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Ante todo quiero pedir disculpas por la traducción literal, que realmente no dice nada. The ugly american es un título que los estadounidenses se impusieron a sí mismos para explicar sus malas relaciones cuando visitan países extranjeros occidentales. Lo que quieren decir por feo es malo, arrogante, odiado por todos. Feo de una manera espiritual. ¿Y saben qué? Están equivocados. Con la excepción de los países del Medio Oriente, donde Estados Unidos es el “Gran Satán”, los estadounidenses no son odiados ni despreciados en el extranjero, especialmente en las grandes ciudades cosmopolitas: París, Roma, Madrid, Ciudad de México, Buenos Aires, etc. Es más, donde una vez París fue el árbitro de la moda, hoy, con excepción de la alta costura, la tendencia es estadounidense, desde los jeans, mocasines, a camperas con iniciales de escuelas. Sí hay cierta tendencia al desprecio cuando se habla de política, especialmente cuando en los Estados Unidos gobiernan tipos como Bush o Nixon, pero nunca escuché, en mis 35 años en Argentina, ni en mis frecuentes visitas, odio personal hacia los estadounidenses. Nos gusta su amabilidad y sus dólares. Lo que ocurre muchas veces, es que se ríen de ellos, más que nada en los lugares públicos. Los parisinos son especiales para eso, sino vean la película “Vacaciones en Europa” con Chevy Chase y Beverly DeAngelo. Pero estas ironías y chistes se los buscaron solos, no porque sean mala gente, sino porque se criaron completamente aislados de las costumbres e idiosincrasia del resto del mundo occidental. Los estadounidenses son tan diferentes en las pequeñas cosas. Nunca olvidaré, hace muchos años, estaba yo cenando con dos amigos en un restaurante de Buenos Aires de nombre inglés, cerca de la Recoleta. En este lugar no te dejaban entrar sin saco y corbata y los mozos vestían smokings y guantes blancos y moñitos negros. Dos mesas más atrás había una pareja muy bien vestida, de alrededor de treinta años. Pidieron dos poderosos bifes de carne de exportación y de cuatro centímetros de grueso. Los dos tomaron el cuchillo en su mano derecha y el tenedor en su izquierda, sólo que el tenedor lo agarraron como se agarra una daga cuando se va a apuñalar a alguien, hacia abajo. Procedieron a cortar el bife todo en pedacitos (mientras el jugo se les iba todo por el plato), después dejaron el cuchillo, pasaron el tenedor a la mano derecha y pusieron la izquierda en la falda, debajo de la mesa y procedieron a comer. Le hice una seña al mozo y cuando vino le señalé esa mesa con la vista. El mozo me susurró: “No se preocupe, son estadounidenses. Pero son linda gente”. El problema de los estadounidenses en el exterior es que se criaron pensando que el mundo, sus modales y actitudes, termina en sus propias fronteras. Hay una infinidad de pequeñas cosas que hace que cuando salen de este país (y lo hacen a menudo y en abundancia) parece que hubieran cambiado de planeta. Ejemplos: Tienen un juego profesional al que llaman football aunque lo juegan con las manos. Lees en la página deportiva en cualquier país: “Lazio vs. Inter” y ya sabés que Lazio es local. En el Times lees: “Lakers at San Antonio” el visitante primero. Parece una tontería pero todo es diferente. En la escuela enseñan que un estadounidense inventó la locomotora, el aeroplano y el automóvil y que un estadounidense, Charles Lindberg, fue el primero en cruzar el Océano Atlántico en su avión “Spirit of San Luis” desde Nueva York a París. Todos equivocados. Para las invenciones leer la historia. En cuanto al recordado vuelo, dos años antes que Lindberg, un oficial gallego de la Fuerza Aérea Española, cruzó el Atlántico de Buenos Aires a Madrid (un viaje más largo) en un avión bautizado “Plus ultra” que está en exhibición en Luján. Hay muchas cosas más, pero lo más inaudito es que en el país tecnológicamente más avanzado, todavía se use como unidad básica de medidas la longitud del pie del rey. Por favor, pregúntenle a algún estadounidense con título universitario que les recite de memoria las “Pesas y medidas”. Le apuesto que no lo sabe. En Sudamérica y en Europa, un niño de tercer grado las sabe. No porque sea más inteligente sino porque todo se divide por diez. Tengo una anécdota muy cómica: Estaba yo haciendo chorizos en casa de un amigo y necesitaba agregar dos “pints” de agua helada. La dueña de casa sólo tenía una medida que indicaba “onzas”. Pregunté a un vecino estadounidense y no sabía, pero me sugirió llamar a la biblioteca. Era en la ciudad de Glendale. La muchacha que me atendió se quedó como en shock y me dijo: “déjeme transferirlo a research”, después de quince minutos y dos interrupciones para decirme “hold on, we are researching”, colgué y lo hice a ojo. Isabelle Rosellini, la actriz italiana hija de Roberto Rosellini e Ingrid Bergman dice en su último libro: “Los Estados Unidos son el país más aislado culturalmente”. Quise divertirme escribiendo esto, espero me lo toleren. A pesar de todo, como me dijo aquel mozo: “Son linda gente”. Por eso estamos aquí. Ø
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