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La Globalización es una realidad. Nos preparamos para aprovecharla, o nos abandonamos para sufrirla. De nada vale "ladrarle a la luna" para que se apague, ni de nada vale llorar por la leche derramada. La Globalización, con características muy distintas, existió antes de las Guerras últimas y de la Guerra Fría. En esos tiempos, Gran Bretaña era la cabeza de la Globalización. Argentina y otros países estaban inmersos en ella. Durante las dos últimas guerras y, después, durante toda la "guerra fría," predominaban las polarizaciones. Desde 1989, con la caída del muro de Berlín, desaparece el sistema de la guerra fría. Vuelve la globalización. Pero, esta vez, es una globalización muy distinta a la que predominaba antes de las últimas guerras. La nueva globalización es producto, primero que nada, de la globalización y democratización imparable y arrebatadora de las comunicaciones, de las PC's en manos de todos, de las inversiones en general y especialmente vía Internet, y del manejo de la información. Primero vía teléfonos, faxes y, en los últimos años, acelerando el proceso exponencialmente, vía la Internet. Lo que por supuesto no se globalizaron son los mercados de trabajo y la solidaridad social. Esto, está en el camino y seguramente tendrá que ser encarado. La globalización y democratización de lo social es el seguro de supervivencia de la globalización tal como ahora, tímidamente, estamos comenzando a conocerla. Este nuevo sistema, al que por falta de otro nombre la denominamos globalización, nació recién en 1989. Este sistema esta todavía muy joven. Y, como todo sistema, se nutre en buena parte a sí mismo. A diferencia de la Globalización inglesa anterior a las dos últimas guerras previas a la fría, esta globalización, aunque los izquierdistas "narrow minded" y progress, en general, identifican y culpan de la Globalización a los Estados Unidos, a falta de otro "chivo expiatorio.". NO SON LOS EEUU. Los EEUU también la sufren en la medida que no se preparan para enfrentarla y obtener las ventajas del caso. Pero, en términos relativos, por supuesto, EEUU es el que más preparado está, y el que más está aprovechando el nuevo sistema en ciernes. Pero, las actuales volatilidades del Dow y del Nasdaq principalmente, muestran la medida en la que este nuevo sistema está fuera del control del Gobierno de USA. El sistema de la Globalización, por el momento, está democráticamente o, de manera aparentemente anárquica, manejado o impulsado por las "hordas electrónicas" de millones de inversores distribuidos por todo el mundo, aunque, por supuesto, con su mayor concentración en EEUU. ¿Quiénes más influyen sobre estas "hordas electrónicas?” Pues bien, no es el gobierno de los EEUU. Son las evaluadoras tales como Moodys, Standard & Poor, y, en menor medida, Merryl Lynch, y otros "investment banks." Las calificaciones de estas evaluadoras provocan estampidas en todos los mercados del mundo, incluso en los de EEUU y de todos los países de la G7, por no decir del G8, ya que el octavo de este grupo no cuenta mucho. En fin, el caso es que nos hace falta un "aggiornamiento." Las reacciones en Praga, Seattle y otras ya ocurridas y próximas a ocurrir, son "ladridos a la luna," o llantos a o por la "leche derramada." Son, también y sin embargo, indicadores de un descontento. Son indicadores de una necesidad. Esa necesidad es, en primer lugar, reconocer la realidad en la que vivimos. Esto es, la necesidad imperiosa de aceptarla; y, comprendiéndola, encauzarla para el bien de las mayorías. Ningún sentido tiene la postura del avestruz. No es cuestión de esconder la cabeza en la arena frente a los temores y amenazas del medio. La Globalización es una realidad. No tiene sentido combatirla ciegamente, tal como cuando, ilusamente la combatimos, la negamos, la criticamos o la despreciamos. Tiene sentido aprovecharla y, con programas de compensación social suficientemente efectivos, salvar sus efectos negativos en lo social y en la falta de transparencia y solidaridad. Transparencia, ausencia de corrupción y una solidaridad globalizada creciente, es lo que tenemos que procurar para que, de este modo, aprovechemos y no suframos la globalización. Ø
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