Hace tiempo que es aceptado que los animales tienen cierta inteligencia, pareciera que unos más que otros, y que es posible que sigan evolucionando, como el resto de los seres vivos, más aún los que están en contacto con los humanos. En las ciudades es posible observar el comportamiento de animales que comparten el “habitat” con nosotros más fácilmente, como los pájaros. Es probable que alguno de ustedes haya visto a un cuervo remontar vuelo con una nuez para dejarla caer sobre el asfalto, y repetir el procedimiento hasta que la nuez se rompe.
En un experimento en la Universidad de Oxford, Betty, una cuervo hembra, se las ingenió para curvar en forma de gancho un trocito de alambre para extraer comida de un tubo. “Nos quedamos sorprendidos”, dijo el argentino Alex Kacelnik, profesor en Oxford y en el Colegio de Ciencias de Berlín. Viene al caso mencionar que es uno de los aproximadamente 7.000 científicos que se han ido de Argentina en los 60's y 70's por persecución política y en los 80's y 90's por cuestiones económicas y morales. Kacelnik y sus colegas trataban de determinar si los cuervos, que usan ramitas para levantar objetos, podían escoger la herramienta adecuada para alcanzar alimentos. Pero no esperaban que las aves las fabricasen. Se ha observado a algunos chimpancés africanos elegir y usar piedras para cascar nueces, y se sabe que los monos usan ramas para hacer salir hormigas y termitas de sus hormigueros.
Richard Banks, ornitólogo de Museo Nacional Smithsoniano de Historia Natural y experto en cuervos de Norte América, coincidió en llamar sorprendente al suceso. “La fabricación y el uso de herramientas siempre se había considerado como uno de los indicios de inteligencia superior. Ahora un ave demuestra tener mayor sofisticación que muchos parientes más cercanos de los humanos”, agregó Kacelnik. “La gente supone que los simios son el pináculo de la inteligencia porque son nuestros parientes cercanos, pero no hay duda de que la capacidad de los cuervos para fabricar herramientas es una muestra de su evolución”.
Los investigadores de Oxford le dieron a dos cuervos, Abel y Betty, un recipiente con comida -al que podían acceder por un tubo- y dos pedacitos de alambre, uno curvado y otro derecho. Betty descubrió que podía “enganchar” la comida y lo hizo varias veces, hasta que Abel (¡cuándo no estos machistas!) se lo arrebató a la hembra por la fuerza bruta... Entonces ella recogió el otro alambre y se dio maña para doblarlo.