|
El Condado de Los Angeles, a través de su Comisión de Artes, continúa agasajando a las diferentes comunidades residentes en esta ciudad con sus shows que cada fin de semana se presentan en el Ford Anphitheatre de Cahuenga Blvd. y Muholland Dr. Todos los fines de semana se desarrollan por lo menos cuatro espectáculos, incluyendo programas didácticos de música y danza orientados a los niños, que se dan algunos sábados por la mañana. Siendo tan variada y colorida la mezcla de comunidades locales, las cuales cuentan cada una con su espacio en la programación, el pasado mes nuestra comunidad argentina tuvo su participación con la presentación de una proyección cinematográfica retrospectiva. El evento fue organizado en conjunto con el Consulado de la República Argentina en Los Angeles, representado por el Cónsul Fernando Brun y el Sr. Michael Díaz, en representación de la Cinemateca Latinoamericana de Los Angeles. Ellos hicieron entrega de un reconocimiento especial al renombrado músico argentino Emilio Kauderer, autor de la música de la película que se proyectó ese día, entre otras muchas. La película presentada fue Ultimos Días de la Víctima, un thriller argentino de los años ochenta, basado en la novela homónima de José Pablo Feinman. Fue una extraña sensación que nos remontó a aquella época de impunidad sin límites, en una Argentina en la que la alianza entre el mundo de los negocios y la gente poderosa empezaba a ser denunciada sin empachos a través de la cinematografía de entonces. Ultimos Días de la Víctima (1982) La historia se centra en un asesino a sueldo, Mendizábal (Federico Luppi), para quien sus días transcurrían al compás de la vida de sus víctimas: siguiéndolos, documentado sus actividades, espiando sus estilos de vida y relacionándolos con el contexto, hasta ese día final en el que una simple bala daba por finalizado su contrato. Su supuesta víctima –aunque mas tarde un giro violento cambiará la dirección de la historia- es envuelta en una telaraña de paranoia y misterio, y rindiendo homenaje a La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, y La Conversación, de Francis Coppola, Aristarain va creando con minucia una atmósfera de intriga y suspenso que se agudiza hacia el final. El contexto sociopolítico corrupto e impune está fuertemente sugerido a lo largo de toda la película. La opacidad moral y psicológica de un protagonista que no es un héroe en la historia, constituyen la piedra angular para develar a partir de él una Buenos Aires subterránea --o no tanto-- nutrido de personajes siniestros que caminan sus calles sin alterar los ‘tranquilos’ días bonaerenses de la época. Su director, Adolfo Aristarain (La parte del león, Tiempo de revancha), nacido en Buenos Aires en 1943, se propuso demostrar que una película de género al estilo del cine negro norteamericano podía rodarse lejos de Hollywood y logró captar la atención de la crítica cinematográfica argentina al mostrar una Argentina contemporánea desde una ideología denunciante y audaz, lejana a la característica de la época. Parte de la fórmula exitosa fue la utilización de la marcada escuela hollywoodense en la presentación de la historia envolviendo un contenido social documental. Aristarain fue uno de los pioneros en el país en dejar de lado la perspectiva personal de una historia para darle ese toque de perspectiva social que caracterizan sus películas. Ø
|