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Tan claro como el agua Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Alberto Lecuna   
jueves, 01 de agosto de 2002

¿Vamos inexorablemente a la tradicional polarización del electorado, o darán los tiempos para que surjan opciones innovadoras que interpreten de manera cabal la transformación que reclama la gente?
Cuentan que en su exilio de Puerta de Hierro, al principio de los años setenta y cerca de las elecciones presidenciales que llevarían al odontólogo Héctor Cámpora al gobierno, uno de los tantos visitantes que se acercaban a saludar al anciano general, le comentó que en el partido radical había surgido "... un nuevo político muy interesante, que hasta le podía llegar a hacer sombra al mismo Balbín... Es un joven de izquierda, de pelo largo y bigote, de enérgico discurso, que..."
Perón lo interrumpió, y con esa sabiduría que dan los años, no quiso desaprovechar el dato para deslizar con contundente ironía: -“Mire amigo, todos los radicales son unos guitarreros... Hablan muy bien, pero no saben gobernar..."
-"Sí, mi general - insistió el mensajero - pero mire que este joven que se llama Alfonsín, tiene..."
-“Mire mi amigo - volvió a interrumpirlo Perón - si es joven, tocará la guitarra eléctrica, pero no dejará de ser guitarrero como todos los radicales”.
Perón no dudaba de la capacidad discursiva de los miembros del partido de Alem, como tampoco dudaba de la escasa habilidad para transformar en hechos concretos, sus encendidas y conmovedoras arengas.
Una década después, aquel joven dirigente radical de los setenta inauguraba la reinstauración democrática después de más de siete años de dictadura militar, con un sólido discurso basado en la ética, y declamando de memoria el hermoso Preámbulo de nuestra Constitución Nacional.
Es muy temprano para analizarlo, pero quizás la Historia juzgue benévolamente a Alfonsín, por ser quien representó, después de los oscuros años de Videla y compañía, la "vuelta al estado de derecho". Probablemente no quede en la frágil memoria colectiva de los argentinos que su gobierno no tomó el toro por las astas y su plan Austral de estabilización monetaria fue un cambio cosmético porque no se atrevió a ponerle el cascabel al gato. Y cada vez que lo intentaba, se le abría un nuevo frente en contra: con los sindicatos, con el establishment local, con los militares... No pudo o no supo o no entendió que debía reestructurar la economía achicando el Estado, disminuyendo el gasto público, diseñando una moderna y eficiente república acorde a los nuevos tiempos que se avecinaban. Todo quedó en lo declamatorio, como la acertada idea de trasladar la capital a Viedma. Los escándalos en el Banco Hipotecario y en la Aduana, la soberbia y la falta de autocrítica en muchos dirigentes, fueron algo así como la cereza del indigesto postre que hizo que terminara su mandato antes de tiempo con una hiperinflación a tasas del 6 mil por ciento anual. El discurso de centroizquierda del radicalismo no fue ni chicha ni limonada, y la casa no estuvo en orden.
Con la proverbial sabiduría de los orientales, uno de los tantos caudillos provinciales que había ejercido durante muchos años el gobierno de su provincia natal, entendió que su momento había llegado. El mundo estaba cambiando a pasos agigantados, había visto los resultados del pensamiento alfonsinista, y entendió que debía adaptarse a los cambios. Algo así como "si no puedes contra tu enemigo, únete a él". Y el "enemigo" era, según reza una estrofa del himno justicialista, "El Capital": ("Por ese gran argentino / que se supo conquistar / a la gran masa del pueblo / combatiendo al capital")
Los que dominan el mundo, esa entelequia conocida como el "establishment internacional", era (es) absoluta y entrañablemente capitalista. La receta del riojano fue entonces la apertura al mercado mundial, la convertibilidad dólar-peso, la drástica reducción del gasto público con la privatización de empresas estatales, reformas por doquier: sanitarias, educativas, militares. Desde luego, y en la antípoda del alfonsinismo a quien tan mal le había ido, se inauguró la era de las "relaciones carnales" con el representante paradigmático del neoliberalismo. Al fin y al cabo, como bien decía la dama del entorno Adelina de Viola, "-Los argentinos no quieren ser proletarios, sino propietarios".
