Diez años en la presidencia le bastó al ciudadano riojano para desarrollar una suerte de movimiento político-económico de intercambio entre minorías enriquecidas sin perspectivas éticas, y mayorías “embrutecidas” sin conciencia cívica. Carlos Menem llegó al poder en 1989 con el discurso de la “Revolución Productiva” y logró ser reelegido en 1995, después de hacer una transformación maratónica de la economía y del Estado (vaciándolo de contenidos y controles). En 1999 se fue de la Casa Rosada dejando una de las naciones más improductivas del planeta.
La “alianza” de Carlos Menem con Domingo Cavallo (hombre de la Fundación Mediterránea) fue clave en la reelección del ’95 y sobre todo en la “estabilidad ficticia” sostenida por la convertibilidad durante más de una década.
Hasta el cansancio los hombres de aquel gobierno se empecinaron en hablar de “Transformación”; y no se equivocaron. Como Julio Roca en 1880, la gestión de Menem transformó el país, pero no lo desarrolló. Ni siquiera con las debilidades estructurales que tuvo en su momento el proyecto Roquista. TRANSFORMACION SI, DESARROLLO NO.
Así, durante años, el 1 a 1 del dólar y el peso, permitieron casi un celular para cada integrante de la familia, el 0 km que papá siempre soñó, el viaje a Europa o Miami que la señora tanto ansiaba y una inmensa variedad de productos en las góndolas del hipermercado a disposición del consumidor. Claro que tales beneficios tenían un precio: récord de fábricas cerradas y comercios clausurados, las economías regionales desprotegidas, el sistema sanitario nacional sin medicamentos y en colapso, un programa educativo fracasado, la actividad científica y de investigación en retroceso, etc.
Las generaciones de argentinos que votaron a Carlos Menem, y luego lo sostuvieron en el poder, tendrán mucho que explicarles a sus hijos. El “YO NO LO VOTE” de 1995 explica -en parte- la vergüenza escondida de quienes vendieron su conciencia y el porvenir de varias generaciones de argentinos a cambio de un electrodoméstico primer-mundista en cómodas cuotas.
Hasta aquí pareciera que todos los males nacieron con la presidencia del ciudadano riojano. Pero no es así. El Menemismo es sólo una continuidad, por vía electoral, de la tendencia política y económica desarrollada por la última dictadura cívico-militar.
Si los no peronistas y antiperonistas fueron incapaces de entender la herencia del movimiento justicialista que dejó Juan Perón y ésto fue trágico para todo el país, el Menemismo necesita, hoy, ser estudiado y comprendido para bien de todos los ciudadanos.
Lo más fácil es criticar al Menemismo, lo menos simple es entenderlo y lo más difícil es doblegarlo. Porque representa lo peor que un argentino puede aprender en el ámbito de este sistema de elecciones cuasidemocráticas que experimentan las naciones del Cono Sur. Puede resumirse así: “PAN PARA HOY, VOTO CAUTIVO PARA MAÑANA”.
El menemismo puede mutar. Y no tiene prejuicios porque, como propuesta social y cultural, carece de límites morales.
A diferencia de otros movimientos o partidos, para ser menemista no es necesario cumplir con requisito alguno. En verdad, la sola inexistencia de todo esfuerzo personal por sostener planteos éticos habilita para formar parte del “asunto”.
Un error repetido es creer que el menemismo se reduce a Carlos Menem. Es más, podría decirse que el ciudadano riojano es apenas una excusa circunstancial, como lo fue Augusto Pinochet en Chile. Su liderazgo, cualidad indiscutida, será reemplazado por hombres de características ejecutivas e imágenes distintas. Incluso, puede tratarse de individuos que ante la prensa son críticos de la gestión menemista. El fondo de la cuestión son los valores sociales y culturales que tuvieron preponderancia en la década del 90.
Agazapados, los integrantes declarados y no declarados del movimiento, esperan el momento oportuno para perturbar la conciencia de la ciudadanía. La estupidez, hija de la pereza intelectual, aporta bastante en este aspecto. Les sobra paciencia y saben que no pasarán frío, pues sus ahorros escaparon al “CORRALITO”. (Algunos hasta lograron pasar de periodistas estrella a propietarios de varios Medios). ¿Cómo lo hicieron? De la misma forma que estafaron en la cara al pueblo argentino. Primero con privatizaciones y la expropiación de las jubilaciones (llámese AFJP), después la desprotección de las fuerzas productivas de cada provincia, ciudad o municipio, y por último los ahorros (llámese esperanza de progreso). Sí, en la cara y con todo el respaldo de organismos financieros nacionales e internacionales. Ahora piensan en volver al gobierno; del establishment nunca se fueron, por supuesto.
Toda vez que creamos que nuestro deber se reduce a un voto, los impuestos y un golpe de cacerola, estaremos colaborando con ellos. Por eso hoy, si pretendemos mantener la esperanza, conviene tratar de comprender, sin fanatismo ni reduccionismo alguno, cómo pudo nuestra sociedad asimilar el menemismo como propuesta política, a expensas del porvenir de las nuevas generaciones. Ø