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Malvinas son nuestros Veteranos y Caídos |
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Escrito por Juan Carlos Sánchez
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sábado, 24 de marzo de 2007 |
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El 2 de abril se cumplen 25 años del desembarco argentino en Malvinas Todavía resuenan los ecos de la aventura llevada a cabo por la dictadura, en aras de legitimarse ante una decadencia que, al poco tiempo, la obligó a una nueva salida electoral, tal como lo define Félix Luna en su obra “Golpes militares y salidas electorales”.
Jóvenes apenas instruidos y poco pertrechados, junto a quienes se forjaron en los institutos y colegios militares, fueron enviados a una guerra con final anunciado pues, en el sano juicio de muchos, se sabía del apoyo del Imperio a su madre imperial. Hoy, esos jóvenes son adultos y algunos de ellos pasan las mayores penurias económicas y sociales, apenas atenuadas por el modesto reconocimiento de la demagogia de los políticos de turno y de aquellos que vivimos en aquella época tan problemática y febril. Después de las infinitas amenazas recibidas a su regreso tras la rendición, del desamparo absoluto del régimen militar con respecto a las secuelas físicas y psicológicas de la guerra, todavía siguen exigiendo ocupar su lugar en una sociedad indiferente y frente a un Estado autista que poco o nada hizo por asistirlos. El síndrome de irrelevancia que afecta a las personas con discapacidad, a pesar de su reconocimiento jurídico por parte de la dictadura del 76, envuelve y asimila a este colectivo tan desprotegido. Se los ningunea, pese a las palabras de elogio de los oportunistas y al aumento de sus pensiones, como si quisieran comprar su silencio, para que no reclamen por un justo reconocimiento social y estatal mientras muchos de quienes estuvieron en las Islas se han suicidado, a causa de ello. No basta con darles pensiones, hay que homenajearlos porque ellos son quienes pusieron el pecho a las balas, gracias a una dictadura sombría que los hizo crecer de golpe. También hay que asistirlos desde lo social y desde lo sanitario, teniendo en cuenta la precariedad de su existencia junto a sus familias y las secuelas imborrables que anidan en su cuerpo y en su mente. Mientras muchos mirábamos la televisión, ellos estaban allí, tiritando de frío y de miedo a pesar de las 24 horas por Malvinas, conducido por Pinky y Cacho Fontana, un show en el que el pueblo había donado parte de su patrimonio y en donde nuestros niños y jóvenes habían aprendido la palabra solidaridad, enviando generosas cartas. Sin embargo, siguieron desamparados porque nunca llegó nada, ni una palabra de aliento, ni un mísero chocolate... Hoy, a 25 años de la guerra de Malvinas, no podemos dejarlos de lado. Ellos fueron, son y serán nuestros héroes, los propios, los que tendríamos que alentar a su propia superación porque han contribuido, más allá de la irracionalidad de Galtieri y sus secuaces, al izado de nuestra bandera en una tierra que es nuestra. De igual manera, tampoco debemos olvidarnos de los caídos en Monte Longdon y en las cercanías de Puerto Argentino, porque ellos también son parte nuestra, son los que han pagado con su vida por una utopía que sigue morando en la conciencia de cada argentino cabal. Los que están y los que no están fueron quienes hicieron posible, tal vez, una de nuestras mayores epopeyas, lo cual debería llevarnos a la reflexión y a brindarles nuestro sincero, sencillo y continuo homenaje.† |