Así, sin anestesia, se hicieron muchas cosas absolutamente necesarias, y muchas otras que debieron haberse manejado con mayor prudencia, prolijidad y control. Lo demuestra el hecho de que a la larga se destruyó el sistema educativo y la investigación científica (pilares del desarrollo de cualquier nación), el sistema hospitalario, los jubilados quedaron desprotegidos a merced de la enfermedad y la muerte, y las fuerzas armadas desmanteladas a punto tal que hoy en día, ante una hipótesis de conflicto no podríamos defender satisfactoriamente nuestro territorio nacional.
Muchas empresas y bancos extranjeros tuvieron su primavera, pero con una actitud piratesca, dando créditos a intereses exorbitantes en el caso de los bancos, y cobrando varias veces más caro el mismo servicio que prestaban en sus países de origen las empresas de telefonía, los proveedores de Internet, electricidad y combustibles.
Argentina había comenzado a posicionarse en el mundo, a ser tenida en cuenta, a punto tal que, como premio de alumnos aplicados y confiables, hasta pudimos ingresar a USA directamente sin visa. Los excedentes económicos de un mundo desarrollado en franco crecimiento, llegaban a países emergentes como el nuestro de forma dispendiosa. El establishment internacional llegó incluso a llevar en 1999 a Carlos Saúl al Foro Mundial de Economía para explicar "los logros" de Argentina, país que había implementado hasta sus últimas consecuencias las "exitosas pautas y recetas" del Fondo Monetario Internacional...
Argentina es, de alguna manera un evidente caso testigo no de los aciertos sino de los errores de las recetas neoliberales, y es el primer país que exhibe las consecuencias trágicas de ese modelo injusto porque inevitablemente tiene ganadores y perdedores. Y los presuntos ganadores de hace unos años en realidad éramos perdedores natos y predeterminados, porque por ejemplo, ningún país en su sano juicio va a desprenderse del control de sus utilities, esto es, de sus intereses nacionales estratégicos ( luz, gas, petróleo, electricidad, telecomunicaciones)
Anne Krueger, la economista conservadora de la Universidad de Stanford, designada recientemente como subdirectora primera del Fondo Monetario Internacional y surgida del riñón republicano, se preguntaba no hace mucho "si Argentina podía tener el derecho declararse en quiebra", y hacía reflexiones de este tipo: "el gobierno argentino debe dejar flotar libremente el peso" (lo cual equivale a decir: aguántense otra hiperinflación), "Los argentinos deben acostumbrarse a tener un ingreso anual per cápita como el de los demás países latinoamericanos" (que yo traduzco: Ni se les ocurra pensar en ser alguna vez un país desarrollado, de "primer mundo"), y "Los países deben pagar sus deudas y sufrir cuando no lo hacen" (que significa: prepárense para tener más pobres, hambre, dolor, miseria, inseguridad, enfermedades, estallidos sociales y muerte)
Los mismos jerarcas que la tomaban a nuestra nación como modelo, cambiaron su tono laudatorio por otro particularmente duro y de desprecio, sometiendo al país al escarnio universal, librado a su suerte, e incluso alentando con la flotación libre del peso, a la hiperinflación, de modo tal que quienes tienen dólares frescos puedan comprar a precio vil lo que queda del país.
