Como sacado de un libro de fantasías de un idílico soñador, Japón nos regaló con una historia real.
Bien es sabido que desde 1806 pasando por 1982 y hasta nuestros días nuestra rivalidad con Inglaterra nos ha llevado a hechos trágicos. Pero el fútbol con su magia pudo revertir al menos por una vez, dolorosos recuerdos.
El Odori Park, es un parque que se encuentra a pocas cuadras del centro de Sapporo. Allí, como si fuera uno de los tantos parques de Buenos Aires donde se arman picados, estaban hinchas argentinos e ingleses dándole a la redonda a la espera de lo que sucedería en el ya cercano partido Argentina-Inglaterra.
Uno de los hinchas ingleses se acercó hasta donde estaban los nuestros haciendo un desafío. Se acepta y se conviene hacerlo en el Estadio Municipal, sede de los juegos olímpicos de 1972. Y en un ambiente que ni Rudyard Kipling podría imaginar, se desarrollaron cuatro partidos con corrección y camaradería que nos dejaron con una ilusión.
Los hinchas argentinos ganaron dos partidos, se empató uno y se perdió el último.
“Quedaron calentitos” decía un argentino, “Son hijos nuestros” decían otros. Entre ellos pudimos detectar a Jorge Damián, Gerardo Russomano -la figura de los partidos-, Guillermo Frias, Juan Carlos Gil y Gabriel Pascual residentes del Sur de California.
Lo importante es que tanto argentinos como ingleses entendieron que el fútbol, puede ser una pasión que nos reúna para gozarlo. Ø