Perdimos. No se nos hizo una pequeña alegría que iba a durar un par de horas saltando alrededor del obelisco o sonando las bocinas, para los que están en Argentina, o unos minutos de gritos, para los “repartidos” por el mundo. Pero ya pasó. De cualquier manera tenemos dos campeonatos mundiales en la bolsa y ¿para qué nos sirven? ¿Para qué les sirven a los uruguayos? Sobre todo los que no jugamos, no ayudamos, no dirigimos, sólo miramos. ¿Nosotros ganamos? ¿Nosotros perdemos? En un solo día se murieron nueve infantes en un hospital de Tucumán porque no tenían los recursos más elementales. A esos padres tucumanos ¿qué consuelo podría traerles un campeonato mundial? Con Suecia empatamos, quizá podríamos haber ganado. ¿Y si les hubiéramos hecho 3 goles, 4, 5? En estándar de vida, en justicia social, en salud pública, en seguridad, en educación, en derechos humanos, los suecos nos golean todos los santos días. Un chiste de Rivero decía hace unos años: “Ya que nací pobre por lo menos hubiera nacido en Suecia”.
Este mes el tema fue el fútbol y tenemos un poco de derecho. Nos quedan muchos meses para hablar de temas realmente importantes y que parecen no tener solución. Hablar de fútbol es fácil. No hay que estudiar, ni siquiera hay que saber leer. Se trata de opinar y decir cosas que no afectan a nadie. No le hace si nos equivocamos. El genio de Bielsa, que “embielsa” sus buenos pesos, ¿no lo mandó a Ortega a patear un penal importantísimo? ¿Y qué? Cada vez que se reúne un grupo de personas y alguien intenta tocar un tema de cierto nivel cultural, sale uno hablando de fútbol, y, de ahí en más, la cháchara continúa hasta el final sin que nadie saque ningún provecho. Es que, unos por agobiados por ciertos temas sin salida, otros por ignorantes, todos parecemos comunicarnos mejor intercambiando trivialidades sobre fútbol y futbolistas. Peor es hablar de telenovelas ¿no? Ø