¿En dónde estuvo la gran falla del caudillo riojano? En no haber sido un gobierno virtuoso. La mejor definición de corrupción que conozco es precisamente esa: "La falta de virtud". La falta de virtud en el ejercicio del poder implica impunidad, corrupción, prebendas, amiguismo, descontrol. Con las privatizaciones se eliminó la corrupción estructural instalada en las empresas del Estado, pero no se establecieron mecanismos de depuración de la corrupción en las esferas del poder político, y esa sensación de impunidad sigue aún hoy presente. Por eso la gente, cansada, defraudada, dice no con el cerebro sino con las tripas: "Que se vayan todos". Si Menem que tuvo coraje al implementar las reformas neoliberales, hubiera tenido la misma determinación para ejercer virtuosamente el poder en todos los ámbitos de la política, otro sería ahora nuestro país...
El país que deba administrar el próximo gobierno, desde luego que no es el mismo: Ya no quedan activos para vender, ya no somos dueños de nuestros intereses estratégicos, y si se pretende tener una nación "sustentable" como exige el Fondo y el sentido común, ya no se podrá incrementar el endeudamiento público con estabilidad monetaria como en la anterior gestión menemista.
De De la Rúa y de Duhalde, prefiero no opinar por el momento. Sus gestiones hablan por ellos mismos.
Y aquí estamos ahora... El anticipado llamado a elecciones le va como anillo al dedo al sistema político actual, que intenta reciclarse y perpetuarse en el tiempo impidiendo la imprescindible y profunda reforma de la política que la gente reclama. De este modo, un utópico y eventual presidente, honesto, capacitado y patriota, totalmente desvinculado de la "vieja" política, estaría atado de pies y manos si no se reforma el paquidérmico aparato estatal, no sólo en lo que hace a los cargos electorales, sino a la obsoleta estructura de quienes conforman la "planta permanente" de municipios, gobernaciones y gobierno nacional. Aquí hay que barajar y dar de nuevo si queremos realmente refundar la patria, pero no pensemos que eso ocurrirá en las próximas elecciones y con el próximo gobierno, si no se renueva totalmente el sistema vigente.
¿Y cómo estamos entonces? Todo parece que, una vez autodesvinculado Reutemann de la carrera por el poder, la cosa tiende a polarizarse nuevamente. La centroizquierda (obligadamente alejado Raúl Alfonsín, el tejedor de fracasadas Alianzas y Pactos como el de Olivos), tiene ahora la figura de Lilita, que a pesar de formar parte del sistema, despierta profundos resquemores en el establishment, al igual que Lula en Brasil.
Por el lado de la derecha neoliberal, y a juzgar por los continuos desaciertos de sus sucesores, Carlos Menem parece tener nuevamente el camino expedito para un tercer mandato, alegando que sus logros "fueron tangibles y reales", que "dejó el Banco Central lleno de dinero, el dólar uno a uno con el peso, y un país transformado", pero "con muchas cosas que no pudo concluir, y que ahora sí piensa concretar convocando a la sangre joven, a nuevos dirigentes, que colaboren con él para recuperar el terreno perdido", aduciendo que sus vínculos con Estados Unidos son inmejorables.
Por ahora, en esta tan cambiante realidad argentina, la cosa pareciera ser: o Menem o Lilita y ellos, sabedores de la polarización massmediática, ya han comenzado a tirarse munición gruesa.
¿Otras opciones? Las hay. Pero quizás sucumban en esta bipolaridad que los mismos medios de comunicación propician.
Candidatos peronistas habrá por dentro y por fuera de la estructura partidaria (De la Sota, Kirchner, Rodriguez Saa)
¿Se perfila el candidato no tradicional, que tenga una posición equidistante de obsoletas izquierdas y derechas? ¿Habrá alguna agrupación nueva, distinta, como reclama la gente, que haga de la humildad, la honestidad y la osadía en la toma de decisiones sus banderas? ¿Contaremos con un movimiento que oriente al país a un capitalismo inteligente, al estilo europeo, que tenga en cuenta lo social? Sinceramente hasta no hace mucho tiempo, mi escepticismo era total. Debemos seguir confiando no obstante, en las organizaciones intermedias, las organizaciones no gubernamentales (ONG), las asambleas barriales, y las numerosas convocatorias para presentar propuestas para un futuro gobierno que aparecen en sitios de Internet, y que mencioné en artículos anteriores de EL SUPLEMENTO.
