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CINE ARGENTINO - Diciembre 2006 |
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Escrito por Liliana Cáceres
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miércoles, 22 de noviembre de 2006 |
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Cautiva en Estados Unidos Hace un par de años supe de un director argentino que vivía aquí en Los Angeles y que estaba trabajando en su ópera prima. Me contacté entonces con Gaston Birabén, quien ha trabajado profusamente en el campo del sonido cinematográfico desde la década de los 90. Entusiasmado, me habló de Cautiva y de los festivales a los que asistiría una vez finalizada. Hablaba con pasión, esa misma pasión con la que logró abordar un tema por demás sensible sin teñirlo de dramatismo, recurso que más de un cineasta hubiese utilizado golosamente. Como todo primer proyecto tomó su tiempo… pero valió la pena, porque hoy la película cuenta con distribución nacional a través de la cadena Laemmle/Zeller Films, por lo que ya se la puede ver en salas y también en DVD, contando además con cinco premios (Toulouse, San Sebastián, La Habana y dos Cóndor de Plata) y seis nominaciones en diferentes categorías. Protagonizada por Bárbara Lombardo, Susana Campos y Hugo Arana, Cautiva es la historia de Cristina Quadri, a quien repentinamente le informan que su nombre real es Sofía Lombardi, sus padres no son quienes han sido hasta ese momento y su edad y fecha de nacimiento son diferentes a los que figuran en su DNI. A pesar de sus esfuerzos por seguir siendo quien ha sido hasta ese momento, lo único que mantiene igual -y lo que la ha conducido a esa pesadilla- es su sangre. La trama psicológica por la que le toca transitar de un momento para otro la llena de miedos y recelos. Sus propias investigaciones le permiten cerrar el círculo de verdades que abrió su familia de sangre y la Justicia y el círculo de engaños que mantuvieron sus ‘padres’ durante toda su vida. La película es de una factura impecable, sin los excesos meticulosos típicos de un debut, lo que agrega aun mayor valor a su producción. Una cuidadosa iluminación, la buena elección de las figuras centrales, la música apropiada y su dinámica estable a lo largo de sus casi dos horas permiten que el espectador se meta en la historia sin interferencias, lo que habla muy bien del trabajo de su director. Para la comunidad argentina, la historia es profunda, dolorosa y desgarradora en sí misma, porque sabemos que es cierta y nos cachetea sentir lo que pasa dentro de aquellos que tuvieron la desdicha de vivirlo en carne propia. Ø
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