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Heroínas del tango: Amanda Ledesma porteña de ley |
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Escrito por Rodolfo Spadano
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martes, 29 de noviembre de 2005 |
Casi todas las grandes cancionistas que hemos estado recordando recientemente debutaron antes del año 1930. Sin embargo, su fama o mejor dicho su explosión a nivel popular, se produce con la aparición y auge de la radiotelefonía. Entre las grandes artistas que salieron a la luz en la década que va de 1930 a 1940 aparecen Tita Merello, Nelly Omar, Dorita Davis y quien es motivo de nuestra nota de hoy: Amanda Ledesma. Nacida en la víspera del año nuevo, un 31 de diciembre de 1911, su verdadero nombre era Josefina Rubianes Alzuri. Fue tal vez la única que llegó a disputarle el cetro de popularidad a Libertad Lamarque, a quien curiosamente la unen otras semejanzas. La primera es que las dos tuvieron una carrera extensa y exitosa en el cine, alcanzando ambas una proyección interamericana, principalmente a través de las películas que filmaron en México; la otra similitud es que las dos se radicaron en ese país en 1944. Josefina era cadete en la mercería La Fama, en Bartolomé Mitre 750, cuando debutó bajo el nombre de Amanda Ledesma en el cine Gaumont. La cantante tuvo tanto éxito que saltó inmediatamente a la radio; primero a Radio Prieto y en seguida a Stentor y Excelsior, en donde en 1934 dejó de ser acompañada por un trío desconocido de guitarristas -que era lo habitual- para ser secundada por una orquesta a todo trapo, dirigida por el maestro Caló. Luego vinieron Radio Splendid y Belgrano, después París y su vuelta a Radio Prieto, en donde ya le pagaban 200 pesos por audición, en momentos que esa radio revive sus viejos esplendores bajo la dirección de Roberto Gil. Comenzó entonces a aparecer en teatros de revista de gran categoría, con las vedettes Carmencita Lamas y Paquita Garzón, y con la inolvidable y aclamada vedette francesa de fama internacional Josefine Baker. Llevada casi a la fuerza para hacer una prueba cinematográfica por Chas de Cruz, debutó con gran éxito en “Dancing”, a la que siguieron “Canillita”, “Melodías porteñas” y “El último encuentro”. Para entonces, alrededor del año 1939, Hollywood decidió resucitar el mercado de habla castellana -el mismo que había tratado de explotar diez años antes- contratando a figuras jóvenes, bellas y carismáticas como Jorge Negrete y Arturo de Córdoba, de México, Alberto Vila, del Uruguay y Amanda Ledesma; también contrataron a Azucena Maizani (La Ñata Gaucha), quien se encontraba de gira por Estados Unidos. Las películas en castellano hechas en los Estados Unidos no habían tenido demasiado éxito, más que nada por la diferencia en los modismos de cada pueblo; los estadounidenses, tratando de complacer a todos, al final no complacían a nadie. El productor que había llevado a Amanda Ledesma quebró y sólo quedó Arturo de Córdoba, filmando en inglés; pero Clemente Lococo la trajo de vuelta para filmar exclusivamente con EFA. Con ellos, Amanda hizo numerosas películas exitosas, con actores reconocidos: “De México llegó el amor”, con el rey de la canción jarocha, Tito Cuizar; “El astro del tango” y “La novela de una joven pobre”, con Hugo del Carril, “Papá tiene novia” y “Peluquería de señoras”, con Luis Sandrini, y también “Si yo fuera rica” y “Mañana me suicido”, en 1942. A partir de entonces y con el afán de conocer nuevos horizontes, como decía ella, sale de gira por Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela y México. La acompañaba constantemente Hector Stampone, quien tocaba el piano, hacía las orquestaciones y dirigía cualquier orquesta local que se pusiera a tiro. Aquí comienza una historia rara, una historia de la que tal vez hablemos más adelante, porque detrás de Amanda Ledesma se fueron del país prácticamente todos los grandes solistas, hombres y mujeres. Las melodías tropicales invadieron Argentina y el vacío dejado por esa plétora de grandes cantantes fue ocupado por las orquestas típicas. Amanda Ledesma, porteña de ley, falleció en su Buenos Aires querido el 19 de febrero del año 2000; un día gris para los ojos y para el alma de los tangueros. Ø
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