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Leyenda del litoral: La Iguana |
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sábado, 20 de enero de 2007 |
En un pueblito del litoral argentino, vivía una mujer pobre y por sobre todo sumamente haragana. Nunca había trabajado ni se había molestado por procurarse un hogar; de hecho, todas sus posesiones se limitaban a una vieja frazada, ya muy gastada y sucia de tanto uso. Tan rota estaba, que por las noches, al taparse, sus pies, sus rodillas y sus brazos quedaban al aire.
Allí, atormentada por el frío, pensaba: “Hoy no he tenido ganas, pero mañana voy a coser todos estos agujeros...” Sin embargo, al día siguiente prefería tirarse al sol sin hacer nada, hasta que llegaba la noche y se repetía el caso. Por la noche padecía el frío y otra vez se arrepentía de no haber hecho nada para solucionarlo. Pasaron los días y los meses y llegó el invierno y el frío se hizo más intenso. Su frazada, ya convertida en un trapo mugriento, se fue gastando hasta quedar tan sólo unas pocas hilachas. Así fue que debió refugiarse por las noches en las cuevas de los zorros y otros animales salvajes, o dormir acurrucada en el interior de troncos huecos para no morirse de frío. Se dice que Dios, cansado de darle oportunidades para mejorar su situación, condenó a la mujer a convertirse en un animal de piel rugosa y de color indefinido, tal como era su vieja frazada. Así nació la iguana, quien durante el día holgazanea entre las rocas y por las noches duerme en estrechas cuevas para protegerse del frío. † |