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Las protestas en la Argentina, tanto los cacerolazos, las manifestaciones o los cortes de ruta tienen una característica nueva: que no son organizadas, favorecidas o usufructuadas por ningún partido político tradicional sino que, por lo contrario, están dirigidas contra todos los partidos y todos los políticos. Y algo nuevo, también van contra la Suprema Corte de Justicia que la indignación popular identifica como protectora de corruptos y saqueadores, y para lo cual cobrarán sus dividendos. Esta aparente anarquía puede tener sus problemas pero tiene una gran ventaja: los que protestan no son llevados como corderos. Recordemos que la masa peronista fue inducida a votar por Menem, el campeón del neoliberalismo privatizador de todo lo que no se moviera, y que traicionó todas las banderas del justicialismo. En 1989, la CGT liderada por Ubaldini y controlada por Lorenzo Miguel, apoyó resueltamente la trepada de Menem. Una vez en el gobierno, el “turco” se dedicó a dividir con ultra picardía criolla, lanzó a Barrionuevo y así se consolidó la CGT “de los gordos”, obsecuente del plan empresarial y la CGT-MTA (Moyano-Palacios), de estructura caudillista-burocrática tipo Vandor. Otra consecuencia de la fractura fue la línea de De Gennaro y Abdala (ATE), Mary Sánchez (CTERA), Cayo Ayala (Navales), Ricardo Pérez (camioneros) y otros, que confluyeron en el Congreso de Trabajadores Argentinos (CTA). En este último grupo surge un impulso democratizador que cuestiona al neoliberalismo como “modelo”. Las tres mantienen el clásico postulado peronista de que son “la columna vertebral” del movimiento obrero y pueden, por lo tanto, pararlo o desviarlo desde un escritorio. Las tres también comparten la invocación de “la doctrina social de la Iglesia Católica” y, cada una a su manera, tiene estrechos vínculos con el Vaticano. Pero debido a la receta mágica del FMI ahora la mitad o más de esa masa está desocupada o semi desocupada, y no puede reclamar aumento de sueldo, ni hacer huelgas ni tomar fábricas. Entonces forman “piquetes” y cortan rutas pidiendo empleo y alimentos. Así se forman los grupos piqueteros que hacen asambleas barriales, ollas populares y tienen su propia estructura interna. La Federación Tierra y Vivienda dirigida por el ex concejal del Frepaso y hoy diputado provincial del Frente para el Cambio, Luis D'Elía; la Corriente Clasista y Combativa con dirigentes del PCR pero populistas; y otros más independientes como el Movimiento Teresa Rodríguez, el Movimiento 17 de Julio del Chaco, la Unión de Trabajadores desocupados de Gral. Mosconi, C.U.B.A. de La Matanza, Casa del Pueblo de Capital y numerosos grupos de Córdoba, Gran Buenos Aires, Rosario, Salta, Jujuy, Neuquén. Etc. A pesar de sus diferentes orígenes todos confluyeron en una Asamblea Piquetera que entre otras cosas de urgencia presentó un programa concreto: repudio a la deuda externa y restatización de las empresas privatizadas. Ø
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