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Se acercaba el final. Para Corea y Turquía se terminaba una fiesta maravillosa, en la que habían superado ampliamente las expectativas con las que habían llegado. Era 3 a 2 para Turquía cuando el árbitro dio por terminado el partido. Uno más del mundial. Casi irrelevante, comparado con el que al día siguiente librarían Brasil y Alemania por el campeonato. Pero lo que siguió me agarró desprevenido y logró conmoverme. Mientras algunos de los jugadores coreanos amasaban sus lágrimas (no por la derrota, sino porque se acababa la fiesta inolvidable) el delantero Hakan Sukur se acercó a uno, lo ayudó a levantarse y fue en busca de otro. Pude ver en sus ojos el germen de una idea. Otros coreanos y turcos también lo vieron, porque esa iniciativa pareció contagiarse por toda la cancha. Enseguida, turcos y coreanos, tomados de la mano, contentos, sonrientes, fueron a saludar al público que con desbordada alegría les regresaba la cortesía. Turcos y coreanos. Juntos, unidos, de la mano, sonriendo, llorando, dando las gracias. Distintas culturas. Distintos idiomas. Distintas costumbres. Distinto todo. Sin embargo fueron capaces de comunicarse y ponerse de acuerdo para crear lo que fue al menos para mí- el momento más emocionante del mundial. Una manifestación de humanidad que fertilizó mi esperanza. Turcos y coreanos. Distintas banderas. Distintas etnias. Igual sentimiento. Igual emoción. Turcos y coreanos. Y me puse a pensar… por qué no israelíes y palestinos, blancos y negros, argentinos y argentinos, serbios y kosovares, Bush y Osama… creo que a esa altura ya estaba delirando… ¿Quién le puso vodka a mi café con leche? Tal vez espero demasiado. Pero como dice un amigo mío, “a fin de cuentas, estamos todos en el mismo barco”. Por un momento, el gesto de un hombre me hizo creer que se puede remar para el mismo lado. Más allá de Bla-blatter, de los malos arbitrajes y de los líneas de las islas Maldivas, un mundial de fútbol es una oportunidad para desplegar lo mejor de nuestra humanidad con sus mejores luces. No esperemos cuatro años para ver la próxima. Ø
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