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Viernes por la noche. Cena, ambiente, bolero, folclore y tango... todo con sabor argentino. Frente al micrófono: Rubén Amarillo. También argentino y cantante. Vive en Estados Unidos desde hace 5 años. Trabaja como cameraman y hace producciones independientes. Dice que ya estando aquí, la música fue una necesidad que empezó a tener a flor de piel: “Necesitaba un desahogo, un cable a tierra y lo que más me gusta es que ahora puedo hacerlo como hobby, no dependo de la música para vivir. En Argentina viví de la música mucho tiempo gracias a Dios. Después me saturó, me cansó y empecé a dejarla un poquito de lado, pero no sé... es el primer amor... por eso es que volví”. ¿Cómo fueron tus comienzos? “Vengo de familia de músicos. Me acuerdo de mi infancia, cantando en casa. De adolescente con los grupo de rock y de muchachón veinteañiero como solista cantando en pubs, restaurantes, lugares bailables... Mi primer contrato fue cuando tenía 14 años, para un cumpleaños de 15. Yo tenía una banda de rock’n roll en la que cantaba y era el bajista; fue en los ’60. Me acuerdo que tocamos en un garaje. Así fue como empecé...” En Argentina nunca habías cantado tango. Es curioso que hayas empezado aquí... “Esto de haber empezado con el tango definitivamente lo asocio con la inmigración. Uno trata siempre de transmitir las vivencias propias en lo que canta, sobre todo con los tangos, y sobre todo aquí, porque mi vena del tango surgió aquí. Mi papá era cantante de tangos, pero como siempre pasa, como mi papá cantaba tangos yo me dedicaba a otro tipo de música… música testimonial, música de protesta, era en los ‘80. En Buenos Aires hice muy poco tango, pero aquí fue como una necesidad. ¿Qué mejor recuerdo que cantar la música de mi tierra? Pero yo no cantaba tangos por respeto, porque siempre pensé que para cantar tangos había que ser tanguero... Pero aquí eso del alma bohemia, el recordar, el añorar y la nostalgia hicieron que en mí aflorara el tango más que antes”. Hablemos de la evolución de las artes y de la música en particular: En la composición tanguera y especialmente en el tango como danza los cambios son muy significativos... “El tango que fue del 1800 a la década de 1920 lo bailaban los hombres entre hombres. La mujer no participaba. No hace tanto el tango llegó a Hollywood y ahora se baila casi como ballet. Pero todo va cambiando... fusionándose… y a pesar de que ese no es el verdadero tango, Hollywood tiene esa capacidad de descubrir la esencia y al tango le encontró ese sentido sensual propio y único y se lo pronunció, le dio un toque místico. De todos modos yo creo que el tango es uno solo siempre que se haga con sentimiento. ¿Tenés proyectos dentro de la música aquí en Estados Unidos? “Sí, tengo un proyecto en puerta: una importante producción de tango pensada para los estadounidenses, ya que el tango está muy bien visto mundialmente y al americano le gusta cada vez más. Será un espectáculo teatral de tango y Dino Durand, el maestro Patrono y Tito Sasso en bandoneón me están dando una mano con eso. Va a ser un gran espectáculo”. ¿Si tu vida fuera solamente cantar, en donde harías tu carrera... aquí o en Argentina? “Si me tuviera que dedicar por completo a esto, sin duda que me gustaría hacerlo en Argentina. Uno se siente distinto cantando entre su gente, se manejan otros códigos, no hay nada que explicar. Ø
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