A pesar de lo que se comenta, creo que los argentinos no tenemos tanto sentido del humor. Nos tomamos muchas cosas tan a la tremenda que no captamos la gracia de muchos dirigentes llenos de chispa e ingenio.
Recordemos, por ejemplo, a De la Rúa diciendo que la quita de un 13 % a los ingresos de jubilados y estatales era "un ahorro patriótico". O la joya humorística que nos regaló Cavallo al final de su última etapa de ministro, cuando nos explicó los beneficios del corralito y que sólo duraría 90 días.
Su caso es muy especial porque además de ser un hombre graciosísimo, posee notables condiciones como ilusionista e hipnotizador: logró hacernos creer durante diez años que un peso era lo mismo que un dólar. Uno de los gags más excepcionales de los últimos tiempos fue el de Rodríguez Saá anunciando
el default como un héroe, a lo guapo. ¡Logró que los integrantes de la Asamblea Legislativa le siguieran la broma poniéndose de pie para ovacionarlo! Lástima que se fue tan rápido. Hubiera sido un presidente muy divertido. Por algo anda tan bien en las encuestas. La gente quiere reírse.
Ahora formó un lindo trío con Rico y Moyano. ¡Otra que los "Midachi"!... No me quiero olvidar de Alfonsín y su inolvidable "con democracia se come", aunque hoy muchísima gente no se puede reír por el hambre. Duhalde arrancó con el hilarante anuncio de que se devolvería el dinero del corralito en la misma moneda con que fue depositado. Un gran comienzo. Lo de "la herencia recibida" es un chiste muy repetido que usaron gobernantes anteriores, pero luego se despachó con algunos muy buenos, entre ellos, su anuncio de una fiesta por el fin de la recesión para el 9 de julio, su convencimiento de que "Argentina está condenada al éxito" y, sobre todo, la devaluación con pesificación asimétrica sin haber pensado en todos los efectos y consecuencias de la medida. Una brillante muestra del género de humor torpe (caídas, golpes, equivocaciones, accidentes, papelones, etc). Si fue una medida pensada, deberíamos encuadrar esta ocurrencia espectacular dentro del género denominado "humor negro".
Hago punto y aparte para el rey de los graciosos, el maestro de la comedia: Carlitos, el chistoso máximo. Sería interminable la lista de acciones y expresiones que lo han consagrado como un humorista excepcional. Pero citemos lo más reciente. En una entrevista por el tema de las cuentas suizas le preguntaron de qué vivía. El Seinfeld riojano dijo que vive de un estudio jurídico que comparte con otros abogados y de los aportes de su actual esposa, que lo ayuda a solventar los gastos del hogar. ¡Qué cómico!
Y ahora estamos asistiendo a la más delirante de todas sus ocurrencias. Nos quiere hacer creer que está en campaña para el 2003. ¡Este loco nos va a matar de risa! Ø