|
ELIAN POR DOS, CON ACENTO ARGENTINO Walter Trangoni, de 32 años, es mecánico naval. Trabaja más de ocho horas arreglando barcos en las dársenas portuarias, y gana entre 1200 y 2000 pesos por mes. Tiene dos hijos, Estefanía (7 años) y Ezequiel (4 años). En agosto de 2000, su ex mujer -Karina Vanuzzi, de 28- viajó a España con los niños, tras conseguir un permiso que Trangoni le firmó para que los menores pudieran salir del país. Dos meses más tarde, ella avisó que se quedaría hasta las fiestas de fin de año, y que luego volvería a Mar del Plata. En esos días, Walter inscribió a Estefanía en el Instituto Sagrada Familia de esa ciudad, muy cerca de su casa. Pero en enero Vanuzzi llamó para decirle que se quedaría en España con sus hijos y que ellos comenzarían a estudiar allí. Los camaristas civiles de la Sala 2ª de Mar del Plata, estudiaron el caso y ordenaron (vía Cancillería) la restitución de los chicos. "La separación por tan largo tiempo de la figura paterna puede ocasionarle perjuicios actuales y futuros de difícil reparación" dijeron. Pero en España la jueza Aitziber Oleaga Orué Rementería (del Juzgado de Primera Instancia de los Tribunales de Lanzarote) denegó la extradición argumentando que "su porvenir" está en España. Trangoni comentó al Diario Clarín, de Buenos Aires, que su ex mujer le advirtió, desde España "Andá haciéndote a la idea de que no vas a volver a verlos". Los aspectos civiles de la sustracción internacional de los menores se rigen por el Convenio de La Haya, un acuerdo que tanto Argentina como España firmaron. El objetivo de ese convenio es poder garantizar la restitución inmediata de menores trasladados o retenidos de forma ilícita en un Estado contratante. Se intenta evitar que mediante el traslado de un niño a otro país se altere la competencia para intervenir en la cuestión relativa a la tenencia. La historia de este hombre argentino debiera llamar a la reflexión a cada ciudadano de cualquier rincón del país. Se parece mucho al CASO ELIAN. Independientemente de los aspectos particulares como que el de la madre de los niños, que está viva, las condiciones en las que arriban a España, etc. Incluso, no hay, como en Miami, una colectividad dispuesta a explotar la imagen de un niño con fines políticos por más de 7 meses, como sucedió de manera vergonzosa allí. Pero la cuestión de fondo en lo humano, como en la pronunciación judicial y política de la Cancillería Argentina y la justicia española es la misma; ¿Puede un tribunal extranjero juzgar el sistema institucional y las condiciones de vida de otra nación? ¿Debe la Cancillería argentina apoyar por todos los medios, incluida una campaña internacional de prensa, la repatriación de los niños a nuestro país? Walter Trangoni en mar del Plata, como Juan Miguel González lo soportó en Cárdenas (Cuba), vive su hora de mayor angustia. Necesita una respuesta rápida. De parte de la burocracia judicial española y de parte de la sociedad argentina y sus dirigentes más importantes. Este caso adquiere repercusión nacional recién en abril de 2002, es decir, 14 meses después de la retención por parte de Vanuzzi. A partir de la tapa de Clarín (el 11 de abril de 2002) todo debiera ser más rápido. Aunque, por lo sucedido con Elián, no sería extraño que estos niños argentinos permanezcan secuestrados ante la mirada indiferente de las organizaciones internacionales de defensa de la niñez y la prensa mundial. Trangoni tiene una ventaja; las relaciones diplomáticas entre Argentina y España son aceptables. El padre de Elián, en cambio, tuvo que viajar a Estados Unidos a demostrar su condición de buen padre como lo establece la ley norteamericana. Igualmente, pese a todo esto, creo que ningún padre de Cuba (lo incluyo a Juan Miguel González) o Argentina, quisiera estar en el lugar de Walter Trangoni. No sólo por lo traumática de la situación. A la repatriación de Elián la respaldó una cancillería y un pueblo y la aplicación de la ley. A Trangoni, se dice que lo van a ayudar... Ø
|