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Astor Piazzolla, una banda de sonido para Buenos Aires |
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Escrito por Ian Spik
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martes, 22 de agosto de 2006 |
La música de Astor Piazzolla ha llegado a todas partes del mundo; algunos de sus temas pueden considerarse como estrofas de un nuevo himno nacional argentino. Tan sinónimos como “El Diego” y el gaucho, cuando se habla de lo que se considera autóctono, sus tangos marcaron una nueva definición de lo que se percibe de la ciudad de Buenos Aires. Su música continúa inspirando a quienes la escuchen, y alienta a los nuevos vanguardistas del tango moderno que continúan la evolución de esta música como una representación de lo que es Argentina y su capital.
Recuerdo mi primer encuentro con “El Gran Astor.” Era una noche de primavera en la casa que alquilábamos en Marina Del Rey, en el año 1995. Yo tenía siete años, recién cumplidos, y me interesaba no más en mis libros de ciencias, mis clases de natación, y mis tardes mirando la televisión o jugando con mi abuelo. Hacía unos cuantos años que nos habíamos radicado en los Estados Unidos, y recién comenzaba a descubrir mi interés en la música. En esos años, en mi casa se escuchaba algún que otro disco o cassette de Serrat, Baglietto o Fito Páez (aunque yo pedía con mucha ansiedad que pongan mi disco favorito de Les Luthiers, un grupo que descubrí ese mismo año), y entre mis otras actividades, la música no era muy importante. Si se escuchaba tango en casa, casi siempre era un cassette de mi abuelo con grabaciones de Troilo, Gardel, y otros autores anteriores al “tango nuevo.” Pero esa noche cambió todo. Mis padres estaban preparando un video con imágenes y música de Argentina, y entre ellas había un video cassette de turismo argentino en el que se mostraban imágenes de Buenos Aires. Más que nada, me sorprendió la música que le habían puesto a la grabación. Reconocí que era un tango por el sonido inconfundible del bandoneón, pero no se parecía en lo más mínimo a lo que había escuchado antes. Era un tango moderno, urbano, rápido; con mas energía que melancolía; con ganas de vivir. Claro, mi definición no fue tan clara entonces, ya que era muy pequeño. Creo que mi pregunta se parecía más a la siguiente: ¿Qué tango es éste? Suena diferente. Con una sonrisa, mi papá respondió: “Se llama Libertango, un tema de Piazzolla”. Mucho más no investigué, ya que en esa edad con conocer el nombre de la canción mi curiosidad estaba satisfecha. En otras ocasiones me volví a encontrar con Libertango, no sólo en otros videos de turismo, si no en casi todas las cosas que eran sinónimo de Buenos Aires. No fue hasta que comencé a tocar música en las orquestas de mi colegio que pude apreciar con más interés a la música en general. Casi seis años después, la colección de tango en mi casa había crecido. Además de Troilo y Gardel, se podían oír por los pasillos de mi casa (que también había cambiado, ya vivíamos en West Covina) las composiciones de D’Arienzo y Pugliese, las voces de Goyeneche y Tita Merello, y las letras de Discépolo, entre otras. Pero cuando escuchaba un tema de Piazzolla, cambiaba todo. Era una sensación completamente extraña, que creaba en la imaginación una imagen actualizada de Buenos Aires. Iba más allá del compadrito y del hombre de la esquina rosada; la música emulaba la velocidad carismática del centro; el ritmo seguía el pulso del corazón de la ciudad. Era un sonido moderno, cosmopolita, y creativo. Ya había crecido y mi interés en la música era mas maduro; entonces decidí buscar mas información sobre el autor. Astor Pantaleón Piazzolla nació en Mar del Plata el 11 de Marzo de 1921, y a los cuatro años su familia se radicó en Nueva York, en donde permaneció hasta que Astor cumplió los 15 años. A los ocho años, su padre le regaló su primer bandoneón, su instrumento por excelencia. Comenzó a estudiar piano y música clásica en Nueva York y después de vivir en Mar del Plata durante dos años, decidió probar suerte tocando tango en Buenos Aires. Dos años después encontró ese éxito que deseaba, luego de incorporarse como bandoneonista en la orquesta del gran Aníbal Troilo, que llegaría a ser uno de sus maestros. A principio de los años cuarenta, Piazzolla ya sentía la necesidad de avanzar musicalmente. Comenzó a hacer arreglos más modernos y elaborados (muchas veces tan complicados que Troilo necesitaba alterarlos para no espantar a los bailarines de pista). Durante la década, dejó la orquesta de “Pichuco” y continuó sus arreglos y composiciones (de música clásica y de tango). En 1953, ganó el concurso de composición Fabien Sevitzky, con su obra “Buenos Aires,” y recibió como premio una beca para estudiar con Nadia Boulanger en París (en esa época considerada una de las mejores instructoras musicales del mundo). Aquí, Piazzolla trató de ocultar su pasado tanguero, pero después de confesar e interpretar su tango “Triunfal” ante Boulanger, ella lo alentó a seguir con su estilo propio. Piazzolla retornó al tango, al bandoneón, y a Buenos Aires. En esta época, Astor comenzó a incorporar elementos radicales en el tango. Agregó la guitarra eléctrica al concepto del conjunto de tango en su Octeto Buenos Aires, y hasta llegó a utilizar elementos de música jazz en sus obras. En las próximas décadas agregó nuevos timbres al sonido, con sintetizadores, teclados eléctricos, flauta, percusión (en particular la batería), y produjo una impresionante lista de composiciones, tales como mi querido “Libertango”, “Adiós Nonino”, “Bandoneón”, “Invierno Porteño”, y “Mumuki”. En estos años hizo una colaboración con el saxofonista de jazz Gerry Mulligan, famoso por sus grabaciones individuales, y con el Quinteto de Miles Davis (un favorito personal por mi interés en el jazz), e hizo varios giras por el mundo, llevando el sonido del “tango nuevo” a todos los continentes. Su prolífica carrera cubrió mas de cuarenta años como músico y compositor, y cambió la cara del tango tradicional por completo. En los últimos años he coleccionado varios discos y compilaciones de Piazzolla y nuevos grupos de tango que continúan la evolución del sonido que dejó de crear Piazzolla después de su muerte en 1992. Con cada reencarnación del tango nace un nuevo sonido que siempre viene de la misma raíz. Ya sea un trío de piano, violín y guitarra, una orquesta completa, o un grupo moderno con instrumentos electrónicos, el tango sigue siendo un reflejo de Buenos Aires que sólo cambia con la época y con sus estilos. Astor Piazzolla fue uno de los verdaderos maestros que vio a Buenos Aires crecer y, al mismo tiempo, hizo que el tango crezca con ella. Ø |
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