El domingo 10 de febrero a las 19 y 30 clavó los frenos de su SUV Mercedes Benz, lo dejó en doble fila frente a la Clínica San Lucas de San Isidro y bajó doblado por unos fuertes dolores en el estómago y la cintura. Los médicos ya le habían diagnosticado arterias débiles por el estrés, la gordura y el colesterol, pero él disfrutaba de grandes comidas con sus amigos, del Jack Daniels y los habanos. Ese día nomás se había despachado tres bifes con arroz y huevos. Quedó internado con un nombre ficticio y le hicieron una operación de ocho horas para cerrarle un aneurisma en la aorta abdominal. El 12 de febrero a las ocho de la mañana moría Rodolfo Galimberti a los 53 años.
De extracción católica y de ultraderecha, se inició en la adolescencia en Tacuara, la interpretación criolla del nazi-fascismo. Sus integrantes, que arrastraban los mocasines y usaban mucha gomina, pretendían ser de “buenas familias” y defendían las “tradiciones” y el “nacionalismo”. Sus acciones se especializaban en golpear a jóvenes comunistas o judíos. De ahí giró a la izquierda peronista e integró el JAEN (Juventud Argentina de Emancipación Nacional) junto a Chacho Alvarez, Ernesto Jauretche, Jorge Raventos, Carlos Grosso, Raúl Othacehé, etc. La personalidad irónica y ganadora del “Loco” o del “Tano” lo empujaba a ser líder de lo que fuera. Cuando se radicaliza la lucha confluye en la Tendencia Revolucionaria, cuyas alas armadas fueron Montoneros y las FAR. Convertido en secretario de las juventudes peronistas unificadas en la JotaPé de las Regionales, Galimba viaja a Puerta de Hierro a entrevistarse con Perón. Fascina y seduce al viejo general y regresa como hijo y portavoz favorito. Pero en 1972 el Loco se exalta y convoca a la formación de milicias populares. Perón, que jugaba de pícaro haciendo guiños a derecha e izquierda pero sin comprometerse, lo defenestra. El amor por los “fierros” que heredaba de familia, lo hace encajar en Montoneros y así, audaz y efectivo en la acción, asciende a oficial de esa organización, sin llegar a niveles altos porque la conducción lo catalogó como “liberal, individualista y con actitudes pequeño-burguesas”. Con el ascenso de Cámpora a la presidencia y luego el del mismo Perón, Montoneros sufre el desgaste político. El 1º de mayo del 74 en un gran acto en Plaza de Mayo, los jóvenes peronistas, que sospechaban que el que manejaba al decadente líder era el “brujo” López Rega, no lo dejan hablar con sus cantos, le insultan a Isabelita y le dicen que si “Evita viviera sería Montonera”. El anciano les grita “imberbes” y “estúpidos que gritan”. Entonces las columnas Montoneras se retiran y rompen con el gobierno.
En setiembre de 1974 el Loco participó en el secuestro de los hermanos Jorge y Juan Born, con el que los Montoneros obtuvieron el rescate más grande de la historia de las guerrillas: sesenta millones de dólares. En marzo del 76, la Columna Norte, con Galimberti, plantea una disidencia hacia la izquierda y es intervenida. El Loco desparece por varios meses y cuando vuelve dice que fue herido en un enfrentamiento. Algunos no le creyeron y hasta sospecharon que había negociado su vida con el enemigo.
Exiliado en Paris, trabaja como taxista. Su segunda mujer, Julieta, hermana de Patricia Bullrich, la ex Ministra de Trabajo, muere en un accidente. Cuando se van los militares regresa al país clandestino, sin plata y sin prestigio. Se vinculó a los “carapintadas”. Cuando Menem decreta la amnistía se contacta con Jorge Born y le pide perdón y trabajo. Con el fiscal Juan Romero Victorica denuncia a algunos de sus ex compañeros e intenta recuperar los que quedara de los 60 millones. Trepa como guardaespaldas y luego como socio de los Born y también de Jorge Rodríguez, esposo de Susana Jiménez, en la empresa Hard Communications, acusada de estafar al Hogar Felices Los Niños, que protegía a los chicos de la calle. También tenía una agencia de seguridad con dos ex agentes de la CIA que trabajaba con el grupo Exxel. Se casó a todo lujo con dolores Leal Lobo, en Punta del Este. Poseía un loft en los silos de Dorrego, una casa en el Boating de San Isidro, una quinta en Pilar, autos caros, perros y armas, una colección de motos, y una Harley que pisaba a 250 kms.
Galimberti sostenía que se había dado cuenta a tiempo que Estados Unidos era “la Nueva Roma” y que había que aliarse con ellos, que el enemigo era el terrorismo internacional, y que sus ex compañeros tendrían que ser como él, gordo y con plata. Ø