|
Murió el primero de marzo, a los 65 años, soltero, (“Mentira, yo no soy soltero, me casé con el Luna Park"), ese pibe grandote, gruñón y cascarrabias, tímido y tirano a la vez, inocente con una imagen de duro, a sus empleados jamás les sonreía pero estos lo idolatraban. (“Son siempre los mismos, los mantenemos a pesar de todo”) No superó una segunda operación al corazón en la que le remplazaron dos by-pass que tenía hacía diez años. Se jactaba de tener más de un un metro cincuenta de cicatrices: en las piernas, en la cadera, y en el pecho. Lectoure vivía en, para y gracias al Luna Park. En esa manzana del bajo, parte de la mitología porteña nocturna y tanguera, enmarcada por las calles Corrientes, Bouchard, Madero y Lavalle, centró su vida y su razón de vivir, refugiado tras una imagen de hosquedad. Pero quienes lo conocían bien sabían que su verdadera personalidad no era esa. Amaba el boxeo y sin cobrar un peso de la bolsa acompañó a púgiles argentinos a otros rings del mundo. Como empresario fue dedicado y respetado, en boxeo tuvo el orgullo de manejar doce campeones del mundo en una época sin tantas organizaciones mundiales ni categorías. Locche fue su debilidad a pesar de la poca disciplina de Nicolino. Se jugó por Monzón pero terminó desilusionado cuando el santafecino se entornó con la farándula y la droga. Un 17 de octubre de 1987 pelearon en el Luna Ramón Abeldaño y Adolfo Arce Rossi, quienes, sin saberlo, entraron en la historia al haber efectuado la última pelea en el gran estadio argentino, pues esa noche, cansado de lo que él llamaba "malos manejos" de dirigentes argentinos, Lectoure le bajó el telón al boxeo. Sin embargo no pudo despegarse y siguió acompañando a algunos púgiles en sus aventuras al exterior. Incluso, coronó a un campeón mundial (Pedro Décima) ya con el Luna dedicado a otros espectáculos. En 1992, cuando el mismo Décima perdió en Las Vegas, Tito tiró definitivamente la toalla y no volvió más al rincón de ningún boxeador. El Luna Park siguió su historia con musicales, conciertos, ballet, etc. Y también Tito puso su alma en grandes espectáculos que fueron orgullo de Buenos Aires. En el caluroso mediodía del sábado 2, después de un oficio religioso en el estadio, en un largo cortejo que incluía siete coches porta coronas, los restos de Lectoure fueron acompañados al cementerio de Chacarita Quedó el Luna triste y silencioso, como si los ladrillos entendieran el extraño amor de un hombre por un estadio. Quizá recordando las famosas peleas del Mono Gatica con Alfredo Prada, las picardías de Nicolino, los estilos quirúrgicos de Cirilo Gil y del Negro Luis Thomson, las trompadas de Lausse, de Merentino, de KO Rivero, de Bonavena o Galíndez. La lista es muy larga. Argentina campeón mundial de básquetbol en el 50, la presencia de Perón y Evita, Archie Moore, Sandly Sadler, Griffith, Kid Gavilán, Frank Sinatra, Juan Manuel Serrat, Julio Bocca, el Drácula de Pepito Cibrián, el Papa en el 82. Hollyday on Ice, los Globetrotters, el Circo de Moscú. Viviste a tu manera y nunca pediste prestado, gracias Tito por lo que nos diste. Ø
|