|
(Que nadie se escape) Entre el comienzo de la dictadura (marzo de 1976) y el año 2001, la deuda externa se multiplicó casi por 20, pasando de menos de 8.000 millones de dólares a cerca de 160.000 millones, a pesar de haber pagado entre amortización de capital e intereses 212.280 millones (1976-2000) Durante ese mismo período, la Argentina reembolsó alrededor de 200.000 millones, o sea, cerca de 25 veces lo que debía en marzo del 76, pero la mayor parte de los préstamos es para refinanciar o para asegurar el pago de los próximos vencimientos. Aclaremos que cada préstamo va acompañado de comisiones millonarias para los firmantes. ¿Quién recibe los pagos efectuados por el estado argentino, qué se hace con el dinero de los contribuyentes? Las grandes instituciones financieras internacionales, que incluyen a “empresarios” argentinos que compran títulos de la deuda con el dinero que han sacado del país, recibiendo una parte de los reembolsos. Los mismos ”empresarios” que se endeudaron alegremente durante la dictadura y que sacaron capitales para invertirlos en países industrializados o en paraísos fiscales, que superan la deuda contraída. En el deporte de fugas de capital, los argentinos estamos entre los mejores del mundo, aunque son buenos rivales los empresarios y políticos de Brasil, México y Venezuela. La historia empieza con Martínez de Hoz y con el Secretario de Programación Económica, Guillermo Walter Klein, cuya política de endeudamiento obligaba a las empresas públicas (caso YPF) a pedir préstamos que no necesitaban y que después no ingresaban a las mismas. Cuando sube Alfonsín el Banco central declara que no hay registro de la deuda pública y el gobierno tiene que basarse en declaraciones de acreedores extranjeros. No obstante asume tanto la deuda pública como privada. Entre las empresas endeudadas está Renault Argentina, Mercedes Benz Argentina, Ford Motor Argentina, IBM Argentina, City Bank, el First National Bank of Boston, el Chase Manhattan, el Bank of America, el Deustsche Bank, etc. El Estado argentino paga a los acreedores privados de esas empresas: Renault Francia, Mercedes Benz, City Bank, Chase Manhatan, Bank of America, Crédit Lyonnais, Deustsche Bank, Société General, etc. O sea, el contribuyente argentino paga las deudas de las filiales de las multinacionales contraídas con sus casas matrices o con banqueros. El presidente Menem confió al banco norteamericano Merril Lynch la evaluación de YPF que deliberadamente redujo las reservas petroleras en un 30%. Una vez privatizada las reservas aparecieron en las cuentas. Los “amigos” hicieron un buen negocio comprando acciones antes de la venta. Otra venta para el recuerdo fue la de Aerolíneas Argentinas por cuyos Boeing 707 Iberia pagó un precio simbólico de 1 dólar. Maria Julia Alsogaray, favorita de Menem, fue la encargada de rematar Telefónica. Actualmente está siendo investigada por varios negociados pero ya sabemos dónde termina eso. Todos los intentos de investigar los préstamos ilegales donde fueron culpables tanto los que los pidieron como los bancos que los otorgaron quedaron en la nada. No nos olvidemos que atrás de cada transacción entre instituciones hay individuos que se enriquecen. Mientras no haya justicia y los ladrones no sean castigados seguirán robándose, como ahora, hasta los depósitos privados de los ciudadanos. Ø
|