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O COMO HECHIZAR AL PUBLICO CON TALENTO Y SENCILLEZ La presentación del cantautor uruguayo Jorge Drexler el pasado 12 de marzo en Los Angeles marcó su segundo concierto en esta ciudad desde que su “Al otro lado del río” fuera la primera canción extranjera en ganar un Oscar. Desde una sala mucho más grande, esta vez Drexler convocó a un público que -según su propia encuesta- era mayoritariamente no hispano parlante, que lo sigue por su voz y música y no por la poesía e inteligencia que despliega en sus letras. De entrada hizo suya la noche logrando una atmósfera totalmente íntima, comunicándose con su público con pícara habilidad en inglés y español. Y eso es lo suyo, crear esa complicidad que para los que entendemos español, trasciende las palabras y transforma sus letras en la realidad de lo cotidiano, donde se reconocen esos lugares comunes por los que todos pasamos. Su lectura de la realidad aborda así las relaciones, el amor, nuestro origen, el mundo que nos toca vivir y se permite a veces bromear con la filosofía y sus principios, en un lenguaje simple pero sutil, donde la globalización, la religión y nuestra propia identidad llegan de una forma calma pero certera con un mensaje a veces nostálgico, pero siempre optimista. Drexler no desplegó más que su arte, puro y sin distracciones, acompañándose sólo con su voz y su guitarra, y sólo se interrumpió para rendirle tributo a ese público que acompañaba sus canciones maravillándose de cuántos conocen sus versos, demostrando que si desde el público se lo seguía con total admiración, también desde su lado él sabía apreciar ese reconocimiento. Como es su estilo, después del concierto se dispuso a dedicarles tiempo a sus seguidores, para las clásicas fotos y autógrafos; una larga cola se fue formando de público ávido por compartir un momento con el cantautor hasta que él mismo, desbordado por el cansancio después de su actuación y en el medio de una larga gira por distintas ciudades de Estados Unidos, se levantó a recorrer la fila, disculpándose persona por persona por no poder dedicarles más tiempo. †
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