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CARTA DESDE UN EXTRAÑO LUGAR PARA PASAR LAS VACACIONES |
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Escrito por Alberto Barroso
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lunes, 01 de abril de 2002 |
Estimado señor director: acabo de comunicarme con mi secretaria que me informa que aún no recibió el cheque del mes pasado y que cuando lo llamó le dijo que estaba en apuros económicos e ipso facto la invitó a pasear en el SUV que acaba de sacar de la agencia. Hay algo que no tiene lógica y que arreglaremos en cuanto estemos frente a frente. Por lo pronto quiero que sepa que mi misión secreta fue todo un éxito y que espero que la historia así lo interprete. Una vez que pude salir a medias del anonimato decidí tomarme dos semanas de vacaciones. En un panfleto ofrecían precios módicos en las cuevas de Gardez, buen aire, buena comida y tranquilidad, y allí fui con mis novias. Elegí este lugar porque me hizo acordar a Charles Romuald, ese francés tan venerado por los argentinos. Es temporada baja y se ve muy poco turismo por los caminos. En realidad, ni los caminos se ven porque parece que los guardan para que no se arruinen y los vuelven a colocar en temporada alta. El viaje se me hizo un poco largo y me dormí sobre la mula. No se olvide que yo había estado en un peligroso negocio y venía muy estresado. Cuando llegamos la entrada no se veía por ningún lado, el guía sopló un cuerno y dos muchachos que no distinguimos porque son iguales que las piedras y la tierra, empezaron a remover rocas hasta que se abrió un pasadizo. Les di unas monedas y nos precedieron con nuestro equipaje. La cueva es modesta pero está limpia y el servicio es muy bueno. Mi habitación era cómoda con un agujero por ventana que se tapaba invariablemente cada vez que pasaba un avión tirando bombas. Cada vez que yo iba al mostrador de entrada, le daba una propina a un botones y me sacaban las rocas. Por supuesto que sospeché que no podían embocar todas las bombas en mi ventana pero yo sonreía y les daba mis monedas. Y le cuento esto para que aprenda a ser un turista cultural y se adapte ( y disfrute, si puede) de las picardías y las idiosincrasias de cada lugar que visite. La comida es muy variada, cabra asada, cabra frita, cabrito alla provenzal, cabrito alla cacciatore, cabra con hierbas, leche de cabra, queso de cabra, huevos de cabra, etc. Los fines de semana tocan música y bailan en algunas cuevas más bajas. Fuimos una noche y nos divertimos, pero en general salíamos a caminar por las montañas o nos sentábamos en las rocas a disfrutar del paisaje. Por una reglamentación local no pueden dormir juntos los nenes con las nenas, entonces mis novias me visitaban entrando por la ventana, menos dos que no pasan. A esas, porque soy justo, las visité una noche a cada una, para lo cual tuve que salir en pijamas al fresco de la montaña y me pesqué un resfrío. Me han dicho que aquí vienen en secreto muchas celebridades a descansar y a bajar de peso. En una de las cuevas centrales vi fotos de Don Francisco y su novio, de la flaca Laura y su novia, de Maria Julia Alzogaray desnuda bajo su tapado de piel, la Bolocco y su novio, por nombrar algunos de nuestros personajes más admirados. Yo perdí diez kilos y me siento muy bien, como si tuviera diez kilos menos. Es una experiencia que recomiendo a los ejecutivos y todos los que en este mundo ganan más de veinte dólares la hora. Para más información: www.cuevassinvicios.com.af. Nos miramos en L.A. Cobra 2
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