-Si no te saco yo del fango, no sé quién te va a sacar
Tomaron unos mates y el representante le explicó el espectáculo que se le había ocurrido cuando el cole pasó frente al zoológico.
-No. carajo, estás dormida. En ves de una “Pantera Tropical” pareces una gata con gripe. Así, felina, mové las curvas, como una víbora atigrada. Después te das vuelta, así, y sacás la cola. Tenemos que colgarte algo que parezca una cola. Pero poné huevos.
Después se les fue la tarde peinando los desteñidos cabellos de Celina, arreglando agujeros en las medias, achicando la cintura con una faja y apretanto los pechos para que se amontonasen afuera del vestido.
-Los giles están para sacarles vento. Cuanto menos te toquen mejor.
Temprano en la noche ya estaban en el nightclub pero el dueño no había vuelto. Esperaron en el mostrador mientras en el escenario se desarrollaba un show improvisado y “familiar” hasta que llegaran los clientes. El barman, les tuvo lástima y les dio un par de coñac y café. Pasadas las doce apareció el patrón con una joven de platinado tradicional y se metió en la oficina. Había sólo dos mesas ocupadas.
-Acá no nos quieren se quejó Celina.
-Vos, es mejor que no hablés se enojó el representante.- Mantené la boca cerrada.
A la hora de cerrar, casi de madrugada, el dueño los llamó a la oficina. La joven dormía en un sofá y él estaba bastante borracho.
-A ver, da una vuelta. Alzá una pierna, a ver le dijo a Celina.
-Un momento- saltó el representante. Ella tiene un número preparado.
El patrón lo ignoró y se le acercó a Celina con cara babosa.
-Quizá podemos hacer algo con vos. Lo más importante es que seas obediente.
-Ey, ella es mía.
-Usted se calla- le gritó el viejo y apretó un botón en el escritorio.
Se abrió la puerta y entró un enorme guardaespaldas.
-Llevate a este cajetilla.
El urso agarró por atrás los brazos del representante, lo hizo un paquete y lo arrastró al salón. El representante siguió gritando y terminó en la vereda. Allí esperó hasta que el sol subió bien alto. Vio salir a varias chicas, al barman y a dos muchachos que harían limpieza. Golpeó y pateó la puerta, y se fue cuando vio que lo único que lograría era acabar en la comisaría. Volvió a la pensión pero Celina no regresó. A la noche, semidisfrazado, entró en el nightclub. Celina, con un vestido nuevo, estaba sentada en una mesa con hombre maduro.
-Perra, te venís ya mismo conmigo.
-¿Yo? Yo es mejor que no hable- le dijo ella y le hizo una seña al guardaespaldas. Ø