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viernes, 01 de febrero de 2002 |
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En un país sumergido por cuatro años de recesión económica, ¿usted invertiría 25 millones de dólares en construir un museo de arte latinoamericano? Hay que estar loco. Sin embargo son los “locos”, como el empresario inmobiliario Eduardo Constantini, los que mantienen nuestras esperanzas en la especie humana, y no los “cuerdos” que sólo se preocupan por su bienestar personal. “Quiero recuperar los valores de nuestras idiosincrasias y nuestra cultura”, dice Constantini, un elegante hombre entrecano de 55 años, “La vigencia del arte latinoamericano se perdió internacionalmente durante las décadas oscuras”. Se refiere a los 60 y a los 70, años de dictadura militar en la Argentina, que fueron seguidos por las décadas de hiperinflación y cambios de políticas económicas. Por eso el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (el Malba), que se inauguró el 20 de setiembre del año pasado, rinde homenaje a los artistas disidentes que trabajaron clandestinamente para eludir la represión y a todos los otros que luchan contra dificultades “normales” de quienes tratan de crear arte, cualquiera que sea. Actualmente se exhiben trabajos de 110 artistas de 26 países, como las Antillas Holandesas, que demuestran la diversidad de razas, culturas, credos, ideas y políticas de nuestro continente. En el segundo piso, entre los dos de exposiciones temporarias, está la colección permanente de Constantini: 220 pinturas, hasta el momento, que incluyen un clásico como “Manifestación”, sobre una revuelta obrera; 1934, de Antonio Berni; “Las viudas”, del colombiano Fernando Botero, y un Frida Kahlo, “Autoretrato con Chango y Loro”. Este último fue comprado en 1996 y lo pagó 3.2 millones, un récord para una pieza de arte latinoamericano. Constantini no esconde los precios que paga en Nueva York, en México o en San Pablo, “...es publicidad para el museo y la colección”, afirma. Más de 90.000 personas visitaron el museo en los primeros tres meses y pagaron $4 sin quejarse, entendiendo el esfuerzo de este empresario. “Es una gran cosa ver una cantidad de jóvenes que normalmente no se ven en otros museos de Buenos Aires”, dice Agustín Arteaga, ex-director del Museo de Bellas Artes de México City, actual director y conservador del Malba. También destaca las visitas guiadas que se dan a chicos pobres y a los varios artistas que hay entre los 85 empleados del museo. Qué tal. Ø
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