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Cada generación parece haber sufrido su propia adicción: el LSD lo fue en los años ’70, la cocaína en los ’80, el ecstasy y la heroína en los ’90. En esta década los adolescentes comenzaron a experimentar con los medicamentos prescriptos para ellos o algún miembro de su familia, los que siempre están a mano en el botiquín familiar. John (21) recuerda una fiesta de la escuela secundaria cuando un amigo le dio una pastilla de Vicodin: “Me siento de maravillas”, expresó entonces. Con el transcurso del tiempo, John y sus amigos ampliaron el uso de éste y otros medicamentos como Xanax, Valium, OxyContin, y especialmente aquellos prescriptos para el ADD (Attention Déficit Disorder) como el Adderall y Ritalin y los calmantes Lortab y Percocet, recetados por los dentistas. Se ha comprobado que estos estudiantes se hicieron adictos a los medicamentos recetados por los médicos y que incluye preferentemente a los tranquilizantes como Anfetaminas y las drogas prescriptas para los estudiantes que sufren problemas de atención o falta de concentración. El estado de California está considerado como la principal zona del problema, ya que representa el 8% de la población de Estados Unidos y consume el 8% de los medicamentos recetados, que adultos y jóvenes consumen como calmantes diarios para aliviar sus aflicciones que oscilan entre la ansiedad y la depresión. Estudios científicos sostienen que “cerca de la mitad de la población norteamericana toma diariamente por lo menos un medicamento recetado”. Los seres humanos siempre tenemos la tendencia de buscar chivos expiatorios como una manera de reducir el impacto de un problema. Todos conocemos el efecto que producen los mensajes publicitarios en la vida de las personas. Es así que se ha comprobado que las campañas de marketing promovidas por la gigantesca industria farmacéutica y dirigidas al sector demográfico de los adultos y adolescentes (a través de la TV, radio, Internet, prensa escrita y carteles publicitarios) resultaron ser muy eficientes, ya que “sus mensajes publicitarios prometían momentos más felices y duraderos”. Diversos estudios del mercado consumidor indican que existe un peligro inminente en estos mensajes, ya que obnubilan la línea de separación entre el beneficio del medicamento recetado para aliviar el dolor y el peligro de su abuso, sobre lo cual poco y nada se dice. Esta publicidad parece haber ayudado al rápido crecimiento de esta categoría de medicamentos recetados, “los que están siendo abusados entre la población que oscila entre los 12 años y los 24 años”, según datos proporcionados por el Centro Federal de la Salud Mental y la Adicción de los Estados Unidos. Este Centro también ha informado que “después de la marihuana, los medicamentos recetados se han constituido en las drogas más comúnmente abusadas. Es así que al menos un 14% de la población estudiantil de la escuela secundaria ha usado estos medicamentos - como “party drug” y no por razones de salud – al menos una vez en su vida”. Recientes estudios sobre la adicción realizados por el Centro City de Minnessotta afirman que “estas pastillas son más atractivas para los adolescentes porque al ser prescriptas por los médicos, ellos las perciben como más seguras y menos ilegales, ya que no tienen olor (como la marihuana) ni provocan desorientación como el alcohol. Además, ellos desconocen cómo se usan, cuáles son sus efectos colaterales en el uso y el abuso de estas drogas y cómo interactúan con otras drogas, ya que se ha comprobado que mezclan Valium con Xanax, duplican el Vicodin y cuadriplican el Percocet”. “Estos jóvenes ingieren un puñado de diferentes drogas simultáneamente”, según lo afirman las consejeras de este grupo de adictos a los medicamentos. Por su parte, el Servicio Federal de Abuso de las Drogas ha informado que entre los años 1994 y 2002 hubo un incremento en el servicio de emergencia en los hospitales debido a la sobredosis de medicamentos recetados y otros narcóticos conocidos como Lortab (que creció entonces en un 170%), Oxycodone y OxyContin (que aumentaron en un 450%) y Valium y Xanax (subieron en un 41%). Algunos estudiantes perciben a estos medicamentos como “una droga benigna” que magnifica la performance en los deportes, como en el caso del Vicodin, droga que ellos la sienten como un estimulante que les reduce el dolor de las caídas durante el juego de fútbol americano. Investigadores informan que “muchos adolescentes usan los medicamentos de sus padres o abusan de los suyos para auto-estimularse en sus propios hogares”. Según datos obtenidos desde la Universidad de Michigan “los medicamentos más abusados por este grupo demográfico son las anfetaminas, el Ritalin (usado y abusado en un 15% entre los estudiantes de la secundaria) y los sedantes como el Vicodin y el Percocet (usado y abusado en un 13% por los estudiantes) y que se han constituido en las drogas más consumidas durante las fiestas”. Una estudiante consultada por el grupo investigador dijo: “Yo me siento más calma y nada me estresa después”. Las dosis y precios de estos medicamentos en el mercado negro son fijados según las variaciones de la demanda: oscilan entre $5 para obtener Vicodin y $1 ó $2 para tener acceso a una pastilla de Ritalin, aunque “son más caros y escasos en los tiempos de exámenes finales”. Recientemente, el Gobierno Federal ha presentado un plan para controlar y reducir el abuso de los narcóticos y sedantes prescriptos por los médicos y que se venden a través de la Internet e inauguró este programa con una campaña difundida en los medios escritos y televisivos con el slogan “The Buzz Can Take Your Breath Away” (Esta Exitación Te Puede Costar Tu Vida) y enfatizando los peligros de estas drogas consumidas para esparcimiento entre los adolescentes. Esta campaña federal impactó principalmente a los fabricantes de estas drogas, quienes de inmediato cambiaron sus mensajes publicitarios. El laboratorio farmacéutico Abbott (que fabrica Vicodin), Hoffmann-La Roche Inc. (Valium) y Pfiser Inc. (Xanax) promovieron vigorosas campañas tendientes a crear conciencia sobre el peligro del abuso de estos fármacos. Durante esa campaña, ellos han provisto información para los padres de adolescentes para que monitoreen la conducta de sus hijos, ya que el peligro no parece estar en las calles, sino en cada hogar, donde algunos adolescentes se aíslan a puerta cerrada en sus dormitorios para experimentar los efectos de estos medicamentos. La Academia Norteamericana de Pediatras ha informado que “más del 30% de los adolescentes ha ingerido o inhalado alguna droga ilegal antes del octavo grado y más de la mitad las ha usado antes de finalizar la escuela secundaria”. Con la intención de ayudar a los padres a detectar si su hijo adolescente está consumiendo drogas, se ha elaborado una lista de señales que identifican la conducta del consumidor de alguna clase de narcótico: Cambio en la manera de vestirse y arreglarse. Cambio de amistades. Falta de interés en las actividades cotidianas. Ausentismo escolar y falta de dedicación al estudio. Intento de alejarse del hogar o cometer suicidio. Olor a alcohol o cigarrillos en el aliento y en sus ropas. Borrachera y conducta inapropiada. Se aconseja a los padres que si detectan alguna o todas estas señales en el comportamiento de sus hijos adolescentes, hablen con su médico y realicen todos los procedimientos correspondientes para su tratamiento y rehabilitación. Ø
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