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Orgullo Argentino: Guillermo Bordarampé |
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Escrito por Rodolfo Spadano
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sábado, 30 de septiembre de 2006 |
Nació en el barrio de Flores -Rivadavia y Carabobo- no voy a decir cuando, aunque bromas aparte, es más joven que el que escribe. Guillermo es argentino de pura cepa, de padre porteño y madre pampeana; el rimbombante apellido vasco viene de muchas generaciones atrás. Ingeniero frustrado, a los dos años de estudio dejó las escuadras para prenderse a la guitarra, tal vez porque la guitarra, como la mujer, tiene cintura.
Delgado y elegante, con un dominio perfecto del inglés, tanto como del castellano, habla siempre como si estuviera midiendo las palabras con un centímetro. El cambio de volumen no entra en su enfatización; sus elogios y sus quejas son todos gramatizados. Junto con mi amigo y socio Angelo, he estado por mucho tiempo haciendo las escenografías e iluminaciones para sus espectáculos y nunca lo he escuchado gritar en un ensayo. ¿Se imagina eso en un director de producción? En Guillermo, como en el filósofo, las palabras que dice son más importantes que su volumen. Estar en uno de sus ensayos sorprende, porque aparenta dejar a los artistas proceder con sus modismos y sus personalidades, pero a la hora de actuar sus obras fluyen sin interrupciones inesperadas, como un reloj. Bordarampé no es sólo un gran director, sino un eximio guitarrista y creador en todos los detalles. Por supuesto, muchas de esas virtudes son patrimonio de artistas argentinos que residen en Estados Unidos, sin embargo ni los más famosos nombres presentados han llenado los teatros consistentemente, como lo ha hecho Guillermo. Otra cosa curiosa es que, especialmente en el Anfiteatro Ford, la concurrencia es una mezcla con gran porcentaje de estadounidenses. ¿Por qué? Mi experiencia con argentinos talentosos con quienes he hablado es que piensan que con su arte basta. Das una tarjetita y te llaman. Guillermo cree en eso que aquí se llama marketing: si hacés que una cosa se conozca, se vende. ¿Se acuerda de los pet rocks? En eso cuenta con la inapreciable ayuda de su esposa Joyce. Desde el momento que intercambié las primeras palabras con ella, me di cuenta de la importancia de Joyce. El mismo hablar suave y culto de su esposo, la misma actitud idealista, pero en su mirada te das cuenta de que hay algo más. Inmediatamente imaginé que esta persona, en tiempos no muy lejanos, fue fan de Los Beatles, Simon & Garfunkel, Peter, Paul & Mary, Joan Baez y compañía, y que es ahora el fuego y el sentimiento detrás de la producción de Guillermo. Quiero agregar, como acotación al margen de la música -pero que sigue siendo arte- que Joyce hace un rissotto que daría envidia a muchas italianas, incluyendo a mi madre. Guillermo es además fundador y director del grupo “Inca”, dedicado a la ejecución y difusión del folclore peruano, en sus dos facetas: la música del altiplano, similar a la del norte de Chile y Argentina y el sonido “afro”, producto de la esclavitud y que, aunque nunca fue mi música predilecta, en los pies y la cintura del grupo de Guillermo, pueden convertir a cualquier incrédulo. Con respecto a sus futuros planes de producción, Bordarampé adelantó que en julio del 2007 presentará en Los Angeles al conjunto chileno “Inti Illimani”, en mi opinión el mejor grupo de música andina del mundo. ¿Se imaginan veinte instrumentos musicales en el escenario, incluyendo un clavicordio? Su otro gran proyecto, para el mes de agosto del 2007, será de interés de todos aquellos que aman a nuestro tango, cualquiera sea su nacionalidad: la obra “Tango de ayer y de hoy”, una historia que no se ha contado y debe contarse, sobre todo en estos tiempos de revisionismo histórico. Alguien tiene que repetir la verdad que alguna vez dijo el gran Ramón Gómez de la Serna: “El tango eleva lo plebeyo a lo culto”. Ø |
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