Aunque no se pueda creer, desde 1862 hasta la primera mitad del Siglo XX, los primeros nombres de mujeres que aparecen en la escena del Tango corresponden todos a bailarinas. Y por cierto, sólo apodos: Lola La Petisa, Paulina La Bella, La Parda Refucilo, La China Venicia, La Barquinazo, La Tero, La Mondonguito, Enriqueta la Cara Sucia, inspiradora del Tango del mismo nombre, La Guanaca, La Parda Flora. Pocos son los nombres completos que se conocen: Catalina Barsolo, Federica Díaz o Carmen Gómez.
También están las compositoras, que componen alrededor del 1900 bajo la crítica varonil del momento: Julieta Duparc, María Eloisa Peirano, Juana Giroud Faleni, María Torres Caamaño, Alcira Hernández, Ester Isabel Seoane y Eloísa D´Herbil de Silva. Algunas de estas señoras pertenecían a la alta sociedad y en silencio componían las notas de los tangos, género inspirador por sus embriagadoras melodías escuchadas a escondidas. Casi todas estas composiciones son en piano.
Más adelante vendrían dos legendarias figuras: Rosita Melo (Seudónimo de Clotilde Rosa Mele) autora del vals Desde el Alma y Paquita Bernardo (Seudónimo de Federica Cruz Bernardo) que fue el primer bandoneón femenino, cuya actuación en el Café Domínguez obligó a cortar el tránsito de la Avenida Corrientes , antaño angosta, por el exceso de público.
Más tarde surgen las letristas. La primera fue María Luisa Carnelli bajo el seudónimo de Mario Castro y Luis Mario, en los tangos Cuando llora la milonga y Se va la vida. Luego la sigue Micaela Matilde Sastre, la hija de Marcos Sastre, que hacía firmar sus tangos a su hijo, Don Rodolfo Pittaluga Sastre. Ella escribe entre otros tangos Refucilo y Garabatos de Mujer.
Como sé que son lectores muy inteligentes notarán sobre todo en las letristas la necesidad de masculinizar sus nombres, ¿no “huele” a que a las minas les ha costado más entrar en el ambiente del tango? ¿Por qué será?
La mayoría de los nombres femeninos del tango se asocia a las cancionistas, -me imagino que parecer hombres hubiera sido más complicado- La Primera de ellas fue la hermosa Pepita Avellaneda (Seudónimo de Josefa Calatti) para la cual Angel Villoldo (El del Choclo) escribió El Entrerriano... “A mi me llaman Pepita, Jai Jai, de apellido Avellaneda...” La siguieron Dorita Miramar que en 1903 convirtió en éxito absoluto a El Porteñito y Lola Candales que ya la nombré en notas anteriores- que en 1905 estrena La Morocha.
A propósito por ese entonces parece que las “Lolas” eran unas cuántas: Lola Contreras, Lola García, Lola Rodríguez, Lola Membrives, que luego terminó como una inmensa actriz dramática que ya había triunfado en la obra Cara Sucia.
La década del 20 merece otro capítulo, por el momento me parece notar que a nosotras, las mujeres, siempre nos ha costado entrar en el mundo, entre seudónimos, apodos, cambios de nombres, misterios, secretos, no son muchas las mujeres si comparamos con los hombres en el tango, pero eso sí, está probado que de “Macho” el Tango, no tiene completo su nombre. Ø