardenal alemán Joseph Ratzinger, tal vez el candidato más fuerte de los que se venían mencionando en los días previos, es finalmente el nuevo líder de la Iglesia Católica. Han sido 117 los integrantes del Colegio Cardenalicio que eligieron al nuevo Papa. En ellos descansa la opción de una iglesia acorde con los nuevos tiempos sociales que vive la humanidad. De los 117 cardenales, 58 son europeos, 14 norteamericanos, 21 latinoamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y 2 de Oceanía. Todo un dato. Wojtyla puso su impronta de dinamismo con una gran presencia en numerosos países. También estuvo ausente en momentos claves como guerras y crisis diplomáticas de suma gravedad. El día después impone audacia y una conciencia suprema a los hombres de poder del Vaticano. Un futuro diferente parece estar en la visión que muestran los cardenales brasileños sobre los pasos a seguir. El desafío es grande; la puja de poder y la ambición también. Ø
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