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Dos Gestos En La Historia De Un Bonaerense: Duhalde Y Su Destino |
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Escrito por Walter Kaderabek
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martes, 29 de noviembre de 2005 |
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Eduardo Duhalde llegó al gobierno nacional como Vicepresidente de Carlos Menem y pasó a encabezar el gobierno provincial bonaerense para articular, como un hábil jugador de ajedrez, un aparato electoral inmenso que lo respalda y que lo ha sostenido durante estos últimos años. Era la época del miedo atroz a la inflación. Su ambición política debió esperar cuando el riojano acordó con Raúl Alfonsín la Reforma Constitucional de 1994 que le dio sustento legal a la reelección menemista, y por extensión a las privatizaciones de empresas nacionales y el Uno a Uno. El pueblo (en particular los sectores medios y humildes) que votó la convertibilidad de Cavallo en medio de una comparsa para pocos, pagó muy pero muy caro el veranito primer-mundista... En 1997 el Caso Cabezas dejó bien en claro cuan oscuro era el enfrentamiento entre Menem y Duhalde por aquel entonces. Se escuchó decir: “le tiraron el cadáver de Cabezas (en el camino)”. Así fue que debió masticar su derrota en las presidenciales de 1999 frente a la Alianza que llevó a Fernando de la Rúa al poder. Pero claro, tanto De la Rúa como Graciela Fernández Meijide demostrarían en tiempo récord la diferencia abismal que hay entre un cargo de legislador y un cargo ejecutivo, con sus respectivas dificultades de gestión implícitas en cada decisión. Entre tanto, el “muchacho bonaerense” iba gestando su acceso, por otra vía, a la presidencia de la nación. Vino la pesificación, y la promesa de Duhalde de finalizar su gobierno el 25 de mayo del 2003 y alejarse para siempre de la arena política... No le creían. Costaba bastante confiar en la palabra de un político argentino allá por el año 2002 (ciertamente, esto no ha cambiado demasiado hoy en día). Frente a un contexto político, social y económico sin precedentes Duhalde debía buscar un candidato para el aparato electoral que había construido, ahora con cabeza atrofiada por su desgaste público. Néstor Kirchner se convirtió así en el hombre viable (digerible) de esa elección, porque en verdad no contaba con demasiadas alternativas, considerando que por otro lado se presentaban las listas de Menem y Adolfo Rodríguez Saa. El santacruceño se presentaba como algo sutilmente potable para tanto votante descreído. Así llegó Kirchner, así se fue Duhalde; por la presión misma de los acontecimientos de la crisis general argentina. Es que los políticos que supimos conseguir son hijos del rigor... Duhalde encabezó su gestión bonaerense acompañando la presidencia de Menem con un plan de educación en claro deterioro y la exclusión social en estrepitoso ascenso; un sistema de coparticipación que abrió grietas en la relación con las demás provincias; un sistema de seguridad sin la depuración y la instrucción necesaria para dar respuesta a la lucha contra la delincuencia. Los resultados de su gestión en la provincia más importante del país (por población y peso económico) se vivieron penosamente entre el año 2000 y el 2004. Un aterrador paisaje que dejó la convertibilidad ampliada e insostenible de 1995 al 2001. La Nación necesitaba de gestos hacia el 2003. Duhalde pudo, o mejor dicho, puede generar dos ellos; dijo que se iba y se fue. “También dijo que no regresaría a la presidencia. Eso está por verse” Abril del 2005 en Roma; los unió un café, a metros de las exequias del Papa Juan Pablo II. Carlos Menem y Eduardo Duhalde, con Ramón Hernández como testigo. La vieja política parece la única posible en este infierno poblado de figuras del pasado que el país no ha logrado aun enterrar. Ahora Cristina se escribe con K. En el año en que Kirchner desea plebiscitar su mandato emerge la figura de Cristina Fernández, primera dama y Senadora nacional. La idea es acumular poder en la provincia de Buenos Aires, hoy territorio clave para el control electoral y en las cámaras del Congreso. “De no ser por su condición de mujer -y a juzgar por su capacidad y buena imagen- quizás hoy hubiese estado Cristina y no su esposo a cargo de la presidencia de la nación”. La personalidad atractiva y su carácter han merecido el comentario de varios periodistas parlamentarios que cubrieron las comisiones que ella integró. La senadora es joven y portadora de una capacidad de convencimiento importante a la hora de negociar en la mesa “multisectorial” donde se definen intereses de mediano plazo. El que deberá recorrer es un camino con varias curvas peligrosas; la historia de las mujeres en la política así lo demuestra. A ella los errores le van a costar más caros que a cualquier otro candidato hombre. Le tendrán menos paciencia y la crítica -tanto del sector político como de los medios- será feroz. Pero también es cierto que su figura implica una enorme oportunidad para la consolidación de la actual gestión, sobre todo en lo referente al dominio real del poder en la Argentina. Ø
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