Uno de esos sitios, denominado "Ahora Argentina", devino finalmente en un nuevo movimiento político, denominado Unión por Todos (UPT) Sus posibilidades de triunfo son escasas en este momento, pero en la medida que tomen conocimiento público sus referentes que en su gran mayoría es gente nueva en política pero altamente capacitada en gestión, toma de decisiones y en sus respectivas áreas de conocimiento, no dudo que se irá posicionando como una de las alternativas ideales, de las que la gente pide y desea para diseñar y refundar una nueva Argentina. No sé si los tiempos darán para que se conozca su ideario y propuestas innovadoras y se amplíe la preferencia de voto de la gente, pero no dudo que será un excelente e implacable control de gestión de próximo gobierno y como agrupación política está destinada a ser protagonista de los años que vienen.
Reconozco que comparto en lo esencial su ideario, que se puede leer en http://www.ahoraargentina.org , y aguardo esperanzado sus planes de gobierno. La UPT no tiene ni la prensa ni los espacios que los mismos medios le otorgan a Lilita y a Menem, pero en líneas generales ha sabido leer el estado de ánimo de los argentinos honestos. Este movimiento habla de poner al país de pie, y pretende una reforma política de veras (no listas sábana, minimizar el gasto de las estructuras políticas, reducir el número de congresales, propiciar la presentación de candidatos independientes), austeridad (palabra tan entrañable para San Martín), y habla de ética, de esfuerzo, de una justicia independiente, de poner la economía en su lugar, de sacar las trabas a los que construyen el país, produciendo bienes y servicios que nos aditan valor, de una reforma fiscal justa, de transparencia en los sindicatos, de situar a la educación como columna vertebral, y fundamentalmente destinar los mayores esfuerzos para promover el cambio cultural imprescindible para co-construir una nueva nación. No es una sola persona la que puede llevar a delante estas medidas. Hay gente muy interesante y de reconocida honestidad formando parte de los equipos técnicos (tal el caso de Enrique Duhau, Celina Mc Lean, Alan Clutterbuck, Omar Spinelli, Marcelo Ugo), y su actual cabeza visible es una mujer a quien le veo la entereza, criterio y sentido común necesarios para generar transformaciones significativas en esta primer etapa del proceso de refundación nacional. Recuerdo particularmente las agallas con que se enfrentó nada menos que a uno de los jerarcas sindicales. Me refiero desde luego a Patricia Bullrich.
Algo realmente importante es que al contrario de los partidos políticos tradicionales que en este momento discuten sobre cargos y espacios de poder, la UPT tiene numerosos grupos de trabajo trabajando en el diseño de planes de acción para transformar la crítica realidad nacional. Además, mientras los partidos tradicionales son de estructura piramidal, verticalista, este nuevo movimiento se está construyendo horizontalmente, como sistema de redes y nodos, y precisamente una de estas redes (de ideas y gestión), se está abocando decidida y creativamente al diseño de programas de gobierno, recibiendo los aportes de los argentinos que voluntariamente deciden participar en las numerosas comisiones que se han creado.
Ojalá surjan y confluyan muchos más intentos y propuestas renovadores y participativos como éste. Se necesita gente honesta, para combatir la corrupción. Gente humilde, alejada del boato y frivolidad con que en muchos casos se manejó el poder. Y gente osada, porque se va a precisar mucho coraje y decisión para fundar y hacer entre todos un nuevo país.
No es casual que Honestidad, Humildad y Osadía conforman las iniciales del agua (dos Hidrógenos, un Oxígeno)
Estamos necesitados más que nunca del vital elemento. Para lavarnos nuestras heridas, para poder vivir, para poder crecer.
Sin el líquido elemento no se puede vivir. Sin honestidad, humildad y osadía no podremos refundar la patria. Tan claro como el agua. Ø

 
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