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En esta columna que inauguramos en el presente número, consultamos a miembros de la comunidad argentina sobre diversos temas de actualidad. Este mes opinan de la renovada popularidad de nuestra música ciudadana.
¿A qué se debe el resurgimiento del tango en Argentina: a una mera estrategia comercial para atraer turistas extranjeros o al impulso de los jóvenes músicos locales? Lucio Arce Cantautor de tango A ninguna de las dos. Se debe a que el tango se ha puesto de moda en Europa y en el mundo en general, y eso ha despertado el interés de muchos argentinos por el género. Por otras razones, la Argentina se ha vuelto un gran destino turístico para los viajeros de todo el mundo, y la mayoría quiere ver y escuchar tango cuando viaja a la Argentina. Esto es excelente, porque provee una fuente de trabajo a músicos, bailarines y toda la gente involucrada en la organización de espectáculos, además de la oportunidad de salir de gira por el extranjero. También ha promovido la inquietud en otros artistas que están escribiendo tangos nuevos. Este es un mercado difícil, porque los turistas quieren escuchar Caminito, La Cumparsita y El choclo, mientras que el público argentino prefiere los clásicos que están de moda: Los mareados, El corazón al sur, Los cosos de al lao', Naranjo en flor, etc. Son pocas las naciones que pueden reclamar para sí la pertenencia de una música tan buena como el tango. El tango captura nuestra identidad en su más alta expresión. Es un fabuloso tesoro cultural que muchos argentinos todavía tienen que llegar a conocer y amar. Es una pena que en la radio lo pasen tan poco. Mónica Orozco Directora artística de “Argentango" Si nos remitimos a los cien años de historia del tango vemos que han sido los músicos los que marcaron la diferencia incorporando nuevos sonidos, instrumentación, afirmando sabores y creando nuevos colores a la paleta tanguera. Así se ha modernizado, se ha ido afirmando el sabor de una música que tiene que ver con un estilo de vida, hasta convertirse en una forma de arte. En el caso del bailarín, su función se remitió a darle formas de movimientos a estos nuevos sonidos. El dramático crecimiento de este arte nos lleva a un espectro de definiciones casi piramidales: la música, la danza, la poesía, la interpretación vocal e instrumental se convierten en los cuatro pilares de este “art form”; las cuatro nobles verdades, que define una corriente filosófica. El tango como realidad oblicua, crea lazos con la realidad, realidad que podemos ver representada en el fuelle de un bandoneón, o en las piernas y brazos de un bailarín. Como cultura en sí mismo, vive su propio universo, su propia atmósfera, tiene sus propios códigos, su propia estética corporal, su propia ropa, sus propios gestos, su propio vocabulario, su propio arte, su propio rito y su propia historia. La necesidad de un país por existir, respirar, por sobrevivir, tal vez hace prostituir a su "hijo pródigo", pero también alimenta la insaciable necesidad de un creador de contar con su instrumento, a quien el tango ama hoy. † |