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Escrito por Santiago Barbalace
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sábado, 20 de enero de 2007 |
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- Opinión - El furor del I-pod es indiscutible; es el juguete tecnológico más exitoso de nuestros tiempos, al punto que ha cambiado la manera en que compramos música. Pero pensar que un I-pod puede suplantar a un DJ para una boda es como pensar que se puede usar el “value menu” de McDonald’s para darle de comer a sus invitados. Ultimamente, revistas de renombre internacional dedicadas a bodas han estado publicando notas acerca de los casamientos musicalizados con I-pods, y cómo uno puede ahorrarse dinero; sin embargo, ninguna de esas notas menciona qué porcentaje de estas fiestas resultaron exitosas. Un DJ no es simplemente alguien que empuja discos toda la noche... Desde el punto de vista económico, a menos que esperes que los invitados escuchen la música desde un par de auriculares, necesitarías un equipo profesional al cual conectar el I-pod. El alquiler de un equipo básico es más o menos de $400 por noche; el envío de los equipos a un salón y la instalación del mismo, se puede pagar por lo menos $175. Un buen juego de luces costarían aproximadamente unos $200. Como se ve, no resulta tan “baratito” como dicen esas notas. Desde el punto de vista práctico, un buen DJ, trae su propio equipo de luces y una colección de por lo menos 30 mil canciones. En cuanto a la música, es un arte armar una noche: uno puede programar hasta cierto punto lo que se va a escuchar, pero durante la fiesta hay que hacer ajustes dependiendo de la respuesta de la gente. Mantenerse en una tabla de tiempos que la mayoría de las veces se atrasa y/o se cambia, es imposible. Nos preguntamos si un I-Pod podría hacer todas esas cosas... †
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